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Diálogo Lacan-Milner

-Sobre el síntoma y la cultura-

 

Las dos clases del Curso Breve El síntoma en la cultura – inconsciente segregación que voy a comentar corresponden al primer y tercer diálogo planteado en el cronograma: el diálogo Lacan-Foucault y el diálogo Lacan-Milner. La propuesta –como decíamos en el protocolo del Curso- consistía en comentar algunas intervenciones sobre lo social desde el campo de la filosofía política donde al decir de Enrique Acuña “cada una supone una concepción de ‘civilización’ y testimonian el hecho que ‘no hay’ vínculo social estable, pero que en su lugar hay síntoma.”

En el caso de Michel Foucault, partimos del comentario de J.-A. Miller en su texto Michel Foucault y el psicoanálisis [2] , en el sentido de entender qué relación mantuvo el filósofo con el psicoanálisis, y sobre todo, con la enseñanza de J. Lacan. Allí encontramos la ambigüedad de su posición, que lo llevó en el año 1966, en Las palabras y las cosas, a ubicar al psicoanálisis en un lugar éxtimo en relación a las ciencias humanas, mientras que diez años después, en 1976, en La voluntad de saber, el intento fue más bien confundir al psicoanálisis con el dispositivo de la sexualidad. “En Las palabras y las cosas, Foucault procede por extracción; en La voluntad del saber, por el contrario, Foucault procede por inclusión”.

 

Es decir, cuando Foucault emprende la arqueología de las ciencias humanas demuestra que el hombre como objeto de estudio aparece recién con la episteme moderna, esto es a fines del siglo XVIII, cuando las ciencias empíricas (biología, economía y filología) y la analítica de la finitud hacen posible la aparición del hombre como objeto de saber y como sujeto de conocimiento. “El hombre entendido como analítica de la finitud, experimenta la finitud de las empiricidades (vida, trabajo y lengua) a partir de la finitud del cuerpo, del deseo y del habla.”

 

Sin embargo, las ciencias humanas (psicología, sociología y análisis de los mitos y las culturas) sólo acceden al hombre bajo los modelos de las ciencias empíricas: el biológico (con las categorías de función y norma), el económico (con las categorías de conflicto y regla) y el lingüístico (con las categorías de significación y sistema). Y en la representación del hombre bajo estos parámetros aparece la dimensión paradójica de lo inconsciente: normas, reglas o sistemas funcionan por fuera de la conciencia.

Por ello, las contraciencias como “el psicoanálisis, la etnología y la lingüítica ocupan el lugar privilegiado de nuestro saber.” El psicoanálisis, con sus postulados sobre la muerte, el deseo y la ley – la dimensión de lo inconsciente para Foucault- “designa las condiciones de posibilidad de todo saber sobre el hombre”. El psicoanálisis junto a la lingüística destronan al hombre como Ser, realizando de esta manera su disolución en “el ser del lenguaje”.

Cuando el método arqueológico recae diez años más tarde sobre la sexualidad (los tres tomos sobre La historia de la sexualidad) es a partir del psicoanálisis que Foucault inventa un conjunto más amplio al que llama “dispositivo de la sexualidad”. La sexualidad como dispositivo histórico emerge también como el dispositivo del hombre a mediados del siglo XVIII, con el surgimiento de la burguesía, si bien ya existía como antecedente el discurso cristiano de la carne. Lejos del apoyo a una hipótesis represiva sobre el sexo, Foucault propone el desarrollo del “régimen de poder-saber-placer que sostiene en nosotros al discurso sobre la sexualidad humana”. La puesta en discurso sobre el sexo, el “hablar del sexo”, no sólo promueve un saber sobre el mismo sino que posibilita un modo de poder (el poder ligado al sexo) que implica concebir a la sexualidad como un problema político.

Foucault distingue entonces cuatro grandes dispositivos sobre el sexo: la histerización del cuerpo de la mujer, la pedagogía del sexo del niño, la socialización de las conductas procreadoras y la psiquiatrización de los placeres perversos. Estos dispositivos se ponen en marcha a partir del cruce con dos dispositivos más: el dispositivo de alianza y el dispositivo de la sexualidad, el primero ligado a la reproducción, el segundo ligado al control del cuerpo individual y social. La familia es el espacio donde ambos se superponen. Lo que nos interesa señalar es que a partir del dispositivo de la sexualidad, Foucault introduce una categoría fundamental en el cuerpo de su doctrina: la noción de biopolítica. “Es a partir de la entrada de la vida en la historia” –también en el siglo XVIII- que la vida se transforma en el objeto de la política. Pero, llamativamente, el psicoanálisis ya no cuenta para Foucault con el valor subversivo de ser una contraciencia, sino que funciona ahora como disciplina de la biopolítica, es decir, queda reducido a una técnica disciplinaria más (junto a otras) de una sociedad normalizada. “Insertado en este objeto nuevo –el dispositivo de la sexualidad- el psicoanálisis pierde la singularidad histórica que los psicoanalistas se precian en reconocerle.”[8] De este modo, Foucault abandona el sujeto del inconsciente promovido por Lacan (aunque nunca lo citara) que le sirviera para demostrar el fin de la invención del hombre, en pos de un sujeto pasible de conocerse a sí mismo en un cuerpo del placer sin castración mediante, para sostener a ultranza una salida victoriosa del dispositivo de la sexualidad.

El caso de Jean Claude Milner en su diálogo con Lacan es bien distinto. En su doble condición de filósofo y lingüista, Milner recurre a la doctrina lacaniana como referencia ineludible. Su libro sobre la cuestión judía, Las inclinaciones criminales de democrática (2003), es un claro ejemplo de esto pero además es la oportunidad de encontrar un acercamiento inquietante a lo que esconde la democracia pacifista de la sociedad ilimitada contemporánea. La segregación del nombre judío y toda la deriva semántica que conlleva, puede ser pensada como el síntoma social de la unificación europea.

Partimos entonces del texto de Enrique Acuña titulado Inconsciente y segregación: “El libro de J.C. Milner presenta esa situación –la estructura paradojal de la sociedad-segregación- evitando el par problema/solución (lo judío como cuestión social en ilustrada versus el nazismo como solución política definitiva) en función de proponer el par pregunta/respuesta (sujeto del saber inconsciente versus objeto que se rechaza como goce) acercándose a una enseñanza de Lacan que abre las respuestas”[9] . Retomando una arqueología posible del par problema/solución, Milner propone pensar a la sociedad moderna occidental a partir del siguiente sintagma: “la sociedad es el lugar de los problemas y la política, el lugar de las soluciones.”[10]  La sociedad moderna, la sociedad nacida en Europa a fines del siglo XVIII, es la sociedad que se toma a sí misma como ideal. La sociedad en el centro del dispositivo hace que las formas de las formas de gobierno (republicana, monarquía parlamentaria, imperio, etc.) estén a su servicio bajo un denominador común: la democracia.

Y es aquí donde Milner recurre al organon lacaniano de la lógica de la sexuación, para definir a la sociedad actual como una sociedad ilimitada, que ha dejado de lado el régimen del todo edípico para suscribirse al régimen del no-todo correspondiente al lado femenino. Por eso, hablará de “las trampas del todo”, en el sentido de concebir a la sociedad como un todo, como una unidad conformada a partir de la ley.

En consonancia con G. Agamben y su diagnóstico de vivir en “estado de excepción permanente”, Milner propone pensar a la sociedad como una serie ilimitada y al nombre judío “como el punto de colisión entre el todo y el no-todo, como el soporte de una excepción, de un límite, de un no a la función de sociedad”[11] . El poder ilimitado, el territorio sin fronteras, la organización rizomática del poder y la paz sin fin, hacen al modelo político de la sociedad contemporánea. Y el Estado de Israel como resabio de la solución definitiva en manos del nazismo (el exterminio de los judíos de Europa) aparece entonces como el obstáculo a unificada. Si Lacan predijo en los 70 que el racismo sería la consecuencia de la expansión de los mercados comunes y se constituiría en la religión del futuro, queda claro que Milner lleva esta tesis a su máxima expresión con la deriva y persistencia del nombre judío que viene “a soportar lo imposible de la demanda sexual”.

El antisemitismo es el verdadero nombre de lo rechazado, del goce excluido en la sociedad ilimitada, donde “la eficacia de su rechazo reside en un cuadrípodo de términos: la diferencia sexual hombre/mujer y la transmisión de la ley del padre/ hijo”[12] . Lo segregado como goce retorna entonces como síntoma en el racismo de las diferencias, más allá del ideal democrático de una paz multicultural.

[1]  Acuña, E. (2008) Inconsciente y segregación –Sobre las inclinaciones criminales de democrática, Microscopía nº74.

[2]  Miller, J.-A. (1998) Michel Foucault y el psicoanálisis, Revista Dispar nº1.

[3] Ibid.

[4]  Foucault, M. (1966) Las palabras y las cosas, Cap. X “Las ciencias humanas”, Ed. Siglo XXI.

[5]  Idib.

[6]  El dispositivo es un conjunto más amplio que el de episteme pues abarca discursos, instituciones, leyes, etc., donde se conjugan las categorías de saber y poder. Extraído del Diccionario de M. Foucault de E. Castro.

[7] Foucault, M. (1976) Historia de la sexualidad, La voluntad de saber, Siglo XXI Editores.

[8] Miller, Ibid.

[9]  Acuña, Idib.

[10]  Milner, J. C. (2007) Las inclinaciones criminales de democrática, Ed. Manantial.

[11]  Idib.

[12]  Acuña, Ibid.