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Otras nuevas mitologías -Evolucionismo versus creacionismo-

Escrito por Enrique Acuña.

Las pulsiones son nuestra mitología

(afirma Freud), porque mitologizan lo real

(agrega Lacan).

 
Germán García
 “La entrada del psicoanálisis en la Argentina”
 
 
Con la Biblia en mano rezando el Génesis o con el orangután Lucy como último eslabón perdido recién encontrado, la religión y la ciencia mitologizan el origen del hombre para dar sentido a un real cada vez diferente. Responden entonces diferentes tratamientos de la causa que hacen que “lo imaginario eclipse la estructura”. Esto supone que hay una función de velo en los mitos, asunto del cual Freud no escapa en su versión filogenética del padre de la horda primitiva en Tótem y Tabú. Es por la dificultad en situar la arqueología del padre, como un dinosaurio que se dibuja sobre ese límite de lo real, que el psicoanálisis toca lo imposible de decir.
 
John Dupré en este libro (1) ubica la “biogenética” como una cierta complicación en la filosofía de la ciencia al observar los desplazamientos históricos que se presentan como argumentos del Creacionismo versus el Evolucionismo. Esta oposición es también, aunque en otras palabras, de Lacan en el seminario La ética del psicoanálisis, cuando esclarece que en el inconsciente la pulsión solo se historiza en lo sublimado a partir del lenguaje como creación significante. Creación ex_nihilo, que implica que de la nada, surge lo viviente. Eso que habla y goza.
 
Tanto el evolucionismo heredero de Charles Darwin y el creacionismo o teoría del “diseño inteligente” son rostros y nombres de la vieja disputa entre la ciencia y la religión cuando se discute sobre la causa y la causalidad.
Freud bascula distinguiendo al psicoanálisis entre ambas en su artículo El problema de la concepción del universo (escrito a sus 76 años) donde introduce el concepto de weltanschaung – “palabra de difícil traducción”, dice- “cosmogonía” cuestionada tanto como la presunción de una única hipótesis superior para la construcción de la vida. Concluye que el psicoanálisis “no es una cosmovisión” como otros sistemas idealistas o como los demonios animistas que convoca la magia. Su teoría requiere soportar el enigma de la causa.
Darwin, para Freud, es autor de al menos dos concepciones científicas del universo en su libro El Origen de las especies. Junto a Kepler y Newton explicitan teorías de la ciencia que son verdaderas, pero muy jóvenes contra el tiempo que lleva instalada la religión. Esto permite al mismo Freud autorizarse en una serie de invenciones donde se incluye en el horizonte científico con el inconsciente como una nueva razón, a la cual faltará un tiempo para demostrar la potencia de su verdad.
 
Freud se sirve de Darwin para demostrar que el psicoanálisis es una ciencia que conjetura una hipótesis sobre la causa: el accionar del complejo de Edipo y el hijo de una horda primitiva hacen existir al padre como una causa patógena. Se trata de relatos sagrados de verdad histórica, fantasmática, que se comparan a la novela familiar del neurótico. Fundamento inicial, este argumento freudiano permite la inclusión del padre en el trauma como causación de las neurosis, dejando al inconsciente vacío de Dios.
 
Ese padre real que quiere en el relato de los mitos se hace imaginario es diferente a la metáfora paterna como sustitución de un deseo en el orden ya simbólico.
 
Por ello señalará Lacan de Freud: “Sobre todo porque se empeña en que eso tiene que haber ocurrido de forma efectiva, esa condenada historia del asesinato del padre de la horda, esa payasada darwiniana”.
 
A mas de cien años de proferida esta hipótesis causal observamos el estado actual de las ciencias que tocan lo humano y que se apoyan en las llamadas ciencias “cognitivas” donde se plantea la absorción de la parte del conocer en el todo del utilitarismo. Es por eso que un autor como Howard Gadner (2) apela a la inter-disciplina como armazón heterogénea que, en el caso de las ciencias cognitivas, articula una estrella de seis puntas: inteligencia artificial, neurociencias, antropología, lingüística, filosofía y subrayemos nosotros, la psicología evolutiva. Esta última basada en el darwinismo, aunque reciclado con la técnica del patrón genético y el fundamento del determinismo funcionalista. El ordenamiento se hace en base a una secuencia de cadena causal entre cerebro-mente-conducta.
Estas construcciones de la causalidad importan cuando leemos otras posiciones positivistas contra el psicoanálisis como la de Frank Sullowey, historiador de ciencias americano, que en su artículo Freud recycleur:cryptobiologie et pseudoscience (3)sostiene la idea que Freud en 1897 se habría apoyado en la teoría de Fliess sobre los ciclos sexuales del organismo genital y olfativo como causa de la libido. Heredero de la biogenética evolutiva de Ernest Haeckel que sostiene que la ontogénesis resume la filogénesis, Freud se limitaría a describir de otro modo una teoría del ciclo de periodicidad bisexual de la especie. Analogía mediante entre biología y mente, el avance conductista quiere considerar al psicoanálisis como una falsa ciencia y una adhesión ciega de sus practicantes sectarios al mito fundador similar a una secta religiosa: “la necesidad de responder por el pasado”.
Por comparación también introduce el darwinismo, que explica todas las cosas en un sistema de pensamiento. La selección natural aplicada a la vida cotidiana puede explicar, como lo inconsciente, los comportamientos, pero la primera es ciencia, por eso para Sulloway es verdad. Su cientificismo es político ya que concluye su artículo con una petición ideológica de destruir “la secta” que persiste desde Freud.
Volviendo a la difusión del evolucionismo que hace Dupré, se trata de un cientista anglosajón que se dedica a enseñar como frenar los excesos de la biología y la genética en términos de considerar sus reduccionismos: primero, dar un poder ilimitado a los genes, y segundo contra el hecho de explicar un todo por los rasgos selectivos de una especie.
 
 
Dupré atiende a la selección-herencia como progreso humano principal. Los neo-darwinianos responden también a una discusión política, con incidencias por ejemplo en la educación en los USA, donde las religiones protestantes rechazan la enseñanza del evolucionismo en las escuelas por su carácter ateo.
 
Según esta reacción cristiana todo evolucionismo es ateo si se opone a la creación divina del hombre según la tradición del Génesis.
Dice: “En la introducción planteé la analogía entre el hombre y el animal en la adaptación evolutiva”. Recuerda entonces que en la selección natural sobreviven los adaptados según su aptitud hereditaria. Hizo falta la genética para entender esa adaptación como una información trasmisible en la cadena, luego a la carga génica se agrega el ambiente. Geno y fenotipo, esa selección de la especie genera nuevos rasgos que mutan en una suerte de mejoría que subraya el carácter progresista de la selección.
Dupré va contra “la falacia genocéntrica” de la psicología evolutiva, ataca la popular versión del “gen egoísta” de Richard Dawkins y supone que hay algo potencial en la cultura entendida como significados acumulados por la historia, que permite la evolución. Ni genes bien seleccionados ni cerebros bien adaptados garantizan la transmisión de la información correcta. Hay la contingencia de la mutación y el error por lo tanto no es seguro el progreso. Esta conciencia del error que se quiere sin pérdida verifica la humorada de Eric Laurent en la ironía del título de su libro “Lost in cognition”.
Por otro lado está lo que llama “mente-conducta”: ahí su argumentación va por sobre la tendencia genetista, de modo que no hay solo genotipo sino tambien “ambiente”que como el factor cultural cambia la semántica, el significado de las conductas y de ese modo privilegia el desarrollo por encima de la evolución biológica:
 
Desarrollo-fenotipo cultural-ontogénesis
Evolución biológica-genotipo-filogénesis
 
Germán García explicaba este cruce de dos vectores en Freud al pensar la serie complementaria como interacción de la filogénesis como evolución de especie y la ontogénesis como resumen y desarrollo de cada individuo. Pero el psicoanálisis introduce en ese cruce un tercer factor que es la estructura del lenguaje, que como aparato transformador permite que un organismo adquiera su función según la variable del deseo.
La libido como órgano quiere decir que la cadena significante (S1-S2) transforma la biología del organismo en un cuerpo que habla y goza. Corta como cizalla zonas de agujero por donde habita un objeto (a) que es de vida muda, pero vivificante. Eso hace que  lo viviente goce de la palabra, última condición de lo humano.
 
 
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Retornando al texto freudiano que ubica a Darwin con “una ciencia demasiado joven”y a la suya como la que introduce un enigma no resuelto del origen, Freud supone una ventaja de la verdad histórica por sobre la verdad material. Al consistir en su naturaleza ficcional, ese saber es fragmentario, una pieza suelta de un bricolage.
Dice: “El psicoanálisis es incapaz de crear una concepción del universo, no la necesita; es un trozo de ciencia y puede agregarse a la concepción científica del universo (…) el pensamiento científico es demasiado joven, y tiene rasgos esencialmente negativos, como el sometimiento a la verdad material y la repulsa de las ilusiones (…)”. Y continua: “aquellos de nuestros semejantes a quienes no satisfaga este estado de cosas y demanden algo mas para su satisfacción pueden procurárselo donde lo encuentren”.
Por otro lado habría que ubicar el debate Freud-Lacan en este punto. “Cuando Lacan señala que Freud no es evolucionista sino creacionista, está deliberadamente cambiando los enfoques desde donde Freud habla del ateísmo. Ahora podemos preguntarnos ¿Para mostrar que?: ¿Que el discurso científico obnubilaba a Freud en torno a un problema que no deja de ser clínico?- se pregunta Elena Levi-Yeyati en un texto (4) sobre la pregunta si un analista puede ser ateo.
 
Es cierto que la perspectiva evolucionista invade también al psicoanálisis sobre todo cuando se lee la clínica en términos de “fases de maduración” hacia una “genitalidad adulta” o de regresión temporal frente a los ideales adaptativos. Hay un ambientalismo siempre “urgente”que busca demorarse en el tiempo de comprender. Además, como señala Lacan (5), si Freud se empeña que “eso” fue real “escribió Tótem y Tabú para decirlo, ocurrió así por fuerza, y ahí empezó todo, o sea, todas nuestras complicaciones, incluyendo la de ser psicoanalista”. Consecuencia: hablar de la situación actual del psicoanálisis en esta coyuntura religioso-científica implica hablar de nuestra propia relación a la causa.-
 
 
 
 Notas
 
(1) John Dupré: El legado de Darwin- que significa hoy la evolución- Ed. Katz, Bs. As. ; 2006.-
(2) Howard Gardner: La nueva ciencia de la mente-historia de la revolución cognitiva-Pág.53.Ed.
Paidós, Bs. As. 1987.-
(3) AAVV: Le livre noir de la psychanalyse-vivre, penser et aller mieux sans Freud -Pág.50-51. Ed. Les arenes, Paris, 2005.-
(4) Creacionismo y evolucionismo. En www.descartes.org.ar
(5) Lacan, Jacques. Seminario libro 17. El reverso del psicoanálisis. Pag.119.Ed. Paidós, Bs As, 1992.-
 
(*) Intervención en la mesa sobre el libro El legado de Darwin de J.Dupre, en la actividad de Lecturas Criticas. Centro Descartes, 2006.-