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Lacan, el inconciente máquina y la cibernética.

Escrito por Gabriela Rodriguez.

El término cibernética frecuente en el Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica de 1954/55, trae una serie de problemas asociados al lenguaje y su naturaleza, en conexión con la concepción freudiana del inconciente y el automatismo de repetición. Durante el tiempo de ese Seminario Lacan dedica a la cibernética un conferencia “Psicoanálisis y cibernética o de la naturaleza del lenguaje”, en la que pondrá a punto su interés por la disciplina relativamente contemporánea del psicoanálisis, trazando un eje común a ambos campos dado por el lenguaje.


El desarrollo y la aplicación de la cibernética durante los años 50 y 60 dieron lugar al advenimiento de infinidad de máquinas que hoy habitan nuestro mundo, por esta razón la revolución cibernética pudo ser comparada con la revolución industrial. No obstante más allá de su instrumentación tecnológica, la cibernética surgió como un desarrollo producido en torno del interés por las comunicaciones y la información, al término de la Segunda Guerra Mundial, interés relativo a la economía de la información.


S. J. Heims lo explica así, en la introducción al libro de Norbert Wiener sobre la gestación de las invenciones: “El problema que había que resolver era éste: inevitablemente, las líneas de comunicación electrónica transportan no sólo la información que se quiere enviar, sino ruido no deseado introducido de forma involuntaria. Separar la información del ruido era una problema de la mayor importancia, Wiener desarrolló una teoría matemática de cómo filtrar el ruido de manera óptima”. Wiener un matemático, inventor inquieto vinculado al Instituto Tecnológico de Massachusetts, desarrolla sus investigaciones acicateado por la necesidad de encontrar cierto arreglo entre el mundo determinista de la física newtoniana y el universo probabilístico de Gibbs, entre el universo relativista concebido por Einstein y el principio de indeterminación heismbergiano, es decir la vinculación entre el azar y determinismo. Trabajando en la teoría de los mensajes hacia 1940, presenta un nuevo tipo de máquina digital, electrónica, que se define por el empleo de números binarios, con una arquitectura similar a la máquina de Turing, esta permite almacenar datos en una cinta magnética funcionando como una suerte de memoria. El intégrafo, nombre que se le dio a esta máquina, queda olvidado y solo años más tarde nace para la vida moderna el ordenador digital, su pariente próximo.


Wiener es considerado el mentor de la cibernética por haber introducido el neologismo con el que se la designa, cibernética es una palabra derivada del griego kibernetes - timonel- persona que en la náutica controla y coordina remos, timón y vela. Wiener circunscribe con esta palabra la ciencia que estudiará: “El control y la comunicación en la máquina y el animal” - 1948-, concebidos como una organización, un sistema que se autorregula por la vía de unos mecanismos de retroalimentación continua, los cuales podrán ser descriptos formalmente sobre una base lógico-matemático. El resultado de tales desarrollos traerá como consecuencia en lo sucesivo un efecto de acercamiento entre la idea de la máquina – así concebida - y los seres vivos, los sistemas sociales y aún también la mente. Tales analogías se construyen en función de una unidad conceptual derivada de una teoría de la información que la cibernética sustenta, que le permite pasar de ser una teoría general de los sistemas para extenderse en su aplicación a campos tan diversos como la inteligencia artificial, las teorías de la mente, la robótica y la informática.


Ahora bien, considerar por qué Lacan hace aparecer la idea de la máquina en este Seminario, supone revisar cual es la concepción de máquina que allí se pone en juego. En principio Lacan no permanece ajeno al hecho de que la noción de máquina tal como se la conocía en el contexto del mecanicismo había cambiado de sentido desde la aparición de la cibernética durante el siglo XX, y así lo hace notar en el transcurso del Seminario en respuesta a Hyppolite. En contraste con la concepción que hace de la máquina un simulacro de lo viviente, para Lacan, la máquina encarna en términos generales la actividad simbólica y su insistencia, idea que Baudelaire capta en la figura del reloj como encarnación de esa insistencia: ¡Reloj!, dios implacable, siniestro, solapado, cuyos dedos: “¡Recuerda!” dicen amenazantes… El cambio de sentido referido implica someramente, la diferencia que media entre una máquina concebida como un conjunto de piezas ensambladas mecánicamente, cuyo modelo básico es justamente el reloj, donde espacio, materia y movimiento constituyen elementos de una composición orientada teleológicamente según un diseño. Y una máquina en cuya base se encuentra un modelo computacional, donde lo que prima es un funcionamiento de auto-replicación, de auto-regulación programada, con el recurso a la notación digital, utilizado para proveer un mensaje. Aquí la noción de información, está en la base de este funcionamiento de retroalimentación, que puede describirse formalmente.

Entre ambos modelos, la cibernética permite la inclusión de una notación matemática, purificada de sentido, que se aproxima al fenómeno de lenguaje considerado en estado puro, con independencia de los hablantes. Es decir, el lenguaje en tanto comienza siendo solo una sintaxis, que más tarde por intervención del hablante podrá constituirse en una semántica. La cibernética y la idea de máquina que de ella se deriva comienzan a ganar fuerza en el Seminario en relación a la necesidad de volver sensible la función de lo simbólico permitiendo ilustrar la autonomía que le es propia. Las máquinas y sus maravillas sorprendían en los años 50 y sorprenden todavía, antes de ser naturalizadas por su uso cotidiano, las vemos funcionar de manera autónoma, en ciclos, en fases de tiempo regulares, lapsos de duración repetitiva, sin que ello signifique nada para nadie.

Trayéndonos esa dimensión de algo que funciona por si solo con absoluta independencia de los sujetos, que parecen destinados a ocupar el lugar que les es asignado por el aparato que funciona de manera análoga al lenguaje. Es ese algo nuevo sobre el lenguaje lo que le ronronean a Lacan estas maquinitas, resonancias a partir de la cual podrá construir la idea de un inconciente funcionando como una máquina, que encuentra en el Seminario una representación en la maquina de soñar.

Es el sueño la referencia freudiana que muestra del modo más simple la autonomía del orden simbólico, una vez que se inyecta el significante y su funcionamiento en su consideración, allí dónde los pos-freudianos observaban todo tipo de fenómenos desde fisiológicos hasta psicológicos, Lacan puede captar los desplazamientos, los retruécanos, los juegos de palabras, las bromas alusivas, que revelan la existencia de un circuito simbólico exterior al sujeto considerado como soñante, que se cuela y que constituye la fabricación misma del sueño. El uso del término circuito se sigue del empleo de la metáfora cibernética y muestra la insistencia de una porción de discurso que escapa completamente al dominio de la conciencia, gironés del discurso, retazos que son tomados en un discurso otro.

En el mismo sentido el automatismo de repetición freudiano considerado a la luz de la insistencia de una cadena de significantes, se constituyen en una suerte de memoria que encuentra su representación en la máquina de calcular, porque supone la existencia de algo que circula como en la máquina en estado de mensaje. Consideremos la calculadora que aporta el modelo mínimo de este funcionamiento, en ella se sustituyen el sistema decimal por una tipo de notación binaria que solo usa el cero y el uno: 1, será igual a la presencia de corriente o encendido y 0, será igual a la ausencia de corriente o apagado. La calculadora no sabe sumar o restar en sentido estricto, la posibilidad del cálculo depende en ella de una serie de circuitos programados que se encienden o se apagan en determinadas circunstancias, según la notación referida. Es en este sentido que Lacan prefiere la máquina de calcular o el telégrafo para ilustrar la memoria, porque involucran la circulación de un mensaje que viaja sin cesar, que gira dentro de un circuito procediendo por apertura y cierre - tal y como la máquina de calcular usa los unos y los ceros -, dando lugar a la posibilidad de un registro de las apariciones que puede ser reducido a una serie, con la que se podrá armar una ley de determinación simbólica.

El interés está más puesto en lo que el mecanismo como tal ilustra, que en los cálculos de los que una máquina sería capaz, y es importante disipar una probable confusión; Lacan no arma con la cibernética una teoría de la mente, en su Conferencia “Psicoanálisis y cibernética o de la naturaleza del lenguaje”, solo retiene de ella sus términos más elementales - lo que generó un descontento para alguno de sus oyentes - reducibles a un aparato tan simple como una puerta, en tanto ésta puede estas abierta o cerrada. Es en la medida en que esa ley de oposiciones binarias funciona en lo real, más allá de toda subjetividad, que la dimensión del símbolo entra en lo real, permitiendo el cálculo de probabilidad y su estudio. Es esto lo que aporta la cibernética para Lacan y de allí extrae la nueva definición que propone: la cibernética es la ciencia de las combinaciones del encuentro escandido y en tanto tal concierne profundamente al hombre.

Es solo en este sentido que la estructura de una máquina como la calculadora, guarda cierta analogía con el orden simbólico, de modo que no se trata entonces del objeto máquina, la máquina solo constituye para Lacan el soporte en el que se encarna una hipótesis, que tiene que ver con el funcionamiento del símbolo. Apelar a la referencia cibernética implica aquí poder prescindir de la existencia de una memoria interna al propio símbolo, para pasar a la idea de una probabilidad surgida de la
serie de apariciones, una determinación fabricada a golpes de azar.


En esa dirección se retoma en el Seminario el juego de par o impar extraído del cuento de Edgar Alan Poe “La carta robada”, pero considerado ahora desde la perspectiva de un nuevo partenaire para sujeto, la máquina y no otro sujeto. Tal operación permite alejar la idea de una inter-subjetividad imaginaria tomando parte en la partida, puesto que no hay posibilidad de identificarse con una máquina. Al mismo tiempo el partenaire máquina en sus jugadas surgidas a partir de un azar inicial se encuentra necesariamente interceptada por la existencia de una programación previa de ese azar. Lacan compara este funcionamiento con la rememoración en el marco de un análisis, en la que interviene una memoria simbólica que se obtiene por integración, por agrupamientos, surgiendo de combinaciones aparecidas al azar. De esa comparación se podrá extraer que no se puede considerar la asociación libre en psicoanálisis sin considerar que nada puede ser fundado solamente en el azar, si no es porque existe una estructuración previa, que se pone en evidencia en máquina con la existencia del programa, en la que consiste el orden simbólico.


En el año 1964 siguiendo a Freud Lacan retomará los dos términos asociados a la función de la repetición: Wirküll (azar) y Zufall (arbitrariedad), el azar inicial de las transcripciones del sueño y la arbitrariedad de las conexiones de asociación que se ponen en juego cuando éste es relatado, pero que implican una estructuración previa y limitada de los términos significantes. Una suerte de mapa trazado donde se podrán encontrar “los puntos de referencia significantes” abiertos a una probabilidad que no está constituida de antemano y es allí donde se juega la partida con el inconciente.

Lacan recurre a la cibernética en este Seminario de los años 50 porque de allí obtiene una representación del lenguaje como máquina que es a fin con la noción del inconciente freudiano que quiere plantear. Una máquina habitada por un mensaje que puede ser reducido a una serie de elementos, considerados en una oposición mínima binaria: presencia/ausencia, abierto/ cerrado, más/menos etc. y sus combinaciones posibles, de la que se extrae una sintaxis lejos de toda idea de sentido. En esta misma dirección Claude Levi-Strauss pudo definir las relaciones de parentesco a partir de una nomenclatura, un cierto número de facilitaciones y un cierto número de prohibiciones, en las que se reconoce una aritmética que puede ser estudiar con independencia de los fenómenos, en las Estructuras elementales del parentesco; la referencia cibernética muestra su parentesco con el estructuralismo.


Por último la notación de tal sintaxis, hace aparecer una ley de probabilidad, desde una dimensión azarosa sin ley, con la que se ilustra el automatismo de repetición freudiano. El problema del sentido del mensaje que se modula, se modaliza sin que el sujeto lo sepa, no será nada intrínseco al mensaje mismo, que solo consiste en una red banal surgida de la combinación de encuentros, sino que aparecerá como un efecto ligado a la interrupción del circuito, al punto de detención en el que toma un lugar la intervención de la escansión temporal, revelando algo de la orientación en juego en el mensaje. Es finalmente en la dirección de esta aproximación que la cibernética puede interesar al psicoanálisis.

 

Gabriela Rodríguez, abril 2009.

Bibliografía:
- Jacques Lacan. Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica - 1954/55. Editorial Paidós.
- Jacques Lacan. Escritos 1 “Seminario sobre la carta robada”. Siglo XXI Editores.
- Norbert Wiener. Introducción a Inventar. Sobre la gestación y el cultivo de las ideas. Metatemas. Tusquet Editores.
- María Mara Dantur de la Rocha Biasotti. “Comunicación e información bajo la visión de Norbert Wiener”. Versión electrónica.
- Enrique Acuña. “El tiempo de saber entre los otros”. Curso Anual 2008. Clase II, inédito
- Germán García. “Psicoanálisis y ciencias cognitivas. Entre la Psiquiatría y las Psicoterapias”. Versión electrónica.
- Charles Baudelaire. Las flores del mal. “El reloj”. Colección biblioteca EDAF.