Curso anual - Comentario de clases - 2008

 

¿Cuánto puedo esperar para saber lo que deseo?

Comentario del Curso “El tiempo de saber entre los otros”.

Por Guillermina Martínez


En la primera clase del curso El tiempo de saber entre los otros, Enrique Acuña va desarrollar de manera demostrativa una hipótesis del tiempo lógico que enseña el psicoanálisis a partir de la clínica de la angustia y de lo que se da en llamar “urgencias subjetivas”. Ubicará entonces las relaciones de dos términos que se superponen y se diferencian: el espacio de la causa y el tiempo de la prisa.

Este recubrimiento conceptual entre tiempo y espacio viene a responder a una exigencia clínica cuando se presenta como algo que no puede esperar, un saber sobre la causa.

Comienza por distinguir en el seminario 11 de Jacques Lacan la función de la causa en psicoanálisis como una manera de considerar la falta en la dimensión del espacio como lugar vacío que barra al sujeto del lenguaje ($). Luego, de ahí se desprende como consecuencia una clínica que considera el tiempo en su eficacia por aquello que en lógica se llama la función de la prisa. Ambas se conectan en el uso del tiempo en la sesión analítica cuando se ponen en acto los conceptos de transferencia y repetición.


De este modo se nos presenta la hipótesis: Hay una dimensión del tiempo como solución para tratar la desconexión causal que se manifiesta en las distintas presentaciones clínicas de la angustia.

Espacio…Causa # angustia : $ (…) a

---------- --------
Tiempo…Prisa # certidumbre: S1-S2


Para llegar a esta última formalización habría que establecer un recorrido por la fenomenología como referencia lacaniana en cuanto a la concepción del tiempo en la realidad del mundo perceptible como dato de la conciencia para puntuar en qué se diferencia de la misma al abordar la construcción del tiempo de la prisa como saber del sujeto.


En primer lugar nos referimos a Minkowski quien considera el tiempo vivido como diferente al tiempo mecánico planteando una primera oposición entre duración y simultaneidad. El sujeto de la fenomenología es un aparato que tiene un polo de la percepción basado en la conciencia y otro polo de la realidad como posible de ser percibido. Entre ellos se produce un tiempo de espera para captar la realidad de la cosa que se va a llamar lo vivido. Así por definición el tiempo vivido va a ser la duración de la espera de la captación de la cosa y su representación.

No hay entonces una inmediatez del conocimiento de lo percibido. Hay una sucesión diacrónica que se ordena en el tiempo mecánico y una simultaneidad que permite una cuantificación. Lo que uno demore en percibir el dato, implica que la duración no va a ser igual para cada una de las cosas que se perciben. Por lo tanto esa duración, evidencia la demora que el sujeto de la conciencia tiene en poder conocer la realidad. La duración implica el espesor como carácter de esa espera, que va a dar un decalage, una diferencia entre la realización de esa representación y lo que efectivamente se percibe.
Esta vivencia de la duración es traducida por Freud como interés libidinal en la formación de la realidad.

Bergson, supone que esa experiencia del tiempo vivido implica que en este polo del moi hay un yo que desea conocer este dato. Introduce el deseo pero no como deseo inconsciente, sino como voluntad de conocer. Hay un sujeto activo, como una conciencia que estaría más o menos dispuesta a captar lo que ocurre. Entonces del lado del tiempo como duración, como espera, se va a introducir una voluntad o un deseo, mientras que en el tiempo mecánico de la cuantificación que usa el cognitivismo en lo que importa es el mundo como contexto.

Cc.:moi….(espera)…dato perceptible

A la fenomenología no se le escapa que la duración del Kairos predomina sobre la simultaneidad del Cronos y la voluntad en la espera, por sobre el relato conciente cronológico y del tiempo mecánico de la aparición de esos datos. Desde la Física de Aristóteles es el Kairos a partir de considerarlo el espesor de la espera, el tiempo particular que cada uno desea para captar ese dato mientras que el Cronos, es la sucesión temporaria crónica y medible. Ambas formas limitan el vector que tiende al infinito cuando se articulan en la retroacción, que pone en juego el futuro como anterior: “habrá sido siendo” o las contingencias del pasado se ordenan en un presente necesario.

 


Kairos
Duración
Vivido
$
------>(...)<-----#--------------------------------->

 

Cronos
Sucesivo
Mecánico
“Habrá”
-------> (+)

 

(-)<------- Retroacción. “habrá sido siendo”

 

Futuro anterior

 

Plantea así cómo se introduce el saber diferenciándolo del conocimiento. Lo que se percibe siempre va a depender para Freud de una interacción, entre lo que percibo y lo que llama Die Sache, la fantasía. Die Sache es la condición de una representación del deseo inconsciente dado por la fantasía, que permite que perciba el Das Ding, la cosa, de acuerdo a una coloración, que para los fenomenólogos será voluntad. También está el objeto real que Freud llama objekt, el objeto imaginario que se me presenta.

Retoma a Lacan cuando dice que “la transferencia es la inmixión del tiempo de saber”, siendo el saber en psicoanálisis una conjunción del tiempo de espera con la producción de una certeza acerca de la posición de deseo del sujeto.
El psicoanálisis respeta el inconsciente que por definición “no conoce el tiempo”, pero sabe algo de el. Arma la secuencia de pasado, presente y futuro, articulando cada uno de los lazos que se perciben, cada una de las partes que conforman el dicho en dos formas: una retroacción o la posibilidad de un equívoco. Esto quiere decir que cuando hacemos la experiencia del lenguaje el tiempo del habla oscila entre: todo lo que digo puede querer decir algo –sentido infinito-, o esto que dije ya quiere decir algo obteniendo un efecto de significación –retroacción-.


Freud parte de una hipótesis que dirá es “necesaria y legítima”: existe lo inconsciente pero no como un a-priori, sino como algo a verificar. Esta hipótesis del inconsciente implica que por la transferencia surja algo que Lacan llama sujeto supuesto saber. Este SsS, en el encuentro con un analista desencadena la intención de significación, que es la modulación del “habrá significación”, un futuro imperfecto de la conjugación del verbo.

Esa intencionalidad que no es conciente, dada como una hipótesis del sujeto del inconsciente introduce la posibilidad de la interpretación, quiere decir que este mismo inconsciente se interpreta. Esto se puede hacer por la retroacción, por la puntuación que hace el analista en la interpretación. Puntúa y hay un sentido, a una incertidumbre se le da un sentido, o puede considerar que aún no hay entonces gira hacia el lado del sin – sentido, donde surge un “todavía falta”. Entre puntuación y corte se organiza la dinámica de una pulsación temporal del inconsciente como agujero que es correlativo a la practica lacaniana de la sesión breve.

El analista hace el tiempo lógico de la espera de cada uno, en términos de un "habrá y hay".

No solamente habrá, porque entonces el análisis se hace interminable. Hay esto, qué habrá después, no sabemos.

Contra la reminiscencia del pasado pone en acto que el deseo es futuro y se organiza en un hay causa anterior pero no determinada en absoluto sino repetible como una contingencia que obliga a inventar otra causa bajo transferencia.

Se retoman lo tres tiempos lógicos planteados por Lacan, instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir, pudiéndose pensar al primero en el orden de lo imaginario, al segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Este esquema le sirve a Lacan en los años 40 para demostrar frente a la idea de tiempo de la fenomenología que en el psicoanálisis hay una salida del tiempo que es para cada uno (singularidad) y la conclusión es solución al problema.

Aquí se trata de una lógica colectiva donde el sujeto atravieza planos de conocimientos desde la incertidumbre, mientras que en el 64 el sujeto es de la certeza: certeza de que hay inconsciente en tanto corte, vacío, singularidad despues de las contingencias.

Se cometa el párrafo de Lacan en ese seminario 11 –pagina 47- donde introduce la función de la repetición a partir de dos términos: azar (Willkur) y arbitrariedad (Zufall)

Azar en los dichos implican la cadena significante (S1-S2) que el soñante recuerda como trascripciones y por otro lado la arbitrariedad en las conexiones asociativas que llevan al límite de la rememoración y pone en causa el objeto causa (a).
El intervalo significante esta ligado a lo que se repite pero no se recuerda. Asi surge una nueva concepción lacaniana de la repetición entendida como fracaso del encuentro con una representación y emergencia del objeto:

Esto nos indica que la función del tiempo es de orden lógico y esta ligada a una instauración significante de lo real”-pag.48, Seminario XI-


En la segunda clase, Enrique Acuña retoma la diferencia Cronos y Kairos a partir de oponer reminiscencia a repetición. Comenta tres textos de Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Proust como tres maneras que tiene la literatura de mostrar el fracaso del encuentro con la memoria y el recuerdo en relación con el tiempo adecuado al sujeto como estructuralmente amnésico al tiempo de la repetición.
El tiempo de comprender en fenomenología es la demora en comprender cualidades del objeto que dependerá de la voluntad de conocer que tenga ese sujeto. Tiene mucho que ver con el tiempo del saber.
Laurent dirá en un artículo (“El tiempo hace síntoma”) que en la clínica analítica es constatable que se dice “falta tiempo”. Falta de tiempo correlativa a una espera para poder captar la certeza del objeto en cuestión. Comprender mal el dato, es decir, la realidad factible no se corresponde con lo que quiero percibir. Hay una negativización del sujeto de la conciencia en cuanto falla. A la fenomenología no le interesa esa negatividad más que para saber que hay algo negativo en la conciencia en tanto percibe mal. El psicoanálisis dirá eso es positivo introduciendo al sujeto del inconsciente como potencialidad que tiene el inconsciente en tanto hipótesis ligado al SsS.

Si esa intencionalidad se acopla con un saber surge la transferencia. Interesante es que los fenomenólogos advirtieran que hay un tiempo no mecánico que es lo que efectivamente dura la experiencia, donde la duración es correlativa a que la vivencia está ligada a una satisfacción, que deja huella pudiéndose conectar a una memoria. No como suma de instantes sino como memoria agujereada por el tiempo mismo. En la experiencia de la rememoración se observa que cada uno recuerda lo que está determinado a recordar, jugando el error de la memoria. Freud comienza con la amnesia y las lagunas del recuerdo, pero cuanto más se recuerda más se mete en un túnel particular de cada uno.

La histérica sufre de reminiscencia” quiere decir que vive nostálgica de un pasado que no recuerda del todo y cuando lo recuerda lo vive como traumático. Encubre y vela otra cosa. Entonces ¿qué cifrado debe haber?

Cita a Miller cuando discute con las ciencias de la mente actual, que sostienen que todos los procedimientos incluso los de salud mental son medibles y evaluables. Aquí la cifra es un dato que pasa a ser certeza de la realidad del mundo perceptible. La cifra del inconsciente es una paradoja del inconsciente donde todo dato se vuelve enigma. Todo dato puede ser un síntoma, pero no todo dato es un síntoma, sino alguno que el sujeto decide que es un dato a descifrar. Tiene que haber algo de la satisfacción desarreglado, que no sea la misma de ese hecho, es decir un desarreglo del goce de cada uno. Esto se verifica en la línea de relato cuando surge que el tiempo no es el adecuado, no hay el encuentro a tiempo, siempre es demasiado tarde o demasiado temprano, dándose la decepción de la espera.

Contra el tiempo mecánico de la sesión fija del setting de la I.P.A. y el tiempo vivido de los afectivos, Lacan utiliza la brevedad de la sesión corta como constricción del tiempo en la sesión analítica para obligar a un decir olvidado. La elaboración se hace afuera y deja un suspenso. No hacia el pasado como recuerdo regresivo sino decir el deseo como futuro anterior.

Acuña plantea que esto sería lo contrario a lo que se propone ante una urgencia cuando se dice que el sujeto necesita un lapso de tiempo para que durante horas esté contenido, etc. El lapso en psicoanálisis obliga a la constricción del tiempo para ir a contrapelo de la prisa que tiene alguien para hacer algo, oponerse con la prisa de saber de la causa. Hay que apelar a la prisa para saber.

Sesión corta quiere decir vamos a saber rápido de esto porque no hay tiempo para que se demore en no saber. Así la función de la prisa es una paradoja de la llamada urgencia que no puede esperar.

El saber es pragmático, es algo que alguien sabe hacer o no con eso. El psicoanalista hace una evocación a la infancia en el sentido de qué es lo reprimido y olvidado a lo cual se retorna para poder situar de una nueva forma aquello que se recuerda. Esto es lo que Freud llamó resignificación diferenciándolo de la rememoración. Lo que se recuerda no es lo mismo, sino que se recuerda de una manera siempre nueva. Se apela a la contingencia del pasado para hacer una invención. Lacan plantea la paradoja del futuro anterior para decir que las contingencias del pasado al ser resignificadas se vuelven necesariamente real en el sentido lógico.

No es una reminiscencia como si fuese una novela cuyo guión está determinado, hay sobredeterminación pero también elementos nuevos o fallados como la amnesia. Cuando se resignifica hay elementos que se vuelven necesarios hoy. Al evocar el pasado el analizante se encuentra con lo reprimido, pero en el pasado está el futuro de lo que necesariamente después va a saber que debía ocurrir, que es en realidad lo que quiere que ocurra. La espera es correlativa a la aparición de una contingencia del pasado que se vuelve necesaria en el presente.

Ahora, qué uso se hizo de la cuestión del tiempo en la literatura?

Borges toma la metáfora de Heráclito donde cada retorno en la repetición hace que haya una diferencia. Tiene la idea de que el tiempo está escandido, tiene una idea neurótica del tiempo.

Mientras que para Macedonio Fernandez el tiempo es eterno, es algo que dura como un absoluto. Por otro lado Proust utiliza la memoria involuntaria, como procedimiento del recuerdo que consiste en dejarse llevar por las huellas de la satisfacción y la rememoración como infinito.

Es la rememoración como nostalgia de una satisfacción perdida que va a ser recuperada en el relato. Para él la condición de la satisfacción es haber perdido el objeto. Hay identidad entre pasado y presente ya que la contingencia del pasado no se inventa de nuevo.

Así Borges tiene una idea del tiempo escandido del yo , Macedonio una idea de la eternidad recuperando el objeto perdido y Proust del tiempo como algo posible de recobrar en la memoria involuntaria.-

(*)Texto corregido y esquemas hechos por Enrique Acuña