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La cristalización de una enseñanza (*)

Escrito por Marcelo Ale.

Al inicio: La glosa en lugar de la jerga

Resonancia y silencio-psicoanálisis y otras poéticas de Enrique Acuña, es un libro en el que se precipita una enseñanza a partir del ejercicio que implica el paso de lo oral a lo escrito, ya que la mayor parte de los artículos que componen el libro han sido previamente diferentes intervenciones en diferentes ámbitos y contextos en la ciudad de La Plata -a partir de su enseñanza sostenida desde 1992 en la Asociación de Psicoanálisis de La Plata-, y en distintas ciudades del país donde hay Centros de Investigación y Docencia del Instituto Oscar Masotta, en la Escuela de la Orientación Lacaniana, en el Centro Descartes, en Jornadas sobre literatura y psicoanálisis, etc.
¿Pero de que tipo de enseñanza se trata siguiendo a Lacan cuando en “El psicoanálisis y su enseñanza” se preguntaba cómo enseñar lo que el psicoanálisis nos enseña?
Se trata de una enseñanza, que lejos de ser dogmática, al priorizar la glosa sobre la jerga, es como bien dice el autor “sensible a las paradojas”.
Se trata de una enseñanza que tiene una herencia Masottiana cuando priorizaba la lectura crítica sobre la repetición inalterada de las doctrinas de los maestros. Se trata en ella de la extensión de los conceptos hacia su límite en donde la glosa domina sobre la jerga en la que se recita, re-cita, la explicación prevalece sobre la reproducción del re-citado y la sensibilidad a la paradoja sobre el gusto por el dogmatismo.
Ya en el primer apartado titulado justamante “Clínica crítica”, en los artículos “Lo real miente en el síntoma”, “Desclasificar -un destino para lo singular-” y “Freud y la captación de la angustia por el síntoma”, se deja leer este modo de concebir la enseñanza en donde los conceptos que definen y enmarcan la experiencia analítica son revisados y expuestos a la glosa que intenta explicarlos siempre una vez más, alejándose permanentemente de la falacia de la apelación al argumento de autoridad y destacando un antidogmatismo que va contra la jerga repetitiva.
 
 
En el centro: El desmontaje de la significación
 
El libro consta de cinco apartados: -“Clínica crítica”, “Horizontes cercanos”, “Escribir leyendo”, Ecos y huecos” y por último “Envío”.
En la secuencia de estos apartados, tal como afirma el autor en el Prefacio, podemos seguir las variaciones de la significación, concepto estrechamente vinculado a los cuatro términos que aparecen en el título del libro -resonancia, silencio, psicoanálisis y poética- que además contornean el tema de la mesa de hoy: “La interpretación en psicoanálisis”.
En el primero titulado “Clínica crítica”, fundamentalmente en los artículos “Lo real miente en el síntoma” y “Freud y la captación de la angustia por el síntoma”, se trata de su instalación a partir de la intención de significación que la entrada al análisis implica (intención de significación, captación de la angustia por el síntoma, son los modos en los que su instalación se hace presente a la entrada a la experiencia por el enigma del síntoma) Se trata de la instalación de la significación como correlato del surgimiento del inconsciente.
Luego, fundamentalmente en el tercer apartado, se trata no ya de su instalación sino de su desmontaje correlativo de la lectura del inconsciente, y al final se trata de su límite que deja un vacío que llama a una escritura. Se trata entonces de instalación, desmontaje y limitación de la significación en el trayecto de una cura y en la secuencia de los apartados del libro, o de los avatares de la interpretación en psicoanálisis.
Si bien en la conexión con los otros saberes hay una amplia referencia al campo de la literatura, y en menor medida al de la lingüística, la antropología, la filosofía, etc, es un libro en el que se trata de la experiencia analítica, en la que no solo se pone en juego un silencio nuevo, sino también una operación diferente en el límite de la significación al que el psicoanálisis arriba. En tal sentido, se puede leer en el Prefacio que la resonancia: “es un efecto de la interpretación que vibra en el hueco del psicoanálisis, mientras que el silencio es su causa, motor de sonido y sentido que el inconsciente escribe”.
Se trata de un nuevo silencio, evidentemente distinto del de la pulsión, que surge luego del paso por la lectura del inconsciente, paso en el que se trata de ese desmontaje de la significación que acerca al psicoanálisis a una poética.
Es en este tercer apartado que se titula “Escribir leyendo”, en donde a mi modo de ver podemos encontrar desplegado el subtítulo del libro “Psicoanálisis y otras poéticas”. Los artículos del apartado han sido titulados: “Borges y la extimidad en El Aleph”, “De la tragedia a la parodia: cuentos argentinos”, “Infancias de Lewis Carroll”, “El sin-nombre. Locura en Van Gogh”, “Entre balas. Germán García y la cuestión Literal”, y por último con cierta pincelada de homenaje, “Mario Teruggi y el cristal de la lengua”.
Ya en “Borges y la extimidad en El Alhep”,- escrito a partir de la intervención en el XIV Coloquio Descartes El psicoanálisis frente a la literatura” titulada “De la eterna sin eternidad: Macedonio contra Borges”- se puede leer lo problemático de la relación entre psicoanálisis y literatura, donde esa “y” de la conjunción como supuesta comunión, complementariedad o alianza, puede transformarse en la “¿y?” de la interrogación.
Si bien literatura y psicoanálisis comparten el amor por el lenguaje, el poder ficcional de las palabras y el goce del sentido, Oscar Masotta en una mesa redonda en 1974 en Buenos Aires en ocasión de la presentación de la Revista Literal, afirmaba que la relación entre literatura y psicoanálisis es imposible, pero que tienen algo en común: el desmontaje de la significación.
Hay algo imposible, pero hay algo en común: el amor por el lenguaje, el poder ficcional de las palabras, el gocesentido y ...el desmontaje de la significación.
 También en el artículo “Entre balas- Germán García y la cuestión Literal” comenta algunos detalles del libro de este último titulado Fuego amigo-cuando escribí sobre Osvaldo Lamborghini, y retoma el tema de esta relación compleja entre psicoanálisis y literatura a partir del comentario de los documentos que recopila el libro y que ponen en juego esa tensión entre literatura y psicoanálisis. Son dos campos enfrentados en donde se trata de un tironeo en el que no hay balas, sino palabras. Fuego amigo es un libro que: “memoriza las batallas culturales de una época -los años setenta-en la Argentina donde la política del psicoanálisis y la literatura se juntaban en una parodia en la que el sainete criollo se mimetizaba con lo europeo (...) En el psicoanálisis, las bodas con el campo cultural tenían un objetivo común: poesía y psicoanálisis se proponían “El desmontaje de la significación”. Como le gustaba decir a Masotta: “Se lo ve...” el desmontaje de la significación otra vez.
 
 
Al final...el Prefacio: “Que se diga. Hacia un silencio nuevo”
 
En el último artículo del tercer apartado titulado “Teruggi y el cristal de una lengua”, hace mención a un pasaje de la introducción de El Finnengans Wake por dentro   en donde, respecto de la escritura de Joyce, Teruggi escribe: “el lector insomne que investiga una lengua es frágil a las deformaciones sonoras del significado. Esto demuestra una función social de la escritura al estilo sartreano, romper la matriz de letras donde hay fronteras que no se pueden atravesar.Y eso dice que es un cristal, un cristal que cuando se rompe, tiene aristas –significantes- filosas que se pierden en el sin sentido”.
En este sentido, respecto de la escritura de Joyce, Enrique Acuña en su Curso anual del 2007 dictado en la Asociación de Psicoanálisis de La Plata que tituló “Del witz que hay en el síntoma”, planteó la siguiente pregunta: “¿Qué tipo de escritura se pone en juego al final del análisis con ese arte-facto individual que introduce una creación individual?”. Decía que se trata de un escrito que pone en juego una metáfora propia allí en el límite de la significación -o límite del desmontaje donde culmina la poética- en el punto en el que esta se agota, y el significante polisémico de los efectos de sentido, se transforma en una letra que pueda escribir esa singular “mentirosaverdad” con la que pueda caminar por la frontera con lo real.
Entiendo que todos nadamos en el mar del lenguaje, de esto se habla en el síntoma que se pone en juego al entrar al análisis, pero lo que enseña la experiencia analítica –algo que se deja leer en el libro- es que se trata de “escuchar y leer hasta el límite de un atravesamiento (...) ya que se leyó el inconsciente hasta un punto de ilegibilidad que empuja a escribir un estilo que no estaba antes”. Se trata del paso de una retórica, según “cómo se dicen las cosas”, a un estilo en el que se trata, no ya de cómo se dice, sino de “quien habla”.
Me parece entonces que lo que se puede leer en el libro, es que la analítica es esa experiencia con el lenguaje en donde primero se instala y luego se desmonta la significación hasta el límite en el que ese nuevo silencio, al resonar, llama a escribir ese estilo que no estaba antes.
 
 
(*) Comentario de la presentación del libro Resonancia y silencio -psicoanálisis y otras poéticas- de Enrique Acuña, realizada el 3 de septiembre de 2010 en el Colegio de Psicólogos de La Plata. En la mesa participaron Marcelo Ale, Analía Regairas y el autor Enrique Acuña.