Imprimir

Efectos terapéuticos y terapias milagrosas

<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->

Para considerar la relación entre el psicoanálisis y las psicoterapias en sentido amplio, es posible partir de la base que ambas experiencias comparten relaciones diversas con el uso de la palabra.
Si señalo que hay usos diversos de la palabra, estos usos son subsidiarios del modo en que son consideradas las propiedades de la palabra en tales disciplinas, sea esto conceptualizado o no, dentro del campo en que las mismas se desarrollan.
En otras palabras una psicoterapia x puede realizar un uso instrumental, comunicativo, unívoco de la palabra, sin que por ello realice una teoría del lenguaje; este no es el caso del psicoanálisis. El cual, es posible decir inclusive que ha ido modificándose, en su cuerpo de doctrina y en por ende en su praxis, según el modo en que ha puesto énfasis en unas u otras propiedades de la palabra en el discurso.

A modo esquemático es posible dividir dos terrenos: el que aprovechando el poder sugestivo de la palabra –en determinada conjugación de términos y lugares- ahonda el uso de la palabra en su costado comunicacional, de historización y de reminiscencia; por otro lado la resonancia de la palabra y de lo que en la repetición de aquello que no es del todo lo mismo, puede o no ser captado.
Es así que como una primera aproximación, hemos de notar que en tanto la palabra de alguien es tomada, como comunicación de una información –errada o no -, no se abre la sensibilidad a un matiz diverso y en ciertos casos sorpresivo, que podrían portar esas mismas palabras.

De tal modo un “prestador de salud”, recoge, corrige, dirige, acumula, en las llamadas entrevistas dirigidas o protocolizadas una fracción de la palabra; esto tiene sus efectos por la puesta en marcha de eso mismo, y tales efectos han de ser considerados en el terreno de la sugestión.
Para que tales efectos se produzcan ha de haber, un determinado campo de creencias “compartido” por el prestador y el perjudicado, por el entrenador y el entrenado, por el corrector y el corregido, por el maestro y el alumno, por el médico y el paciente, etc.
Es por eso que los efectos sugestivos de la palabra, en donde se basa una de las líneas de fuerza de tal cuestión, no solo demuestran su existencia en el ámbito de la psicoterapia, son posible de hallar -sin forzar en nada los términos- en las técnicas de sensopercepción y las llamadas terapias corporales, en las guias de autoayuda, en la preparación física y gimnástica, e inclusive en los amplios efectos placebo de la administración de psicofármacos, etc.

Si el campo de las creencias está implicado en la cuestión de las psicoterapias, uno de los sesgos a considerar es que “lo milagroso”, supone que siendo un efecto “signo de algo”, más este esta desconectado de la causa. Figuras de esto: el desentenderse conceptualmente de ella, sospecharla amplia, múltiple, o inalcanzable; según las preferencias e intereses...
También ese terreno de creencias compartidos, señalan tanto la presidenta actual de la OPS, y un experimentado gestor y funcionario de sistemas de administración de salud, están incididos en que hay la equivoca creencia actual que: la ciencia puede curar todo, pese a que los contraejemplos abundan. De ahí llegan inclusive a demostrar por sus métodos estadísticos de análisis poblacional, que las buenas intenciones de Alma Ata se encuentran con efectos paradojales de menos salud para todos, pese a los intentos de regulación diversos, y en distintos países de la inversión-gasto en tal sector –tanto privado como público-, llegando al extremo de afirmar: “a más mercado, menos salud”.

De ahí los severos impasses que se producen, al intentar hacer equivaler en lo psi, los datos de una supuesta medida de los efectos terapéuticos y la ganancia económica, “time is money”; implicada en cuestiones tales como el empuje a la medición estadística de mayores cantidades de efectos, en menos tiempo.
A estos intereses en juego vienen a empalmar, los métodos protocolizados de las terapias cognitivo conductuales –las cuales no son el costado clínico de las ciencias cognitivas – sino una versión remozada del conductismo, también en su versión interna crítica una serie de técnicas interpreto-narrativas, llamadas constructivistas o postracionalistas; así también diversos modos de evaluar estadísticamente, en algunos hospitales públicos y clínicas privadas los resultados de sus intervenciones. El común de estos casos es: la activa desconexión entre efectos terapéuticos y causa, donde la noción de multicausalidad viene a rellenar tal punto oscurantista.

Un psicoanálisis, que cuenta con efectos terapéuticos, al introducir –como un más allá de estos - la dimensión de resonancia y repetición de lo que no es lo mismo, viene a ser una experiencia en la que cíclicamente, el síntoma viene a mostrar por un lado su costado interpretativo –a reducir-, y otro costado resitente a la interpretación, el que llamamos del objeto –en sentido amplio de la satisfacción-.

Justamente el psicoanálisis es una experiencia que va contra una historización infinita –tantas veces tomada en pasos de comedia-, sino una oportunidad de la producción de un elemento nuevo, tanto en términos de saber como de límite del mismo, que no estaba dado de antes, por ende al que no se puede volver por la vía de un ideal social de normalidad, felicidad o adaptación. Sino la posibilidad de que por una vía singular sean posibles, ciertos efectos de creación.