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Béla Szèkely: la excepción judía y el psicoanálisis (*)

Escrito por Enrique Acuña.

 

Es imposible liberarse de la segregación constitutiva en esta etnia con las consideraciones de Marx, y mucho menos con las de Sartre.
Por este motivo especialmente la religión de los judíos debe ser cuestionada en nuestro seno.
 
Proposición de 1967, Jacques Lacan

 

 
BUENOS AIRES, EXILIO (1938)
 
Cuando amarraba el barco al puerto, no había una comitiva de la Asociación Psicoanalítica Internacional esperándolo, sino el galpón de refugiados llamado «Hotel de Inmigrantes» donde Béla Szèkely pasaría a cargar bolsas. Luego vendrá el encuentro con quien lo reconoce en su sabiduría, el doctor Alfredo Calcagno de La Plata, sorprendido ante el psicoanalista de Budapest y su mujer Irene con el pasaporte de judíos huyendo de Auschwitz. Extraños, dirá: él cuidaba una maleta con una batería de tests, mientras su mujer, cual Penélope, tejía arrullando un niño imaginario que habría perdido en el campo de concentración. (1)
 
Esta semblanza que recupera Germán García (2) de una interesante novela de Aurora Venturini (3) contiene en potencia los polos de interés de aquel analista de lenguas eslavas: su pasión por encontrar un método para acceder a las raíces inconscientes de la religión y el racismo.
Si el psicoanálisis existe entre la ciencia y la religión, en su rasgo «extraterritorial» de una topología del afuera/adentro del saber con la verdad, entonces, por su excepcionalidad, podríamos rescatar del naufragio la obra de Béla Szèkely.
 
 
UNA ENTRADA DE FREUD ANTES DE LA A.P.A.
 
Nacido en Transilvania en 1892, muere en Chascomús, Argentina, en 1955. Es quien introduce no sólo la aplicación diagnóstica del test de Rorschach, como algunos señalan, sino también la difusión de la obra de Sigmund Freud en Argentina. Apenas aprendido el idioma castellano, en 1939, al año de arribado al país, es cuando pronuncia diez conferencias en el Colegio Libre de Estudios Superiores (4) –fundado por Aníbal Ponce y continuado por Vicente Fatone– explicando los conceptos a un público de intelectuales, en su mayoría filósofos. Es un instante de la recepción Argentina del psicoanálisis previa a la fundación de la A.P.A., en 1942, con Ángel Garma como representante de Ernest Jones.
 
Fuera de esa pertenencia por su carácter de analista laico y en homenaje al recién desaparecido Freud, Székely comienza captando su público con una retórica de analista ciudadano al decir: «Las formas y circunstancias de una conferencia implican: palabra viva, una verdadera transferencia, en el sentido psicoanalítico, entre el orador y el público. La palabra se ablanda, se suaviza, pierde su agudeza, su exactitud. La transferencia hace de la conferencia una obra colectiva».
En esas intervenciones se observa que traduce y transmite, es decir, interpreta una política, en tono riguroso –técnica, metapsicología, teoría sexual–, pero sin olvidar los puntos de aplicación, de modo que los títulos de cada capítulo son, entre otros, «Psicoanálisis del antisemitismo», «Una criminología psicoanalítica», «El psicoanálisis en la literatura y el arte», «Psicoanálisis de la guerra» y, llamativamente para el contexto, una conferencia titulada «Freud con Marx».
 
Formado bajo la constelación de influencias del post-freudismo entre las dos grandes guerras, en el capítulo titulado «El tratamiento psicoanalítico» recupera a Wilhelm Stekel con su técnica activa de tiempo breve y del conflicto aquí-ahora que se opone a los analistas ortodoxos. Se liga a Alfred Adler con la «psicología individual» y adhiere a la educación en la infancia; luego a Wilhem Reich y su consideración del «carácter neurótico como forma de lo social» y luego se suma al movimiento Sex-Pol en un programa hacia la sexología. Por último, muestra simpatía al freudo-marxismo vía Siegfred Bernfeld.
En el plano de la difusión del psicoanálisis bajo la glosa de la divulgación fue leído su Diccionario de Psicología (5), para los psicólogos de técnicas psicométricas el libro sobre el test proyectivo de Rorschach, y como avanzada progresista a la aplicación educativa, escribe su libro La evolución sexual de la infancia.
 
Será en El antisemitismo –su historia, sociología, psicología– (6), redactado en sus años en Hungría, donde captamos a Béla Szèkely («un analista a la deriva») en una posición trans-religiosa solidaria a la de Freud –si seguimos la lógica de una operación donde alguien se convierte en «un judío sin Dios» cuando un significante permite la revelación de que «Dios es inconsciente»–, aunque culmine en esta historia con un abrazo final a la religiosidad.
 
 
UN PROGRAMA FUERA DEL POGROM
 
La erudición y el eclecticismo de Szèkely se transforman en acto fundacional en 1940, cuando crea el Instituto Sigmund Freud y luego otros de psicología en Chile y Brasil, en la perspectiva de la minoridad (como el Instituto de Psicopedagogía de Minoridad de La Plata, donde lo apadrina Calcagno). Es la puesta en acto del higienismo desde un enfoque educacional que lo pone en serie con Víctor Mercante y Aníbal Ponce. (7)
 
Pero es su posición frente al único legítimo Ángel Garma lo que lo conduce a cuestionar la formación A.P.A. de los analistas, soportada menos en los análisis que en la habilitación de profesiones médicas. Su influencia en el psicoanálisis local llegó a varios, como a Jaime Bernstein –fundador de la Facultad de Psicología de Rosario y de la editorial Paidós–, y «en 1940, había participado en la primera reunión que tuvo por objeto la creación de una asociación psicoanalítica local, y en 1942 había prestado a Marie Langer las obras completas de Freud y algunos trabajos de Melanie Klein». (8)
 
Años después, empezó a «vivir en Cristo». «Se convirtió sin aceptar los dogmas de la iglesia católica [...] se acercó a Víctor Frankl, después a Igor Caruso, para encontrar la inclusión en una nueva religiosidad. En definitiva fue perdiendo sus insignias (judío, psicoanalista de izquierda) sin que sepamos si encontró algo diferente o simplemente se dejó llevar. Murió cuando estaba en la letra ‘T’ de su Diccionario de Psicología». (9)
 
La resistencia al psicoanálisis, dice, es de los mismos analistas y depende de factores externos (la ignorancia y la trivialización) e internos (la falta de formación y el dogmatismo). Si Ernest Jones se ocupa de desacreditar la apropiación del marxismo por el psicoanálisis de Wilhem Reich, Ángel Garma, con su programa importado de Nueva York, se opondrá a los psicólogos como Szèkely, cuyo programa de las conferencias de 1939 caerá en la aplicación psicológica, degradando su programa a la «minoridad» analítica. ¿Un retorno de la pulsión de muerte que cae sobre su talento?
 
Subraya en esas conferencias sobre el antisemitismo que Freud considera el origen del odio al pueblo judío como histórico basado en (cita el Moisés...): «La envidia que despiertan los judíos débese al hecho de que consideran a los primogénitos como los niños preferidos del Dios padre, cosa que todavía no ha llegado a ser soportada por los pueblos [...] la costumbre adoptada por los judíos para distinguirse, la circuncisión es una impresión extraña y desagradable, y esto puede explicarse porque evoca la temida castración, removiendo recuerdos de tiempos primitivos, justamente olvidados [...] El odio a los judíos es, en el fondo, odio al cristianismo y no hay por qué sorprenderse de que en la revolución nacionalsocialista alemana se exprese claramente esta íntima relación de las dos religiones monoteístas.»(10)
Otro motivo sería el de matar al padre, dice Szèkely: «la acusación de que los judíos son los responsables de la muerte de Jesucristo [...] También las religiones paganas, precursoras del judaísmo, están llenas de historias de tales rebeliones y asesinatos en las que el Dios Hijo vence al Dios Padre».
Otra opción sería considerar la religión judía como una religión del Padre, como la cristiana es una religión del hijo: «todo varón judío lleva en su cuerpo la marca y el símbolo de la rebelión contra Dios-Padre, marca y símbolo al mismo tiempo de la paz restablecida con él: la circuncisión [...] el antisemita verá en el judío, impulsado por su miedo ancestral y filogenético, por un lado, al varón castrado, pero al mismo tiempo, por otro lado, le considera al judío como alguien que ha podido superar ya su miedo inconsciente a la castración».
 
Luego considera la segregación social basada en el rechazo a la diferencia, cuya consecuencia real es el exterminio: «Es un hecho extraño que los judíos se hayan suicidado en lugares donde no había peligro alguno para la comunidad judía. Tal actitud explica, en el orden psicológico, una especie de venganza frente a Dios que había abandonado a los judíos. En esa época se suicidaron más de cien mil judíos. El judío mató a Dios en su alma». Esta explicación de la segregación es explicada, en otro libro, como dependiente del fenómeno de lo siniestro, que Freud considera en el oxímoron de «la inquietante extrañeza» como aura del Unheimlichkeit, voz que Szèkely traduce como «temible por extraño».(11)
 
 
ACTUALIDAD DEL ANTISEMITISMO
 
Los procesos sociales organizan comunidades que segregan los particulares para constituirse como un todo. En la estructura del lenguaje, la función de la palabra (no-todo) agujerea el universal (todo), entonces la comunidad no comulga con las particularidades. El debate histórico demuestra al significante «judío» como una excepción social que pasa del fondo religioso a la segregación política y que sufre transformaciones de aquello que Bruno Bauer llamó «la cuestión judía» y a la cual Karl Marx agrega el conflicto de «clase» –es decir, el síntoma– en sus páginas socialistas (12).
 
En ese pasaje de lo religioso a lo político, la cuestión judía como pregunta deja abierta respuestas diversas. Pero, cuando se formula en términos de problema social y se apela a una solución política, el resultado es el campo de concentración como prueba de existencia del goce mortífero en las bodas de la ciencia y la locura que se realizaron bajo el programa del nazismo. (13)
 
Ese programa condujo al exterminio de lo segregado como solución «final » de una Europa que luego de la Segunda Guerra (1946) deviene «unificada », y mantiene por fuera a un Estado (de Israel) que limita su expansión ilimitada. Por esta marca aborda el problema actual del antisemitismo, llamado ahora anti-judaísmo, el filósofo Jean Claude Milner. (14). Su hipótesis es que el nombre judío es soporte de una excepción. La sinonimia de ese nombre alude a «estudio y talento» en un tiempo y espacio bien ubicado en la Alemania del siglo XIX. Se origina en el estudio fariseo de la Torá, lectura a la letra de la interpretación sagrada, luego se hace sinónimo de «usura y dinero», o de clase burguesa empresaria americana, o de cultura e intelectualidad, pero también lo peor en la Shoa como «la víctima» del nazismo (15).
El desarrollo de la hipótesis concluye con la afirmación de que, siguiendo lo planteado por Lacan sobre que «la religión del futuro será el racismo», el porvenir ahora sería «anti-judío». Para Milner, eso obedece a que el nombre judío condensa, y esa es la eficacia de su rechazo, un cuadrípodo de términos: la diferencia sexual hombre/mujer y la transmisión de una ley del padre/hijo.
 
A esta posición radical de Milner contesta Slavoj Zizek, en una respuesta de corte hegeliano y dialéctica (16): «Los judíos son elevados así a la condición de objeto a (‘Nuestro objeto a’, el título del folleto de François Regnault sobre los judíos), el objeto-causa de (nuestro occidental) deseo, el obstáculo que eficazmente sostiene el deseo y en la ausencia de la cual nuestro deseo desaparecería [...] ¿Hoy no son más bien los Palestinos, estos ‘judíos entre los árabes’ un tipo de objeto a, la intersección de los dos conjuntos, de los israelitas y los árabes, el obstáculo de su paz? [...] La ironía que evita Milner es que, hoy, son los musulmanes, no los judíos, quienes son percibidos como una amenaza y un obstáculo para la globalización». Zizek hace de «musulmán », es decir, del otro de la diferencia, para mantener el conjunto abierto.
 
Para nosotros, el nombre judío en oposición al nombre árabe adquiere la consistencia de una causa religiosa, militar, jurídica, olvidando la naturaleza vacía de esa (x) que de lo singular atañe a la causa. Vaciamiento que hace lo real como imposible de localizar en la sociedad, el Edipo o el campo de concentración.
 
En Argentina leemos el modo en que se produce el ascenso a los extremos: frente a la falta de un juicio definitivo que esclarezca y decida sobre el atentado a la AMIA, al fracasar la sanción jurídica del Estado, la nueva dirigencia de esa entidad se presenta con la insignia de la ortodoxia que apela a «lo genuino», en un llamado a la identidad y la tradición religiosa como forma de respuesta a la segregación.
 
 
PREGUNTA ABIERTA: EL RETORNO DE LO RECHAZADO
 
Para Lacan, ante la cuestión de la selección de los analistas para su Escuela y la lógica de lo no-todo, aparecen tres nombres posibles para designar lo que anuda el precario arreglo de un sujeto en el lenguaje que él designa como lo judío, el deseo del analista y el objeto a. (17). En la segunda versión de La Proposición de 1967 observamos un desplazamiento en los ejemplos de lo rechazado. Lacan anticipa un predominio del discurso capitalista y recurre a una cierta premonición acertada: «nuestro porvenir de mercados comunes, se balanceará con procesos de segregación» y «Es el advenimiento, correlativo a la universalización del sujeto procedente de la ciencia, del fenómeno fundamental cuya erupción mostró el campo de concentración. Quién no ve que el nazismo no tuvo aquí sino valor de reactivo precursor».
 
Lacan asiste al debate sobre las formas de sociedad y los mecanismos constituyentes como el efecto de segregación producido. Hablará entonces de una «triple facticidad»: considerar el Edipo –la familia y el Nombre del Padre– en lo simbólico, las Sociedades –cuyo ejemplo son la misma fundada por Freud (I.P.A.), la iglesia, el ejército– en lo imaginario de las identificaciones de la masa y, finalmente, la Segregación–en lo real del campo de concentración correlativo al efecto de la ciencia– en lo real.
En los tres registros S., I., R., Edipo, Sociedad, Segregación se corresponden y se anudan por otros nombres: lo judío, el deseo del analista y el objeto «a». Si esas tres excepciones funcionan porque son una (x), Lacan sugiere que el deseo del analista –contraejemplo al Universal–, en tanto trata con lo rechazado, sería reprimido por el discurso contemporáneo, el de la ciencia y el racismo.
 
Entonces, se desprende que todos los discursos segregan lo real, mientras el psicoanálisis tendería a hacer aparecer ese goce como diferencia con los ideales. Se constituye así como un conjunto abierto pero paradójico: por un lado hace existir el elemento excepcional del goce y, a la vez, lo incorpora como siendo asumido por el sujeto en una nueva identificación.
 
Volviendo a Béla Szèkely como soporte de una excepción en la entrada del psicoanálisis en la Argentina, revisando su vida singular, recordamos: una política dentro y fuera de la selección de los analistas de su época, una episteme ecléctica y múltiple y, finalmente, su clínica desviada hacia la educación. El nudo de esas tres dimensiones es la invención de un programa que demuestra que toda enseñanza no puede hacerse sino en el reverso de la época y agujereando el saber establecido.-
 
 
Referencias bibliográficas
 
1- «Reportaje a Aurora Venturini», en Revista Conceptual Nº 9, A.P.L.P, La Plata, 2008.
2- García, Germán, «Béla Szèkely, un analista a la deriva», en El psicoanálisis y los debatesculturales. Ejemplos Argentinos, Paidós, Buenos Aires, 2005.
3- Venturini, Aurora, Nanina, Justina y el doctor Rorschach, prólogo de Alfredo Eric Calcagno, Durken, Buenos Aires, 2003.
4- Szèkely, Béla, El psicoanálisis. Teoría-aplicación (Conferencias en el C.L.E.S.), prólogo de Emilio Mira y López, Claridad, Buenos Aires, 1940.
5- Szèkely, Béla, Diccionario de Psicología, 2 volúmenes, Claridad, Buenos Aires, 2000.
6- Szèkely, Béla, El antisemitismo. Su historia, sociología, psicología, Claridad, Buenos
Aires, 1940 (Traducción del húngaro por Olivier Brachfeld).
7- García, Germán, El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos Argentinos, op.cit, p.199.
8- Ibíd., p. 201.
9- Dagfal, Alejandro, Entre París y Buenos Aires. La invención del psicólogo (1942-1966).Paidós, Buenos Aires, 2009.
10- Székely, Béla, «Psicoanálisis del antisemitismo», en revista Conceptual Nº 9, APLP, La Plata, 2008.
11- Székely, Béla, El antisemitismo. Su historia, sociología, psicología, Claridad, Buenos
Aires, 1940, p. 79.
12- Marx, Karl, La cuestión judía. Polémica con Bruno Bauer , Heráclito, Buenos Aires, 1974.
13- Miller, J.-A., Milner, J.C., «¿Quiere ser evaluado?», en Revista Lacaniana Nº 3, E.O.L., 2005.
14- Milner, Jean Claude, Las inclinaciones criminales de la Europa democrática, Manantial,
Buenos Aires, 2007.
15-Milner, Jean Claude, Ibíd. , p. 46 , «En la sociedad el judío aparece como soporte de una excepción, un límite, de un decir que no a la función de sociedad».
16- Zizek, Slavoj, «Cristianos, Judíos y Otros Criminales: Una Crítica de Jean-Claude Milner», 2004. En: http://www.lacan.com/milner.htm (mayo de 2009).
17- Lacan, Jacques, Proposición del 9 de octubre de 1967 del analista en la Escuela, Ornicar 1, Petrel, Barcelona, 1980.
 
 
 
N. de E. (*) -Texto publicado en el libro de Enrique Acuña Resonancia y silencio- Psicoanálisis y otras poéticas- Edulp, La Plata; 2009.-