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Consecuente
con la orientación lacaniana esta actividad renueva,
año tras año, la interrogación y búsqueda de la
novedad,
animando el legado de dar las razones de una práctica en la que
el analista se cuenta.
La
presentación de casos se ha convertido en un motivo
de investigación a partir de atender en las mismas
al rasgo más particular del uno por uno, desde donde
se puede deducir una política del síntoma que señala
la posibilidad analítica a partir del detalle clínico, como ese elemento que
se resiste a ser identificado, ese nudo del síntoma que hay que aislar como resultado de la operación.
Y en un mismo camino, el movimiento inverso:
ir a lo más transmisible y universalizable de un
caso, es decir al todo de la doctrina.
No
se tratará de hacer con esa construcción una afirmación
de la doctrina y sus objetivos, ya que no buscamos la confirmación, en tanto
que lo que el psicoanálisis viene a hacer jugar
es la creación de las condiciones del encuentro
con la novedad,
vía la interrogación de ese sujeto resistente a
toda clasificación a partir de poner en juego su
división por el lenguaje.
Crear
las condiciones implica también
obtener todas las consecuencias factibles
de cada experiencia, apostando al retorno del sujeto
del deseo y de la palabra en un automaton
que se opone a reducir su malestar
a un número agregado a otros en el mercado de
la salud o a una conducta o inadaptación.
La aspiración de articulación entre clínica y política evidenciada en el síntoma,
se traduce institucionalmente en la creación del
Consejo Clínico por parte de Enrique Acuña, en funcionamiento
desde fines del año 2003.-
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