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Franceses, un esfuerzo más! (*)

Escrito por Serge Cottet.

 Cuarenta años después de mayo de 1968, un balance se impone: ¿tuvo lugar la revolución sexual? ¿Qué se puede esperar de los próximos cuarenta años? Veamos primero el camino realizado desde las estadísticas de 1970.

Los últimos datos fueron publicados en el informe: La sexualidad en Francia, realizado por el ISERM y el INED con la iniciativa del ANRS, con prólogo de Maurice Godelier. Una suerte de barómetro en Francia de la doxa sociológica. Atento a la transformación de las familias, sensible a la supervivencia del patriarcado, está en consonancia con la opinión. Un gran informe sobre el comportamiento sexual no podía dejar indiferente a las rígidas estructuras elementales del parentesco. Este tema hace síntoma social. La persistencia de las creencias, la inmovilidad de las representaciones tradicionales en materia de géneros interrumpe la evolución de las costumbres.
 
El informe constituye una suerte de test sobre el estado de las desigualdades en Francia. Discriminando óptimamente el binario naturaleza – cultura, Godelier quiere que la emancipación sexual de las mujeres, objeto principal del informe, refute definitivamente la “esencia de la mujer”, si eso aún fuera necesario. Se entiende que las normas sociales solas orientan hacia la heterosexualidad “una bisexualidad originaria del ser humano”. Como las diferencias de comportamiento se atenúan, las mujeres se reúnen con los hombres en una curva asintótica con la multiplicación de partenaire y de experiencias. Se sabía que las muchachas se adelantaban a los muchachos en la escuela y ahora, ellas los alcanzan en la cama.
Hay resistencia a pesar de todo: “el campo de la sexualidad quedó marcado por las desigualdades, particularmente entre hombres y mujeres, que hacen eco en las profundas desigualdades, que perduran en las otras esferas del mundo social” (pag.16)
El simplismo del informe estadístico resulta de dos postulados: las diferencias de los comportamientos sexuales entre hombres y mujeres son puramente cuantitativas (cantidad de parejas antes del matrimonio frecuencia de la sexualidad oral en el curso de los doce últimos meses, etc.). Luego los hombres y las mujeres que tienen las mismas necesidades, las diferencias cuantitativas no responden mas que a los clichés y a las normas sociales destinadas a justificar la dominación masculina; así la creencia en la existencia de necesidades sexuales mayores en los hombres que en las mujeres es sin embargo refutada por el aumento sensible de las relaciones sexuales de las mujeres que tienen entre 50 y 59 años.
 
En materia de sexualidad las estadísticas producen un efecto cómico. En los años 1970 Charlie Hebdo hizo su tapa sobre la burla de las nuevas estadísticas luego del informe Kinsey: un gran título: “en verano dos de tres franceses son cornudos”, que ilustraba un dibujo de Reiser, “el francés”, gorra vasca y baguette en la mano: “en el invierno todo bien”.Temo que esa tontería hoy no hace reír más. No se bromea sobre el tema de la igualdad. La locura cuantitativa ha invadido el terreno, se emprende así el cálculo del goce del sujeto francés: consumo y contabilidad.
Da razón a un volumen de 600 páginas para sacar a la luz una evidencia: en materia sexual la desigualdad persiste, las mujeres alcanzan a los hombres pero hasta cierto punto solamente. Aunque las prácticas tiendan a la igualdad las representaciones siguen desiguales. A la manera de la rana de Fontaine, ellas aún no están ahí. Es como el buen sentido cartesiano, el goce debe ser la cosa mejor repartida del mundo. ¿Por qué la diferencia anatómica de los sexos haría objeción al derecho a gozar tanto de unas como de los otros?
 
Nos preocupamos más bien por una asimetría persistente entre los dos partenaires. La sexualidad es afectiva en la mujer, mientras que el deseo es imperioso en el hombre. Charlatanería sentimental que está siempre. Por ejemplo, las muchachas son dos veces más numerosas para decir que habrían deseado que la primera relación sexual tuviera lugar mas tarde. Ellas se ponen más rápidamente en pareja que los hombres. Para la generación pasada, sólo el 2 % de las mujeres han conocido al menos 5 parejas antes de su primera unión. En tanto que, es el 18 % de los casos entre los 25 a 34 años, nacidas entre 1971 y 1980. Las mujeres son más sentimentales y menos obsesionadas por la performance. Afortunadamente los intelectuales se excitan menos, signo de civilización (Baudelaire ya lo había señalado).
Las revistas de actualidad juegan un rol en esta discrepancia, difundiendo una ideología híbrida de la liberación, un feminismo pro-sexo confrontado a un romanticismo anticuado. El éxito de la serie Sex and the City lo atestigua. Tendrá más éxito que el informe sociológico: al menos causa…
Hay otros puntos oscuros: cerca de 200.000 abortos por año en Francia prueban que la anticoncepción choca con los tabúes. Son sobre todo las creencias y los prejuicios que entran en cuestión con las nuevas costumbres. Se mide por clase de edad, el zócalo de las representaciones de la sexualidad. La creencia en las necesidades sexuales naturales masculinas abarca todas las clases de edades: el 73 % de las mujeres y el 59 % de los hombres adhieren a la idea según la cual, “por naturaleza, los hombres tienen más necesidades sexuales que las mujeres” (pág. 547). Hay entonces un retardo en las mentalidades.
 
La evidencia heterosexual continúa imponiéndose. Aunque los tabúes contra la homosexualidad desaparecieran, una reticencia se expresa en los dos sexos sobre el tema de la filiación homosexual. Una nota optimista en este informe: la igualdad está en el buen camino, como lo atestigua la sexualidad sin penetración. Esta es la revolución sexual de comienzos de siglo (pág. 310). No se pueden borrar las diferencias anatómicas de los sexos, pero se puede prescindir del imperativo de la penetración, paradigma de la dominación masculina. Pequeños mimos y toqueteos suplen la violencia del coito. Devienen el paradigma de una sexualidad eximida de la performance genital. La igualdad del goce puede ser así restablecida. El retorno de las teorías sexuales infantiles le dan lugar también a una contabilidad cifrada: entre los 25 y los 34 años, por ejemplo, las caricias mutuas son preferidas a la penetración por el 38 % de las mujeres y el 28,7 % de los hombres. La proeza genital pierde terreno como la norma hetero-penetrativa. En tanto el elogio de las prácticas del toqueteo (si oso decir) se choca con la homosexualidad masculina, en donde la penetración es apreciada aún: la vagina está a salvo, es verdad, pero es igualmente muy falocéntrica.

 
Por supuesto, los franceses no hablan mientras hacen el amor y no tienen fantasías, material por el momento sustraído a la cuantificación. No se les pregunta qué piensan del tema pero sí lo que hacen. El tabú del lenguaje crea el axioma del informe sociológico. Se satisface de la industria pornográfica para hablar de sexo: mirad a los franceses gozar! Las ciencias humanas siendo ciencias como las otras, ¿qué mejor garantía de neutralidad axiológica que la observación?
Si los medios de comunicación continúan por esta pendiente, la sexualidad del siglo XXI se consagrará a la uniformidad del goce como el del Uno. Las mujeres no tienen derecho más que a un goce igualitario lo que tiende hacia la perversión polimorfa del macho y la infidelidad conyugal. Considerar que el imperativo sexual se feminiza, no es a favor del goce suplementario, sino más bien del reino del poder del hombre.
 
Marcella Iacub (1),  la sulfurosa subversiva en matera de liberación sexual, considera que el feminismo jurídico porfiando sobre el derecho de las mujeres y la caza del macho, ahoga al pez de la liberación sexual. Ella ve en eso una regresión puritana. Las vanguardias de la liberación sexual no se detuvieron ahí, especialmente las que veían el obstáculo en la igualdad con la creencia en la heterosexualidad y sus dogmas. El feminismo pro-mujer ratifica la servidumbre voluntaria. Sería mejor que no hubiese identidad sexual según el movimiento post feminista y los Queer. Los trans-géneros brindan la solución a la obsesión de la diferencia: todos transexuales pero sin operación. Más leve, el informe muestra más aún que una cantidad no desdeñable de hombres y mujeres no están concernidos por el sexo, no hay falta ni la amenaza de este lado.
La perspectiva elucubrada por los extremistas de las identidades de género podrá concluir que después de Michel Foucault la arquitectura corporal es política. Las asignaciones de género son performativas. El amo declara quién es hombre o mujer. Son las construcciones sociales. Luchar contra la dominación masculina supone desprenderse de las categorías “hombre” y “mujer”. Después de todo no son más que significantes como se puede leer en Aun: por consiguiente, sin referentes asignables con certeza en la naturaleza. De ahí que, a sacárselos de la cabeza, no se si Godelier llega hasta ahí…
 
En “Televisión” Lacan considera que la liberación sexual es una ideología en la cual el psicoanálisis ha contribuido. La ideología queer deconstructivista tiene más de Derridá que de Lacan. Su impacto relativo en los Estados Unidos, participa de la mediocratización del psicoanálisis en ese país. Sólo falta que en Francia la antropología marcada por el anticolonialismo se recicle en el anti-sexismo; heredero del culturalismo a lo Margaret Mead, se queda obsesionada por la liberación sexual de las mujeres en la Polinesia. Combate necesariamente al psicoanálisis acusado de naturalismo y de represivo.
 
Es importante recordar, en un contexto similar, que la sexualidad es anormal y aberrante, ni natural, ni convencional; inútil de blanquear los “informes” científicos, mezcla de ideas existencialistas, de contraseñas por encima de las alcobas en la insignia de la pareja Beauvoir-Sartre. Es importante mostrar que la sexualidad no es un comportamiento; que el sujeto humano se lleva muy mal con ella; que la contradicción entre práctica y representación no sostiene “un retraso de la mentalidad” pero hace quiasma del goce: la sociología post sesenta y ocho francesa se encierra en simulaciones y mitos que sostienen la charlatanería sobre el sexo.
Denunciemos su barniz cientificista pasado de moda.
 
 
Notas
(*) Artículo publicado en La Lettre Mensuelle n° 270, julio-agosto de 2008. Traducido por Daniela Ward y Leticia García.
 
(1) Iacub, Marcella: Qu’ avez vous fair de la libération sexuelle? Flamarion, París, 2002.
 
  
Serge Cottet: AME de  la École de la Cause Freudienne (ECF), de La Escola Brasileira de Psicanalise (EBP) y de La New Lacanian School (NLS). Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.