E-textos

Imprimir

Situación platense (I) -un fantasma “pasa”-

Escrito por Enrique Acuña.

Nunca hablé de formación analítica, hablé de formaciones del inconsciente.

No hay formación analítica, del análisis se desprende una experiencia

a la que es completamente errado de calificar de didáctica.

Un análisis implica la conquista de un saber que está ahí antes que lo sepamos.

Esto es el inconsciente y desde luego que el sujeto debe aprehender allí como es que ello se produjo.

 

Jacques Lacan “Sobre la experiencia del pase”-1973-

 

1-Saber no es información

Este párrafo de Lacan sobre el estatuto del saber del inconsciente comentado en las últimas Jornadas de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata a la luz de “la biografía cuestionada”, nos conduce al plus de una enunciación: ¿Cómo valorar esa moneda de saber producida en la experiencia de un análisis?

Deseo de Lacan: se podría aprehender esa otra cosa que no es una mera información técnica, sino una revelación de algo imponente por la novedad de su relato: urge entonces la prueba de la enseñanza del psicoanálisis, prueba no menor que el “pase” sobre el final de un análisis.

El “trueno” del saber sobre la verdad “rige para todos”, pero solo algunos pueden contar qué objeto se alumbra de las sombras. Si un análisis conduce a una formación, los analistas no pueden ausentarse de articular los modos de producción de ese saber con los modos de organización. Son sus fundaciones las que permitirían trasmitir ese “relámpago” de la verdad más ahora en la época mediática de las masas, que también en algunas ciudades funcionan como masas analíticas.


2-Movimientos hacia dónde?

En noviembre, celebramos la fundación de la Sección La Plata de la Escuela de la Orientación Lacaniana, en tanto supone un acto que resignifica el futuro anterior de la formación de los analistas. Hace dos años acompañamos activamente en coloquios un movimiento previo –el M.O.L- para dialogar sobre la pertinencia de los dispositivos y la anulación de los rasgos locales en la aspiración a la “pertenencia” a lo mundial de una Escuela lacaniana, orientada. Pero se sabe; ante la siempre inclusiva reunión de semejanzas, hay exclusiones de la diferencia, de modo que ahora se hace necesario una revisión crítica de ese gesto.

Entender qué precipita una fundación con la prisa del incauto, requiere un diagnóstico de la situación local del psicoanálisis en una ciudad que se quiere universitaria y burocrática, pero que tiene (también) la audacia de lo político –una tercer pata al trípode de los registros del saber- .

Recordamos entonces que en el contexto de la “glocalización” –localizar lo global como saber interpretar lo universal en la lengua de esa particularidad- cualquier fundación se debe previamente a la “estética de la recepción” (Bajtin) y que se inscribe en las comparaciones de lo internacional -el “horizonte de expectativas”-. Entre lo que se espera como Ideal y la recepción como deseo hay diferencias. Esto requiere saber pintar lo que espera la aldea, como así también pintarse en ella como voz nativa.

En la época de la economía del capital, la gestión puede reducirse a la construcción de más mercado, igual más consumo (lógica de su discurso), pero aquí y para nosotros ahora, se trata de la producción de analistas y la demanda a ellos como consumo del mercado de saber.


3-Demanda de formación

Entonces (1), analizamos la lógica interna de ese discurso en la época del A.E. (Analista de la Escuela), nominado por un jurado que están en riesgo de considerar didáctico el procedimiento. Ya en esos lacanianos años setenta: J.- A. Miller afirma; “El pase en efecto, modifica la noción del proceso analítico. Cambia “en un pelo” dice Lacan (“Discours a la E.F.P.”) pero cambia, “la demanda de análisis con fines de formación”.(2)

La oferta crea la demanda. El A.E. se dibuja como nuevo ideal adquirible. Ante este cambio histórico, vale la pregunta de si ese Analista solicitado con fines de formación por los nuevos “candidatos”, será un analista del consumo, objeto “listo para llevar” en el supermercado del saber, aunque ya no sea el mismo didacta de la IPA. O tal vez, y al contrario si mantendrá la máxima diferencia en términos de un deseo por lo inédito.

En nuestra época donde los procedimientos dependen de la impuesta “ideología de la evaluación”, observamos la seducción que causa no tanto la Universidad con sus unidades de valor curricular, como la tecnocracia de las maestrías con la profesionalización de las prácticas. Como ejemplo, una joven “psi” aspiraba terminar su carrera, luego su maestría, y luego su doctorado… al infinito consumo en la carrera del consumidor eterno y con el valor de cambio que el mercado exija. Ahí se realiza algo del sueño de la autorización.

 

4-Paradoja: abrir cerrando

Lacan intrépido soñaba que el analista “se autoriza a sí mismo” en el contexto de su enseñanza, es decir su Escuela, pero en tanto “solo el analista se hystoriza a sí mismo” si escribe sobre su terminación del análisis, aspiración que a veces, “felizmente” fracasa. Esta salida lacaniana de un “pase” fue en la coyuntura de la IPA del didáctico y causó escisiones dentro de su misma parroquia. Porque repetimos: “Cambia la demanda con fines de formación”. Así hoy en esta ciudad tan cercana a la Capital, el joven aspirante corre unos kilómetros cual tortuga de Aquiles a “pasar el pase”. Esta nueva identificación hace que sobrevuele un fantasma sobre el Rio de la Plata: el truco del didácta.

La risa del capitalista, sin embargo, no es la mueca inquietante de Lacan por el hecho enorme de que “no hay saber sobre lo sexual”, y el analista no es más que “el hombre de paja del Sujeto supuesto saber”, es decir que nada del saber imaginado cubrirá la causa que nos haría desear una Escuela abierta pero cerrada. Conviene leer Russell pero no sin un diván.

 

(1)- Véase en El Loro de AVA Número 17, el comentario de Fátima Alemán a esa mesa y la reseña de Marcelo Ale al excelente libro de Antoni Vicens.

(2)- J.-A. Miller: “Introducción a las paradojas del pase”. Ornicar? 1. Ed.Petrel. 1978.