Resumen de las clases de los cursos breves dictados durante el año 2008.

 

Imprimir

Crisis del sujeto y tiempo de atención

<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->

En el título de esta clase ubicamos dos temas que intentaremos articular. En primer lugar es necesario decir a qué nos referimos al hablar de crisis del sujeto. Entendemos por crisis del sujeto un encuentro con algo del orden de lo real que produce una ruptura de la cadena significante, una discontinuidad; un acontecimiento a partir del cual el sujeto queda sin respuesta imaginaria o simbólica. En esta coyuntura es necesario un tiempo subjetivo, una temporalidad lógica, para introducir la dimensión de la causalidad, para que el sujeto pueda nombrar lo que está sucediendo y construir una respuesta frente a lo real.


Dicho encuentro con lo real lo podemos situar en Freud, en el texto Inhibición, síntoma y angustia, como un encuentro con lo pulsional, con ese peligro interno que provoca la emergencia de la angustia. Nos interesa entonces ver qué respuestas del sujeto se pueden situar frente a la angustia, y qué tratamiento de la misma introduce el psicoanálisis. En el texto anteriormente citado Freud va a plantear dos respuestas posibles: inhibición y síntoma. A estas le podemos sumar las que plantea Guy Trobas, siguiendo a Lacan, en su texto Tres respuestas del sujeto frente a la angustia: inhibición, pasaje al acto y acting out. En este texto va a desarrollar la inhibición y el pasaje al acto como modos de respuesta electivos en nuestra época, y el acting out como respuesta en la cura analítica. También se va a referir al síntoma señalando que Freud ubica la angustia de castración como el mayor motor de la represión. Frente al peligro interno –mociones pulsionales- la libido se desplaza a través de significantes que permitirían el retorno de lo reprimido en el síntoma con la consiguiente satisfacción sustitutiva. La función del síntoma estaría dada a partir de un tratamiento simbólico de lo real, o con Lacan podemos decir hacer pasar el goce a lo inconsciente.


Con respecto a la inhibición y el pasaje al acto va a decir, retomando El Seminario 10 La angustia, que la primera es una respuesta imaginaria, y el segundo una respuesta real. Así mismo en las dos está implicado el registro del movimiento. “Allí donde la angustia bloquea el pensamiento y aprieta fuerte hasta la parálisis, el pasaje al acto responde con el movimiento, con la descarga motriz”. Veremos que esta alusión al movimiento también tiene que ver con la acción (tal como es planteada por Lacan en El tiempo lógico…). G.Trobas plantea en principio el acto en general “como el impacto en lo real de una decisión subjetiva que es una acción de transformación de la realidad del sujeto mediante la acción corporal”; este tipo de acción vinculada a una decisión resulta de un proceso subjetivo que Lacan circunscribió en tres tiempos lógicos.


Me detendré brevemente en los tres tiempos lógicos planteados por Lacan en su escrito de 1945 El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma. Para realizar la lectura de este texto tomé también una clase dictada por Enrique Acuña el 7 de abril de 2004 en el curso titulado “El tiempo en psicoanálisis”. En dicha clase, en la que también abordó el seminario Los usos del lapso de J-A Miller, luego de plantear el sofisma de los tres prisioneros se refirió a los tres tiempos lógicos: instante de ver, en el que el sujeto, debido a los datos de estructura que le son proporcionados (hay 5 discos, 3 son blancos y 2 son negros; tres combinaciones posibles) descarta una de las combinatorias (2 negros y un blanco), y se introduce la interrogación acerca de cuál es la marca que él lleva: ¿qué soy?. En esa vacilación se introduce un significante, marcado o positivizado por lo que no se ve.. A partir de esa vacilación o escansión se introduce el tiempo para comprender, en el que para llegar al momento de concluir el sujeto debe pasar por el Otro.

<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->

Esto quiere decir que el sujeto, para llegar a dar una respuesta a esa pregunta, deberá tener en cuenta a los otros dos. En este tiempo, si el sujeto es A y los otros dos son B y C, A piensa: si fuese negro tanto B como C, viéndome negro pensarían que si uno de ellos fuera negro el otro ya hubiera salido sin vacilación. Y viendo, tanto B, como C, que ninguno de los dos ha salido, se darían cuenta que son blancos y saldrían simultáneamente. Entonces A sigue: dado que no han salido, entonces yo soy blanco. Entonces, lo importante son esas escansiones marcadas por la espera; en el instante de ver se excluye el que uno de ellos salga sin vacilación; en el tiempo para comprender se llega a que tampoco hay dos que salgan simultáneamente. Entonces momento de concluir: los tres salen simultáneamente.

 

El problema es que, como dice Miller, esos tiempos no están escandidos por un reloj, por un tiempo cronológico en el que suena una campana y se debe decidir. Allí se trata del tiempo de cada uno. No hay la seguridad total acerca del color de su disco. Y allí es donde Lacan introduce la función de la prisa. El momento de concluir implica una decisión por parte del sujeto. El tiempo para comprender tiene un límite, hay un límite de lo simbólico –S (/A)- dado por la x del deseo del Otro. El momento de concluir implica una prisa en la que al saber obtenido en el tiempo para comprender, por ser este incompleto, se debe sumar el deseo del sujeto de salir, de dar el paso, y a partir de allí emitir el juicio sobre su marca. Esta salida Lacan la ubica en el registro de la acción.

Decíamos que la inhibición y el pasaje al acto pueden pensarse, en la medida en que están en el registro de la acción, en relación a los tres tiempos lógicos. En la inhibición dice G. Trobas, el sujeto no puede dar el paso del momento de concluir, queda en el tiempo para comprender; en el pasaje al acto el sujeto no pasa por el tiempo para comprender, hay un rechazo del saber, pasa directamente del instante de ver, en el que como veíamos se introduce la vacilación del sujeto, a la acción. Es el tratamiento menos elaborado de la angustia, no hay recursos simbólicos o imaginarios, hay una aceleración de la dimensión de la urgencia.


Me interesa subrayar entonces la dimensión de la prisa, en la medida en que allí se pone en juego el deseo del sujeto. Esto es algo que también se puede plantear a partir de la intencionalidad. En su artículo “Funciones: de la causa al sinthome” E.Acuña plantea justamente que en la acción no se trata de la voluntad del yo, que hay una maquinaria inconsciente que determina la acción. La cuestión es que se puede saber acerca de esa maquinaria inconsciente a posteriori de realizada la acción, del momento de concluir. En el mencionado artículo da el ejemplo de la acción de prender el fuego. Allí es necesario por un lado el gesto de prender el fuego, pero también la evidencia de la llama. “Si no hay llama, se prueba a-posteriori que mi intención no ha sido verdadera. La llama sería el signo de una intencionalidad que está en mi gesto y la verificación de mi deseo en un juicio de las consecuencias de una acción.” Si no hay llama, podemos saber algo de ese deseo, tanto de la maquinaria inconsciente que lo determina –causalidad- como de lo indeterminado de ese deseo, que tiene que ver con lo que lo condiciona, el goce pulsional –causa-, aquello que provoca angustia.

Señalo entonces que este saber puede obtenerse a posteriori del momento de concluir porque esto implica una concepción del tiempo en la cura analítica, y un modo de tratamiento de la angustia en el que es necesario el instante de ver, en el que se localiza un vacío, una pregunta; un tiempo para comprender en el que se va modalizando dicha pregunta; y un momento de concluir. Miller, en Los usos del lapso, al hablar del momento de concluir dice: “Aquí la urgencia, la prisa, está prescrita por la misma estructura significante (…) algo falta en el significante y la prisa de la conclusión es lo que suple esa falta."

Es por eso que la prisa tiene el estatuto del objeto a (…) es la inversión súbita, lógicamente determinada de la espera en prisa (…) que es lo que Freud apuntaba cuando decía –en lo que concierne a la interpretación- que el león sólo salta una vez”. Vemos así que esta función de la prisa no sólo concierne al sujeto en lo que hace a su respuesta frente a la angustia, sino que también concierne al analista en lo que podemos llamar el tiempo de atención en psicoanálisis.


Bibliografía
-Acuña Enrique. Clase del 7 de abril de 2004 en el curso “El tiempo en psicoanálisis”, dictado en la A.P.L.P
-Acuña Enrique. “Funciones: de la causa al sinthome” en Microscopía Nº 51.
- Freud S. “Inhibición, síntoma y angustia”. Amorrortu. Tomo XX.
- Trobás Guy. “Tres respuestas del sujeto ante la angustia: inhibición, pasaje al acto y acting out.” En Logos 1. Grama Ediciones.
- Lacan J. “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada: un nuevo sofisma.” En Escritos 1. Siglo veintiuno editores.
El Seminario 10 La angustia. Editorial Paidós.
-Miller J-A. Los usos del lapso. Editorial Paidós.

Imprimir

Causas singulares versus Ideal social

I- Oposición Singular / Universal
La disyunción exclusiva entre el “uno por uno” del psicoanálisis y el “para todos” del ideal universalista que rige el campo de las políticas de la salud mental, plantea problemas diversos y complejos. En un punto se trata de una oposición irreductible mientras que en otro sentido es solo aparente. En principio la política del “para todos” incluye al psicoanálisis en tanto es considerado una psicoterapia entre otras, además de que efectivamente hay analistas en las instituciones públicas. En consecuencia ¿Cómo se las arregla un analista para operar con el “uno por uno” en un contexto de exigencia del “para todos”?
Es evidente que ya no alcanza con argumentar que la práctica analítica es una práctica del “caso por caso”. Eso ya no es una novedad, sin embargo la manera de cada cual, el síntoma (ese arreglo singular que cada uno hace con su goce) sigue siendo nuestra apuesta. El analista juega su partida entre la norma del orden público y la regla (el goce) de cada quien, haciendo uso del malentendido. E. Laurent plantea que el analista en la institución no debe sustraerse a la demanda social, por el contrario “hay que responder a la demanda de la gente -aclara- desplazándola”.

Por otro lado la oposición singular /universal es falaz en el sentido que plantea J-A. Miller en Los inclasificables de la clínica psicoanalítica: “En la clínica hay un momento nominalista en el que recibimos al paciente en su singularidad, sin compararlo con nadie, pero hay un segundo momento, el momento estructuralista en el que lo referimos a tipos de síntomas y a la existencia de la estructura”. En este sentido no se trata tanto de una oposición sino de un movimiento dialéctico, una operación doble que ubica a cada uno en el conjunto con otros según semejanzas a la vez que sabemos que cada caso es un nuevo caso que implica comenzar de cero cada vez.

“La trampa del universal” es que el todos del universal deja afuera el goce de cada uno. Cuando un individuo empieza un análisis no busca una respuesta común, busca una respuesta singular al enigma de su sufrimiento. En este sentido afirma Miller, “el psicoanálisis es algo a medida, no la confección en masa”
Ahora bien, el orden público que responde al concepto de utilidad (J. Bentham) y supone la ética kantiana del “para todos” resulta ser un planteo sin solución desde allí porque es suponer que va de suyo que todos quieren la salud. Es comprobable que no siempre lo que se quiere es lo que se desea. Al respecto plantea Lacan: “No es necesario ser psicoanalista, ni médico, para saber que cuando cualquiera, nuestro mejor amigo, sea hombre o mujer, nos pide algo, eso no es para nada idéntico, e incluso a veces es diametralmente opuesto, a aquello que desea.”, De modo que la oferta del psicoanálisis es subversiva, en tanto va en contra del afán universalizante y globalizador de hacer callar el deseo humano. Aquí la oposición es radical.

II- Desde el punto de vista de la Etica
La política del analista sigue siendo la del síntoma, eso le permite situarse, suele decirse más allá del ideal unificante y de la norma adaptativa, considero que ni más allá ni más acá, sino en otro lugar porque se trata de otra cosa, es otra ética la propuesta por el psicoanálisis.
Lacan desarrolla exhaustivamente cuál es la ética del psicoanálisis (un seminario da cuenta de ello) donde queda claro que se trata de una ética diferente a la ética de las psicologías. La propuesta lacaniana va en una dirección precisa que implica pasar de la culpa (ética moralista o religiosa) a la ética de la responsabilidad.

En nombre de una supuesta eficacia las psicoterapias actúan para modificar la conducta según un ideal previo. Se trata de una clínica cuya dirección apunta a favorecer la adaptación a los ideales del momento (eficacia, consumo, etc.) en función de los cuales se promueve obtener valores como no-impulsividad, autenticidad, no-dependencia, como criterios de salud. No obstante la presencia ineludible de la repetición y la castración hacen que los resultados no sean los esperados.

III- Desde el punto de vista Económico
En la actualidad sin lugar a dudas el aspecto económico (política mediante) adquiere un lugar protagónico en el campo heterogéneo de las psicoterapias.
La novedad en el campo de salud en la década 90 es que el Banco Mundial asume las políticas de salud del mundo en desarrollo con una inversión tres veces mayor que el presupuesto completo de la OMS. La OMS adopta, bajo las directivas del Banco Mundial, el nuevo paradigma de la salud que consiste en la aplicación del principio costo-beneficio.
En consecuencia si es un Banco quien marca el rumbo de la política de gestión de la salud de la población, es evidente que como dice Germán García “la discusión no es clínica”. Hay un hecho fundamental a tener en cuenta y es que un individuo enfermo no produce. Motivo suficiente para justificar la inversión.


Psicología de las masas y análisis del yo, es el texto freudiano paradigmático que desde el psicoanálisis realiza un tratamiento de lo social, en Lacan un texto equivalente es el Seminario XVII El Reverso del psicoanálisis, en el que presenta La teoría de los discursos. Freud hablaba de malestar en la civilización, Lacan de discursos. Recordemos que Lacan dicta el Seminario XVII en un contexto en el que la lingüística estructural ocupaba un lugar predominante. Efectivamente, la noción de “discurso” formaba parte de las reflexiones de filósofos y lingüistas (Althusser, Derrida, Foucault ). Entonces si Discurso fue la palabra clave en los 70 cuando el Otro era la lingüística, vale preguntarnos ¿cuál es la palabra clave en el 2000 cuando todo parece indicar que el Otro es la Economía?


Para finalizar siguiendo el planteo de J. C. Milner: “Problema / Solución, es el par con el que nace la idea moderna de administración. Todo occidente piensa en estos términos, no solo piensa y razona en estos términos sino que distribuye roles: la sociedad es el lugar de los problemas y la política el lugar de las soluciones. Esta es la máxima de la modernidad.” ¿Corresponderá a los analistas demostrar que desde el psicoanálisis se tiene la solución? Tal vez dependa de la respuesta que sepamos dar, lejos de la complicidad o la denuncia, en lo singular de cada análisis y en lo público de los discursos sociales.
Cecilia Fasano

Bibliografía:
-Jacques Lacan Intervenciones y textos 1, Psicoanálisis y medicina. 1985 Manantial, pag. 91
- Enrique Acuña, Dialéctica del perjudicado y el prestador. Microscopía Nueva serie N´ 71, Publicación de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata, Dic/ 2007
- Eric Laurent, Psicoanálisis y salud mental. Edit. Tres haches
- Jean-Claude Milner, Las inclinaciones criminales de la Europa democrática. Cap. 1 “Las trampas del todo” Edit. Manantial. 2007
- Enrique Acuña, María Inés García Urcola, Marcelo Ale, Desclasificar -Función del diagnóstico en Psicoanálisis. Cap. Enrique Acuña “Desclasificar un no destino para lo singular”. Publicación de Asociación de Psicoanálisis de La Plata. 2003
- Germán García, El futuro de Jacques Lacan, Blog El puente: el puentecidiom.blogspot.com. Feb 2007

Imprimir

Efectos terapéuticos y terapias milagrosas

<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->

Para considerar la relación entre el psicoanálisis y las psicoterapias en sentido amplio, es posible partir de la base que ambas experiencias comparten relaciones diversas con el uso de la palabra.
Si señalo que hay usos diversos de la palabra, estos usos son subsidiarios del modo en que son consideradas las propiedades de la palabra en tales disciplinas, sea esto conceptualizado o no, dentro del campo en que las mismas se desarrollan.
En otras palabras una psicoterapia x puede realizar un uso instrumental, comunicativo, unívoco de la palabra, sin que por ello realice una teoría del lenguaje; este no es el caso del psicoanálisis. El cual, es posible decir inclusive que ha ido modificándose, en su cuerpo de doctrina y en por ende en su praxis, según el modo en que ha puesto énfasis en unas u otras propiedades de la palabra en el discurso.

A modo esquemático es posible dividir dos terrenos: el que aprovechando el poder sugestivo de la palabra –en determinada conjugación de términos y lugares- ahonda el uso de la palabra en su costado comunicacional, de historización y de reminiscencia; por otro lado la resonancia de la palabra y de lo que en la repetición de aquello que no es del todo lo mismo, puede o no ser captado.
Es así que como una primera aproximación, hemos de notar que en tanto la palabra de alguien es tomada, como comunicación de una información –errada o no -, no se abre la sensibilidad a un matiz diverso y en ciertos casos sorpresivo, que podrían portar esas mismas palabras.

De tal modo un “prestador de salud”, recoge, corrige, dirige, acumula, en las llamadas entrevistas dirigidas o protocolizadas una fracción de la palabra; esto tiene sus efectos por la puesta en marcha de eso mismo, y tales efectos han de ser considerados en el terreno de la sugestión.
Para que tales efectos se produzcan ha de haber, un determinado campo de creencias “compartido” por el prestador y el perjudicado, por el entrenador y el entrenado, por el corrector y el corregido, por el maestro y el alumno, por el médico y el paciente, etc.
Es por eso que los efectos sugestivos de la palabra, en donde se basa una de las líneas de fuerza de tal cuestión, no solo demuestran su existencia en el ámbito de la psicoterapia, son posible de hallar -sin forzar en nada los términos- en las técnicas de sensopercepción y las llamadas terapias corporales, en las guias de autoayuda, en la preparación física y gimnástica, e inclusive en los amplios efectos placebo de la administración de psicofármacos, etc.

Si el campo de las creencias está implicado en la cuestión de las psicoterapias, uno de los sesgos a considerar es que “lo milagroso”, supone que siendo un efecto “signo de algo”, más este esta desconectado de la causa. Figuras de esto: el desentenderse conceptualmente de ella, sospecharla amplia, múltiple, o inalcanzable; según las preferencias e intereses...
También ese terreno de creencias compartidos, señalan tanto la presidenta actual de la OPS, y un experimentado gestor y funcionario de sistemas de administración de salud, están incididos en que hay la equivoca creencia actual que: la ciencia puede curar todo, pese a que los contraejemplos abundan. De ahí llegan inclusive a demostrar por sus métodos estadísticos de análisis poblacional, que las buenas intenciones de Alma Ata se encuentran con efectos paradojales de menos salud para todos, pese a los intentos de regulación diversos, y en distintos países de la inversión-gasto en tal sector –tanto privado como público-, llegando al extremo de afirmar: “a más mercado, menos salud”.

De ahí los severos impasses que se producen, al intentar hacer equivaler en lo psi, los datos de una supuesta medida de los efectos terapéuticos y la ganancia económica, “time is money”; implicada en cuestiones tales como el empuje a la medición estadística de mayores cantidades de efectos, en menos tiempo.
A estos intereses en juego vienen a empalmar, los métodos protocolizados de las terapias cognitivo conductuales –las cuales no son el costado clínico de las ciencias cognitivas – sino una versión remozada del conductismo, también en su versión interna crítica una serie de técnicas interpreto-narrativas, llamadas constructivistas o postracionalistas; así también diversos modos de evaluar estadísticamente, en algunos hospitales públicos y clínicas privadas los resultados de sus intervenciones. El común de estos casos es: la activa desconexión entre efectos terapéuticos y causa, donde la noción de multicausalidad viene a rellenar tal punto oscurantista.

Un psicoanálisis, que cuenta con efectos terapéuticos, al introducir –como un más allá de estos - la dimensión de resonancia y repetición de lo que no es lo mismo, viene a ser una experiencia en la que cíclicamente, el síntoma viene a mostrar por un lado su costado interpretativo –a reducir-, y otro costado resitente a la interpretación, el que llamamos del objeto –en sentido amplio de la satisfacción-.

Justamente el psicoanálisis es una experiencia que va contra una historización infinita –tantas veces tomada en pasos de comedia-, sino una oportunidad de la producción de un elemento nuevo, tanto en términos de saber como de límite del mismo, que no estaba dado de antes, por ende al que no se puede volver por la vía de un ideal social de normalidad, felicidad o adaptación. Sino la posibilidad de que por una vía singular sean posibles, ciertos efectos de creación.



 

Imprimir

Psicoanálisis aplicado y hospital público

Psicoanálisis aplicado es un término que junto al de psicoanálisis puro se encuentra en el Acta de fundación de la Escuela Freudiana de París. Ambos nombraban dos de las tres secciones que la constituían y organizaban la formación de los analistas.
En dicho texto, se define el psicoanálisis puro como “la praxis y doctrina del psicoanálisis en su dimensión propia”, y aplicado “el que implica la terapéutica y la clínica médica”, definiciones que condujeron a algunos a interpretaciones valorativas acerca de uno en relación al otro.
Otro modo de definirlos es, en tanto uno conduce al pase (el puro), el otro “se aplica al síntoma”, lo que permite pensar la conjunción entre ambos. El síntoma, en tanto condensa y fija goce, es algo que satisface al sujeto y que por eso se presenta como un mensaje que se sustrae a la comunicación, al intercambio con el otro –a diferencia del sueño que siempre llamó a la interpretación como indicaba Freud -. O sea que para que el síntoma conduzca a un análisis, es necesario que este se transforme y se manifieste como queja o sufrimiento. Esto no implica una división del sujeto –como se evidencia con Dora a quién Freud debe interrogar sobre su participación en el asunto del que se queja-. Entonces, decimos que es necesaria una nueva transformación del síntoma –ahora bajo transferencia-. Pero hay que aclarar que dicha transformación no promete, ni conduce a su estado anterior de homeostasis. Por lo tanto, en un análisis se trata de encontrar eso que dificultó la estrategia para obturar la división del sujeto, eso que desgarró al yo (en términos freudianos) y que no puede ser resuelto sin dejar marca- la castración-. Un fin de análisis con el pase, implica justamente la transmisión de ese saber sobre ese real en juego que dura a la largo del recorrido analítico.


No se puede saber, en un comienzo, qué análisis conducirá al pase, es decir que la designación de psicoanálisis puro es a posteriori de la experiencia, mientras tanto estamos en el ámbito del psicoanálisis aplicado. Dicho de otro modo, el psicoanálisis puro se engendra a partir del aplicado.
J.-A.Miller, toma el tema en un artículo que titula “Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia” donde ya desde el título propone una división y diferenciación de dos campos –con algunos elementos en común- : entre psicoanálisis y psicoterapia. Tomar estas diferencias, es un modo de situar qué decimos cuando hablamos de psicoanálisis aplicado. Ambas prácticas proceden por la palabra y sostienen una causa no biológica –la realidad psíquica-. Pero el uso que se hace de la palabra difiere: mientras la psicoterapia se centra en la incidencia de la palabra del otro, que dice al sujeto lo que este debe hacer, el psicoanálisis no. Se trata de una relación de dominio que se ejerce desde la imagen del otro sobre el yo del sujeto, aunque esté enmarcada en una relación simbólica.

Si bien el uso de la palabra establece relaciones de identificación, para la operación analítica es necesario que el analista rechace utilizar ese poder de la identificación, rechace “hacerse el amo del otro”, no comprender implica no saber qué necesita ese sujeto, no se sabe qué le convienen, por eso es necesario que el sujeto hable. Es por esto por lo que E. Laurent sostiene que el analista siempre cuestiona necesariamente el orden social y sus valores.
Otra diferencia entre psicoanálisis y psicoterapia se marca en relación al sentido: la psicoterapia especula con el sentido, el psicoanálisis no. El inconsciente está estructurado como un lenguaje, con significantes que están separados del sentido –para Lacan- y que lo determinan. Es decir el sentido es efecto del significante.

Lacan, sobre esto, propone en Televisión (1973) que en un análisis se trata “de aislar los significantes atrapados, sin ningún sentido, en el síntoma”. Por lo tanto la cura no trata de agregar sentido -eso lo hace solo el inconsciente y sus formaciones -. Ya en el Seminario 11 Lacan se encarga de desustancializar el inconsciente, del sentido y de la verdad; ya no se trata de “dejar hablar a la verdad del inconsciente”; ahora se trata de “aislar” un saber, “aislar esos significantes atrapados en el síntoma” no como palabras verdaderas que reordenarán la historia del sujeto –narratología-, sino extraer esos significantes que sin ningún sentido condensan y fijan goce para ese sujeto.

El psicoanálisis en el hospital público
El Hospital público forma parte de las instituciones que el Estado organiza para dar respuesta a las necesidades de la población. Estas necesidades se incorporan a los derechos humanos de los pueblos y conforman -como señala E. Acuña- el “derecho a la salud”. Lo que constituye una nueva metáfora jurídica que convierten al sujeto que consulta en una víctima, en “un perjudicado”. (1)
Para el Estado el psicoanálisis forma parte de las prácticas psicoterapéuticas que ofrecen a la población y está incluido en este campo con tratamientos combinados –por ejemplo con tratamientos farmacológicos-.

¿Cómo nos permite el psicoanálisis orientarnos en el ámbito de la salud mental y el hospital público?
El psicoanálisis incluido en el ámbito de la Salud mental, ocupa su lugar sabiendo justamente sobre lo imposible de la S.M. Sabe que no se trata de curar el síntoma, ya que el síntoma- como propone E. Laurent- es la falla singular del programa de la civilización (con su orden y reglas). Por lo tanto, no se trata de intentar acallar al síntoma, sino de saber sobre ese real en juego en el síntoma, que es el modo singular de cada sujeto, de fracasar en su época. Están por un lado, las reglas de las instituciones; y por otro, la ley del sujeto, esa falla singular que esconde al deseo.
“Si uno piensa orientarse por las reglas está perdido, tiene que orientarse por el hecho de que, por supuesto, están las reglas, pero hay que saber hacer con eso, para después actuar conforme al interés del sujeto que sufre y viene a consultar” (2)

Entonces, ¿qué formación requiere un psicoanalista en el área de la Salud Mental? La misma que cualquier analista, y recordando a Lacan cuando planteaba “no hay formación del psicoanalista, sólo hay formaciones del inconsciente”, insistir sobre la necesidad de formarse sobre la retórica del inconsciente, acostumbrarse a las formaciones de su propio inconsciente y saber que solo se interpreta porque se forma parte del inconsciente y porque el analista se ha vuelto el producto de esa operación. Dicho de otro modo, la formación implica analizarse; controlar los casos para extraer la ley singular que se encuentra junto a la modalización de su síntoma -que en su presentación se adecua a lo que el otro social le ofrece-; y formarse en la enseñanza del psicoanálisis –sus indicaciones, límites, diagnósticos, etc.-.

Notas
1- E. Acuña, “Dialéctica del perjudicado y el prestador”, en Microscopía Nº 71, Diciembre de 2007
2- E. Laurent, “Posición del psicoanalista en el campo de la Salud Mental” en Psicoanálisis y Salud Mental, Ed Tres Haches, Bs. As.
Bibliografía
- E. Acuña, “El viejo mundo nuevo –la sociedad del acto analítico-“ en Microscopía Nº 39, Octubre de 2004
- E. Laurent, Psicoanálisis y Salud Mental, Ed Tres Haches, Buenos Aires.
- G. García, Actualidad del trauma, Grama, Bs. As. 2005
-V. Palomera, “La deducción del psicoanálisis aplicado desde los principios mismos del psicoanálisis” en Virtualia, Junio/Julio 2005.
- J. Lacan, Psicoanálisis –Radiofonía y Televisión, Ed Anagrama, Barcelona, 1977.
- J.-A.Miller, “Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia” en Freudiana Nº32

Reminiscencia o resonancia. (*)