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Amar su más allá -una lectura de “La Ciencia y la verdad”- (*)

Escrito por Enrique Acuña.

¿Qué queda del estructuralismo en el psicoanálisis? Esta pregunta recorre el texto de los Escritos La Ciencia y la verdad.  Lacan subraya una frase enigmática: “el sujeto del psicoanálisis es correlato del sujeto de la ciencia”. La ciencia que fabrica más significado en su técnica en contra de la creencia que el síntoma significa un amor más allá del ego.

Los sujetos de la misma moneda no son idénticos sino un retorno de aquello que se rechaza en un campo y vuelve en el otro. Al evocar a  Koyré en su Pensar la Ciencia, Lacan  sitúa los cortes históricos que la ciencia hace de un saber acumulado: la doxa. Pero entonces se pregunta si un error de calculo científico podría causar una invención. No hay saber acumulado sino errores sumados que generan invenciones. En este año 1965 el Seminario es El objeto del psicoanálisis y llama la atención que el otro de la ciencia a quien se dirige sea el estructuralismo formal de Claude Lévi-Strauss, lo social de la ciencia antes que la física. Porque es en su estructura formal que Lévi-Strauss se apoya para orientarse hacia una ciencia del mitema , reducción de las variaciones sociales del mito en una fórmula que, como objeto sin viviente, rechaza al sujeto de la invención y prefiere su combinatoria pura.  

 

¿Por qué Las estructuras elementales del parentesco, representa a la ciencia, siendo que Lévi-Strauss es de las ciencias sociales y no de la física? El otro de la ciencia es Lévi-Strauss, y no es Newton. Lacan se apoya en la lógica del inconsciente como “matemática del significante”, término que lo distancia de una matemática del lenguaje que vía el signo empuje a la pasión del significado.

 Despejando al psicoanálisis de la lingüística y la antropología estructural, Lacan supone una causa material del significante que no es la de la ciencia, ni la de la religión, ni  la magia, siguiendo la Física aristotélica. 

En lo social del lenguaje hay un “viviente”, término de Lévi-Strauss para “todo aquel que habla”, comprueba que “la riqueza en palabras abstractas no es patrimonio exclusivo de las lenguas civilizadas. (1) Pero si ese viviente puede ser clasificado como objeto natural. Problema de clase que surge del hecho de que el objeto de tal ciencia no esta determinado: hay clases que son interactivas dice Hacking- y otras indiferentes a esos nombres distintivos. El hablante interactúa y cambia su significación social de época, donde se legitima su nombre: a diferencia de una roca que es imposible de variar por la significación social del bucle clasificatorio, siempre sensible a una retroacción.

 

En El pensamiento salvaje (capítulo “La ciencia de lo concreto”) Lévi-Strauss tratará de situar sus objetos de clasificación como pasibles de ser nombrados por la ciencia, que si bien acepta la eficacia de lo simbólico –el equívoco- lo reduce a un real numerable cuyo ideal es una matema del mito. Hay la estructura simbólica y la combinatoria significante pero no se capta su agujero causal. Ese vacío de la causa lo barra al mismo tiempo que  el significante toca el cuerpo del viviente. Ahí donde la causalidad social empuja hacia el mitema,  Lacan opone el mitante, un sujeto móvil, dividido y  transformado por las permutaciones.

Importa el concepto del antropólogo llamado “función del cero”, heredero de la función del “maná” de Mauss, un punto rotacional dentro de la cadena de símbolos que se vuelve exterior y adquiere la función de llamar a otro. Más adelante es el Nombre-del Padre, significante que toma el comando de llamado a otro y ordena una ley para esa secuencia.

Sin embargo el signo del mitema conduce a la identidad de un ego, concepto que en Levi-Strauss es la sutura de la división del mutante, y supone el signo unívoco de lo concreto.

Si el pensar que deja al ser en falta cartesiano es el nacimiento de la ciencia. Cogito ergo sum, dice Lacan, “pienso, luego existo”. El ergo como partícula conectiva entre pensamiento y ser permite la modulación de una serie de relaciones según el uso para dar sentido a una frase.  “soy, luego pienso”, después “pienso, luego soy”, que por la vía de la negación (soy donde no pienso, pienso donde no soy) generan la lógica de la separación del sujeto del Otro del lenguaje.

Lacan, en este texto “La ciencia y la verdad” se aleja del estructuralismo de 1953 cuando dice: “La pertenencia que la obra de Lévi-Strauss manifiesta a semejante estructuralismo sólo se pondrá aquí en el haber de nuestra tesis contentándonos por ahora con su periferia. Sin embrago, está claro que el autor hace valer tanto mejor el alcance de la clasificación natural. (2) (…) “matemática del significante, como en toda ciencia hasta ahora”. (3) Lo que dice aquí Lacan es que justamente, hay un momento de la ciencia donde se abandona la intuición o el saber perceptivo por intuición, y se entra en cierto racionalismo y que cuando entra la razón  entre el mundo de lo sensible y lo inteligible de un saber acumulado que nos dice el nombre en latín de la clase. Lo reprimido no se revela sino por la imposibilidad que sigue a la impotencia del saber la verdad, punto de separación de esos dos registros.

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Lo inconsciente se revela como imposición, por ejemplo, el texto de un sueño (S1), sobre el cual en un segundo tiempo hay una asociación, el S2, que es el saber inconsciente, lo reprimido, como ramificación.

Ya no es que  “la verdad habla”, sino la verdad es una revelación del inconsciente que remite a un saber reprimido que se evanesce, al captarla, se pierde. Pero es el procedimiento, no ya con el sujeto de la ciencia que el sujeto de la ciencia es el mismo que el sujeto del psicoanálisis. El objeto que trata la ciencia es diferente del objeto del psicoanálisis. ¿Por qué el objeto va a ser diferente? Ahí hay una línea roja con la ciencia de lo concreto de Lévi-Strauss. Porque al clasificar Lévi-Strauss las estructuras elementales del parentesco, los sujetos hablan, pero si se interpreta un objeto que no está previamente construido se requiere una ciencia conjetural. De esa falla surge el llamado objeto a.

Comprueba que en la antropología el informante se identifica, en tanto ego, al sujeto que lo va a descifrar, que es Lévi-Strauss, al grafo que este le dibuja. El informante dibuja el grafo de Lévi-Strauss. O sea, que se identifica, como objeto, a aquello que el otro quiere escuchar de él. El problema es que incluso no es el grafo de Lévi-Strauss; es algo que él desconoce de él mismo. Entonces no interactúa sino que se hace una roca: es su identidad de ego localizado en un grafo. “¿qué nos dice, sino que extrae allí también el sujeto de la combinatoria en cuestión, aquel que en su grafo no tiene mas existencia que la denotación ego?”

Al identificarse al grafo de Lévi-Strauss, el informante es creyente del Otro. Ahí la creencia es igual a la identificación. Pero Lacan dice: qué problema sería creer, no en el objeto que me está diciendo el otro, sino creer en un objeto que yo no soy, que sería el inconsciente, o que yo no sé aún que soy. Creo aunque no sepa en que creo.

Entonces la creencia, del lado de la ciencia, es a la clase. Lacan escribe así esto: S (A), mientras que si la creencia es en el inconsciente, en el síntoma, o un nombre del inconsciente, ya no es una clase, salgo de las clasificaciones típicas (histeria, obsesión) y entro en una manera de nombrar que está interactuando con un objeto que yo no sé –en exclusión interna al que habla. Hay un nombre que está en suspenso y que entonces es amar el inconsciente desde su falla, S (A tachado).

 

La creencia en época de “planetarización de la voz y de la mirada” impone significados y no significantes. ¿Cómo llamar a la enfermedad del significado? El significado está prét a porter, quiere decir, dispuesto, ahí listo para el consumo.

Las creencias, su sistema y valor se transforman por los efectos de la ciencia, no sobre el saber disponible solamente, sino por la técnica que genera estilos de vida en la eficacia del significado. La enfermedad del significado, ya no es que son todos errantes por el relativismo sino que hay que renovar el equívoco de la palabra. ¿Ciencia o religión? Para que haya una creencia en el síntoma yo tengo que suponerle verdad. Después va a ser suponerle saber. Que esa verdad es causa.

Hay una proposición verdadera y una falsa; al poner en juego lo verdadero y lo falso, resta algo por decir. A la realidad que plantea la ciencia como realización del objeto que se materializa, nosotros oponemos, la realidad psíquica como potencial, no realizada que tiene tanta eficacia como la otra. Wittgenstein dice “Mi único propósito es arremeter contra los límites del lenguaje. Este arremeter contra las paredes de nuestra jaula es perfecta y absolutamente desesperanzado” (4). Wittgenstein no creía que el lenguaje podía sacarlo de ningún problema. El lenguaje era una operación lógica. En Radiofonía, Lacan dice lo opuesto: “No articulé la topología que delimita la frontera entre saber y verdad sino para mostrar que esa frontera está en todos lados y no fija dominio mas que cuando uno se pone a amar su más allá” (5) Frente  a la enfermedad del significado hay la creencia que el lenguaje podría ser una invención, no las paredes de una jaula.-

  

Desgrabación de Sebastián Ferrante(*) - Resumen de la clase del 16 de septiembre de 2009 del curso anual de Enrique Acuña, “De la insistencia a la existencia”.-

NOTAS

(1) Wittgenstein, Ludwing. Conferencia sobre Ética. Extraído de “Transferencia y ciencia”, de Enrique Acuña. Publicado en Anamorfosis Año I – Número I. Publicación de Perspectiva Lacaniana Biblioteca e Investigación. La Plata, Junio de 1993. Pág. 35.

(2) Lacan, Jacques. Radiofonía. Extraído de “Transferencia y ciencia”, de Enrique Acuña. Publicado en Anamorfosis Año I – Número I. Publicación de Perspectiva Lacaniana Biblioteca e Investigación. La Plata, Junio de 1993. Pág. 35.

 

(3) Lévi-Strauss, Claude. El pensamiento salvaje. Cap. 1: “La ciencia de lo concreto”. Fondo de Cultura Económica, México, 1997, Pág. 11.

(4) Lacan, Jacques. “La ciencia y la verdad”. En Escritos 2. Siglo Veintiuno Editores, Capital Federal, Argentina, 1987, Pág. 840.

(5) Lacan, Jacques. “La ciencia y la verdad”. En Escritos 2. Siglo Veintiuno Editores, Capital Federal, Argentina, 1987, Pág. 840.