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El valor del medicamento

Escrito por Germán Schwindt.

Funámbulo del tan tan, dormilón,
 miralcielo arrulla cantos,
 dan vapores sordos! zozos!,
 en élhecho viscoso celestón.
 “Extraguiados
 
 
Toma de la pastilla
 
Cuando escuchamos hablar de políticas de estado en el campo de la salud, un ejemplo de ellos la salud mental, podemos suponer, que hay un destinatario al cual se aplican una serie de acciones, acorde a un fin determinado, creer que solo serían los ciudadanos - de un estado occidental y de democracia liberal como el nuestro - como eslabón último de una cadena más o menos coordinada, hace olvidar que en tanto políticas de estado, están también, la población, el público, la clientela. En ellos, el modo en que cada uno se inserta y desinserta, asimétricamente en esas generalidades.
Del artículo de Enrique Acuña, - que ha servido de guía al programa del Seminario de Estudios Analíticos de la APLP en el año 2008 - Dialéctica del perjudicado y el prestador, surge la recomendación de “…habría estudiar el liberalismo como marco general de la biopolítica…”. Este recorrido ha permitido acercarme por otro lado, a la encrucijada del psicoanálisis en al salud mental, y en ella la clínica del medicamento.
Vale contar esto, en un contexto que promediando el año pasado, ha ido promoviendo el sintagma ya anquilosado: crisis económica internacional, con su pendulación de entradas y salidas, subas y caídas de intereses y con ellos tanto interesados como desinteresados, lo que demuestra que no es un término meramente descriptivo.
La población como tal viene a ser conjunto anónimo y un cuerpo múltiple –metáfora biológico-social- al que se le supone una dinámica y una posible homeostasis. La población como tal no es un integrante del mundo desde siempre, y es subsidiario de cómo ha sido considerada la forma de gobierno de los hombres en conjunto.
Homeostasis introduce en la población, una noción operativa. Lo que vendría a regir a sus integrantes dentro de lo que Freud llamara el principio del placer-displacer, bajo otras figuras, por ejemplo la definición de salud como el bienestar bio-psico-social. 
Estos métodos de incidir más o menos sutiles, encuentran su eco en un costado contrapuesto al de población,  la población como público. Noción que a partir del siglo XVIII, considera el modo de influir en la masa, vía la educación, las campañas de opinión, en sus hábitos, convicciones, comportamientos, temores, prejuicios, exigencias, etc. Por ende la expansión de sentidos múltiples vía una identificación horizontal, hacen el velo adecuado a todo aquello que no haga de ese múltiple-uno, un común.
Esta psicología de masas, hace del yo amenazado externamente, por tasas diversas, una materia dúctil, a las peticiones de principio estadísticas, pasajes que yendo de lo general a lo particular, fuerzan y trasladan una semántica desde el cuerpo social hacia los cuerpos y retorno. De la curva normal, a lo normal y sus normativas. El determinismo es erosionado al decir de Hacking, cuando el azar es reintroducido en términos de probabilidad, y surgen inferencias a partir de la estadística, de lo biológico a lo social.
Dichas inferencias, introdujeron la circulación de lo normal a lo patológico, de prescripciones que pasan del ser al deber ser. Las políticas poblacionales han conformado discursos, que promovían y promueven respuestas a aquello, que consistirían en desplazamientos más o menos conservadores o progresistas. Apoyadas también en diversas ficciones jurídicas, ejemplo de esto días cuando una justicia falla en un horizonte de control de daños, para consumos privados hasta ayer prohibidos.
De ahí la salud pasada al discurso jurídico, transformada en derecho; de ahí  los debates en un campo impacten directamente en el otro. Como un conflicto de intereses, entre diversos derechos a tal o cual principio-ideales, para autónomas conciencias ciudadanas.
 
 
Cuando la palabra secuela
 
La evaluación de lo saludable y lo normal, es un intento clasificatorio-segregativo, el cual conlleva a instalar por vía de alguna norma de hierro, en gran medida los prejuicios del medidor y también del que se presta a esa operación.
Este lugar también dicta un notorio y progresivo corrimiento y declive de la psiquiatría, hacia una técnica bastante genérica de selección, desde aquello que sus clásicos demostraron como gusto por cierta especificidad y precisión de su semiología.
Mostrando las consecuencias del efecto bucle clasificatorio de Hacking: quien clasifica y lo clasificado, se modifican respectiva y progresivamente.
De tal modo un “prestador de salud”, recoge, corrige, dirige, acumula, en las llamadas entrevistas dirigidas o protocolizadas una fracción de la palabra; esto tiene sus efectos por la puesta en marcha de eso mismo, efectos que así también pueden ser considerados en el terreno del lenguaje, como sugestión, lo que no es mala palabra. Para que tales efectos se produzcan ha de haber, un determinado campo de creencias “compartido” por el prestador y el perjudicado, por el entrenador y el entrenado, por el corrector y el corregido, por el maestro y el alumno, por el médico y el paciente, etc.
Los efectos sugestivos de la palabra, no solo están en el ámbito de la psicoterapia, son posible de hallar en las técnicas de sensopercepción, las llamadas terapias corporales, en las guías de autoayuda, en efectos placebo de la administración de psicofármacos, etc.
Paulatina medicalización de los estilos de vida, en pro de un equilibrio ideal. Alimentando figuras tales que van, desde el yogurt-remedio de la mañana, a las terapéuticas farmacológicas de la calma, paradójicamente desvitalizantes.  
Es de interés señalar en este punto, que investigadores sociales, por ejemplo en el marco del Conicet han comenzado a estudiar como la literatura de la auto-ayuda, empuja hacia la medicación y su socia la auto-medicación. Digerir, los indigeribles textos de autoayuda, es un camino de ida,a las drogas duras de circulación legal.
Si el mercantilismo vio a la población como fuerza productiva, el liberalismo tensó las cuerdas de otro tipo de contradicción irresoluta, al promover una libertad, necesaria al consumo, combustible del motor de la razón gubernamental del estado.
Esto plantea una paradoja, ya que así se renueva en lo cotidiano de alguien, dentro del todos poblacional, el dilema de “la bolsa o la vida” como lo señalara Lacan en el seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, donde no deja de haber una dimensión irreductible de la pérdida, en toda elección; en otros términos en el lugar de la  libertad de los clientes, vuelve a proponer la elección forzada de la neurosis.
Tal libertad liberal, entendida como el imperativo “se libre”, yerra. Ilustran la época las series de medidas de estado, en uno y otro hemisferio del planeta, de norte a sur de izquierdas a derechas, que como soluciones a la “crisis económica internacional” proponen a las poblaciones, ahondar una de sus causas: consumir más. Las quiebras, descensos y ascensos del flujo del capital, no van en ese sentido común necesariamente.
Vale tomar lo que señalara Germán García en su Curso anual del presente año en el Centro Descartes, que en la operatoria mercancía-dinero-mercancía, son descifrables los tipos de valor en juego, si de ella se despeja toda versión moral.
El liberalismo como sistema de relaciones, viene a ser una fábrica permanente de condiciones de libertad, para luego intentar organizarla, programarla: serás libre de comprar tal o cual, de enfermar de tal o tal o tal, de curarte con tal o cual, más no con cualquiera!. Lógica en la cual también entra, medicar a sanos y enfermos.
Esa acción del lenguaje tiene efectos de coerción, sugestión, segregación o cohesión; no toca en nada la exterioridad-interna que hasta el momento solo el psicoanálisis ha podido indicar, aludir, localizar, a partir del descubrimiento freudiano de lo inconciente y su posición éxtima a la conciencia. Como Freud contestaba a Le Bon, su inconciente no posee la noción de lo reprimido. Es por este sistemático desconocimiento, que se mantiene un esquema exterior interior, donde el peligro externo resultaría invocante.
En tanto alguien usa algo y de ello goza, más allá de intereses generales, es donde este uso más que utilitario es inútil, lo que no implica que por esto no sea, para ese, vital.   
Es posible retomar lo que señalara Adriana Testa en la clase en el Seminario clínico IOM-APLP del 2008,  que en el caso de las drogas, hay que aislar los términos de usos y funciones, lo que separa la versión totalizante de mismos efectos para distintos consumidores. No hay una correspondencia uno a uno de los efectos del prospecto con quien es medicado, lo que se hace presente al preguntar en detalle sobre los mismos.
La objeción que introduce un más allá del principio del placer a dicha homeostasis, es lo que como satisfacción en Freud y como goce en Lacan –distintamente-, viene a dar presencia de una disyunción con cualquier objeto, del cual se pudiera esperar total sosiego. Por un lado el deseo como diferencia, entre lo esperado y lo obtenido, en vez de tendencia cíclica cancelada exitosamente, por el otro la satisfacción sustituida en el síntoma, que pone en valor su extrañeza, consistencia y durabilidad
 
 
¿Qué se comprime hoy en los comprimidos?
 
En Los usos sociales de la ciencia de 1997, Pierre Bourdieu va desde la sociología de la ciencia, contra la idea de comunidad científica unida por un anhelo de colaboración desinteresada por un saber en avance, a partir de dos nociones que utilizara en 1975: la de campo –traída de Kurt Lewin- y la de capital científico. 
El campo es definido como un instrumento que permitiría salir de la dicotomía texto y contexto, al introducirlo como el modo en que lo ideológico corrompe, si se me permite, la autonomía disciplinar tecno científica. Habrá campos más o menos refractarios, donde grados de refracción se corresponden con grados de autonomía disciplinar. Ejemplo las políticas científicas de estado. Si con el campo este autor pone en conexión, la ciencia con el mundo social, con la noción de capital científico, deja blanco sobre negro, que dentro de cada campo hay tensiones de fuerzas, luchas de prestigio, distribución de capitales, instituciones y publicaciones en discordia, etc.
Esta manera de considerar la cuestión científico-técnica será tal que: “La especificidad del campo científico es que los competidores se ponen de acuerdo sobre unos principios de verificación de la conformidad con lo real, sobre unos métodos comunes de convalidación de las tesis y las hipótesis; en síntesis, sobre el contrato tácito, inseparablemente político y cognitivo, que funda y rige el trabajo de objetivación”. Pacto temporal, modificable, establemente inestable.
Lo que va en la línea de lo que en este terreno de debates culturales, toma Hacking inspirándose en Feyerabend, al hablar del estado actual de la razón, cito: “ Los cambios en las teorías científicas, y las controversias acerca de ellas dependen a menudo de cuestiones conceptuales – no siempre – y no de cuestiones empíricas. Para concluir más adelante…La racionalidad tiene poca importancia en la ciencia”. Desde delimitar lo verdadero, pasar a investigar la cuestión del valor como concepto problemático.
Ian Hacking en La domesticación del azar, refiere a lo normal, como una palabra que no solo no es neutra ni inocente, sino que se ha convertido en instrumento ideológico a partir de su carga semántica.
Del terreno del Otro social en cada época, surgen sintagmas los cuales pueden ser modalizados o no por algunos cuerpos, en tanto y en cuanto como señalara Germán García en la clase del Seminario clínico IOM-APLP del 2008: “El goce puede ser considerado como una caja de resonancia, hay cosas que a uno le suenan y otras no, esto determina lo que se acepta o no se acepta”. Esto deslinda la posibilidad tanto del pasaje en bloque, de cualquier consigna de época en general hacia todos, como da lugar a volver a situar, la elección forzada distinta al ejercicio de una voluntad autónoma.
Los discursos que se adosan al medicamento y hacen al valor, son parte de él, vienen a hacer presente la articulación entre ciencia e ideología. En tanto objeto portátil que porta y aporta al buen comportamiento, la promesa de vuelta a lo normal, como regla o como probabilidad de que algo ocurra. 
Enrique Acuña en la clase de su curso anual del 2008 en la APLP decía,  que estos sintagmas del otro social, “estar deprimido es estar triste más de una determinada cantidad de tiempo”, generan ideología, de modo tal que: “Habría una soldadura entre estos sintagmas y los rasgos imaginarios de carácter de alguien, como modalizaciones de goce que a su vez agrupan”. ¿Cómo es posible de entender esto?, en los términos de lo que hemos venido rastreando, generan ideología si responden, sentido, al  hacer comprensible en común algo incomprensible en privado.  
Es así que esta clínica del medicamento, del consenso de expertos, como modo activo de rechazo de cualquier otro saber, como rechazo de época a la introducción de la hipótesis del inconciente, en su fragmentación expansiva, comprimida en comprimidos, se in-especifica, con todo lo equívoco que el lector quiera atribuir aquí a esta afirmación.
 
 
Lo específico en lo inadecuado
 
Patricia Wilson en La constelación del sur – traductores y traducciones en al literatura argentina del siglo XX- plantea las dificultades que se presentan al trasladar un texto, toma dos acepciones de la traducción: como transplante y como objet trouvé. En esta última, que radicaliza la primera, señala que este traslado de un texto de origen a un texto de llegada, no es solo un cambio de contexto, sino un cambio de función; crea algo, texto de coyuntura que incluye al primero. Nos servirá de analogía.
Es de notar, tomar nota, que la ruptura con el prospecto, no es conveniente reducirla a las dos caras de los medicamentos; de pharmakon y placebo. A su vez como áreas de incidencia explicadas, como una versión simbólico imaginaria de los objetos de la realidad en cuestión, lo que no deja de ser un importante incidente. Eric Laurent las aísla en su texto ¿Como tragarse la píldora?.Lo que me resultó más interesante, por lo que abre,  es otro aspecto, el que señala que una sustancia al ser incorporada, introduce algo novedoso en alguien, de donde es posible deducir que no hay en él, la receta que diga como irá a responder a eso. El medicamento como “maquina de exploración del cuerpo” desencadena, lo descolocado de lo que afirma la técnica de su objeto, inclusive de sus propiedades fisiológico- biológicas. Así también lo distinto, al que lo toma, al desencontrarse en las diversidades, de lo que esa incorporación causa, le causa.
Si el reflejo y el feed-back en la biología habían introducido un modelo de comunicación muda, que en la retroacción freudiana estalla. El eje información, mensaje, efecto retroactivo en más o en menos sin pérdida de elemento comunicacional alguno, hace a procesos circulares, donde ese cuerpo maquinalmente regulado y comprendido, da la nota cuando cae de la curva de gauss de lo esperable.
Como subrayaba Fátima Alemán, del texto Psicoanálisis y salud mental de Eric Laurent, en el Seminario de Estudios Analíticos en el año pasado, al señalar que los fármacos promueven ciertos gustos sociales. Ese social no es un límite, es la vertiente expansiva de la cuestión. Algunos se pueden juntar a hablar de las experiencias comunes con ciertas sustancias, otros pueden difundir en formato de propaganda las bondades de alguna nueva molécula, varios pueden usar casi como contraseña el nombre neologizado del psicofármaco de moda, sin enloquecer etc. 
Sin forzar mucho las cosas, el texto del prospecto es un texto de partida que acompaña legítimamente el packaging –que evidentemente ahora, no es solo la cajita en cuestión-, este no encuentra ni encontrará correspondencia, en el texto de coyuntura de alguien que habla –si se dirige a un análisis- sobre que usos y funciones  da, a eso que incorporó. Ese texto de coyuntura así entonces si no articula todo, deja en un margen inadecuado, algo inarticulable.  
Es por esto que al utilizar los tres registros lacanianos, para intentar dar otra vuelta al tema, ya que no está cerrado, empiezan a poder aparecer nuevos matices. De hecho que no quede subsumido en el todos-algunos social, ni en su contracara de una unicidad al unísono con vaya a saber que equilibrio, ni a una especie de denuncia anacrónica sobre los poderes económico políticos en juego, sin dejar de señalarlos. Permite subrayar, que aquí puede haber rastros, de algo que es tanto incomprensible como incomprimible.  
Esto que queda por fuera de lo comprimido, muestra las propiedades del sistema, real diverso que el que un psicoanálisis propende; se puede acceder a él desde una absoluta mudez. No siendo un límite a la palabra, a la cual alguien llega en su ejercicio, es algo con lo cual el psicoanálisis convive, ya que trata entre otras, con gente medicada en las diversas maneras antes aludidas o descriptas, para las cuales puede resultar la posibilidad de una respuesta poco común.
 
 
 
Bibliografía:
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                               .-Curso anual El tiempo de saber entre los otros. Clase del 26-11-2008. APLP
Acuña Enrique, Ale Marcelo, García Urcola María  Inés: Desclasificar Cuadernos de Psicoanálisis. Editado por APLP
Alemán, Fátima: Clase 25-6-08 sobre el punto del programa La clínica del fármaco del Seminario de Estudios Analíticos La clínica analítica y las otras.  - Coordinado por Marcelo Ale y Leticia García.
Bourdie, Pierre: Los usos sociales de la ciencia. 1997. Traducido al español 2000. Ed.Nueva Visión.
Foucault, Michel: Seguridad territorio y población. 1977-78 Ed. Fondo de Cultura Económica.
Foucault, M.: El nacimiento de la biopolítica 1978-79 . Ed. Fondo de Cultura Económica.
Freud, S: Más allá del principio del placer 1920 .T 18. Obras completas. Amorrortu Editores.
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García, Germán: .-El psicoanálisis entre el goce y la política. Clase del 21-11-08 del Seminario clínico. Ciclo 2008 La clínica analítica ante las terapias de la felicidad. Asociación de Psicoanálisis de La Plata y el Instituto Oscar Masotta
                              .-Curso anual “El acto analítico”. Clase del 30-7-09. Centro Descartes.
Hacking, Ian: La domesticación del azar y el nacimiento de las ciencias del caos . 1995-Ed Gedisa                  
Hacking, I.: Representar e Intervenir. 1996. Paidós.
Lacan, Jacques: El  seminario: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisi”. 1987. Paidós
Laurent, Eric: Cómo tragarse la píldora?, en Ciudades analíticas. 2004. Ed Tres Haches.  
Testa, Adriana: El psicoanálisis y los tratamientos de las adicciones. Clase del 15-8-08 del Seminario clínico. Ciclo 2008 La clínica analítica ante las terapias de la felicidad. Asociación de Psicoanálisis de La Plata y el Instituto Oscar Masotta