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La suspensión de la incredulidad - entre ficción y pragmática- (*)

Escrito por Christian Gómez.

1. La moneda lingüística de Coleridge

 

 

-Posible, pero no interesante. Usted replicará que la realidad no tiene la menor obligación de ser interesante. Yo replicaré que la realidad puede prescindir de esa obligación, pero no las hipótesis.

Erik Lönrott

 

Samuel Taylor Coleridge vivió los aires revolucionarios de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Poeta, filósofo y crítico literario inglés, los textos sobre literatura, política  e historia de los movimientos culturales lo acercan al auge del romanticismo y el surgimiento de la novela, pero también de cierta estética que se plasma en el teatro y la poesía y que descree de la estructura y la métrica propia del iluminismo para proponer por el contrario una retórica de las pasiones donde el texto se apoya en la sensualidad del cuerpo mientras los vientos de la revolución se expanden con sus consignas de libertad e individualidad.

 

Dedicado al rescate de géneros literarios en desuso como la rima (escondida en los sectores populares), Coleridge nos interesa en tanto introduce en el debate de las luces lo ficcional, lo fantástico e incluso lo sobrenatural como género a partir de un sintagma que lleva su firma, con el que repasa su propia producción y queda plasmado en la Biographia Literaria de 1817. Se refiere allí a sus creaciones como sombras de la imaginación, personajes incluso sobrenaturales que pueden tener una apariencia de verdad suficiente con una condición: la suspensión (voluntaria) de la incredulidad, la cual constituye  la fe poética.

Esta afirmación pone en juego no una ideología romántica sino más bien un método para producir un efecto en el espectador o en el lector sin el cual no es posible el hecho artístico. Se trata de lo verosímil más que de lo verdadero para despertar aquellas pasiones románticas que Sigmund Freud escucho en las histéricas de fines de siglo XIX: el temor, la culpabilidad, las figuras del retorno de lo reprimido. En La rima del viejo marinero (1797), clásico de la literatura inglesa, un marino es atacado por criaturas fantásticas luego de matar sin razón aparente a un albatros. El poema narra en forma de rima los tormentos que se suceden a ese hecho.

Lo que Coleridge no imaginó, o tal vez sí, es el destino que le esperaba a su moneda lingüística en el transcurrir de la modernidad y que hoy tomamos en tanto nos da ocasión de interrogar el papel de la creencia (fe poética) que permite comparar los procedimientos de la ciencia y las religiones, pero también del arte y el psicoanálisis proponiendo lo siguiente: La suspensión de la incredulidad es el elemento común a partir del cual es necesario situar las diferencias entre estos discursos.

Voy a tomar, para comenzar a desarrollar esta hipótesis, un fragmento de un libro de divulgación científica escrito por un físico argentino que enseña en los Estados Unidos. Se trata de uno esos textos de divulgación. Borges y la física cuántica es el título y de entrada el autor, Alberto Rojo, propone el género ciencia-ficción como una  expresión que implica que en la ciencia hay más ficción de lo que se cree y que a la inversa hay ejemplos en la literatura de fragmentos que encierran una posterior confirmación científica.

El eje central de esta tesis es a su vez ficcional (quiero decir que es hipotético): Las ficciones borgeanas, y otras ficciones literarias, pueden leerse como textos científicos. En el terreno de la investigación científica así como en el ámbito del arte, literario en este caso, es imprescindible no solo lo verosímil sino incluso cierto carácter estético a la hora de formular los supuestos, es decir las proposiciones que orientan el trabajo en, dice, la búsqueda de la verdad. Este sesgo supone por un instante la formulación de la fe poética que Coleridge propuso como condición metodológica de la obra literaria en tanto tiene efectos en el espectador que consiente la trama como posible. Solo de este modo el texto (obra teatral, poema, novela, tesis científica) produce un efecto que pone en juego una dimensión de la verdad.

En el psicoanálisis conocemos la formulación de Jacques Lacan según la cual la verdad tiene estructura de ficción, afirmación que incluso le permite decir que el síntoma es verdad en tanto está hecho de la misma madera, es decir de la madera de la ficción. Es preciso, entonces, dejarse engañar y solo con esta condición podemos decir que un análisis ha empezado. Sustitución de la incredulidad, que puede dominar los comienzos de la experiencia, por la suposición de un saber  al inconsciente  que habla en el sujeto.

Ahora bien, si este operador inventado por un poeta inglés del siglo XVIII nos permite acercar ciencia, arte, religión y psicoanálisis; para ubicar las diferencias entre ellos, y lo específico del psicoanálisis, es necesario situarnos en la época que nos hace un lugar y a su vez en las condiciones de recepción del psicoanálisis, invento freudiano que va hacia el bicentenario.

 

2.      La modernidad nerviosa

 

“Quien tiene ciencia y arte,

Tiene también religión.

 Quien no tiene ciencia y arte,

¡Pues que tenga religión!”

Heinrich Heine

 

Suele aceptarse hoy, en el contexto del psicoanálisis, que es necesario caracterizar las transformaciones discursivas que hacen al rasgo de una época para poder ubicar allí la incidencia, incluso la posibilidad del psicoanálisis. En este sentido, Freud vivió un tiempo que calificamos como victoriano y que a grandes rasgos se define por la incidencia de la ciencia moderna como semántica de la época a partir de un corte, una aparente ruptura con las consignas religiosas del medioevo. Digo aparente en tanto podríamos rastrear la incidencia actual de la religión e incluso de las religiones como narraciones que otorgan un sentido a la existencia a la vez que delinean una moral, es decir los modos de vivir.

Es interesante que Freud diagnostique a la modernidad como “nerviosa” y que a su vez ubique en los efectos de la moral sexual  la causa de esta nerviosidad (“La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”).  Antecedente de  “El malestar en la cultura”, Freud interpreta la posibilidad de lo que denomina Kultur como inherente a una renuncia de lo pulsional en una tesis donde la religión como relato mítico organiza el intercambio en una regulación simbólica donde el padre funciona como un nombre (Lacan hablará del Nombre del Padre) e incluso como garante del orden simbólico. No solo la religión sino que también la ciencia y el arte son para Freud semánticas, metáforas del intento, fallido,  de dominio sobre lo real de la naturaleza (ciencia), el sentido de la existencia (religión), o poderosa distracción (arte) ante los modos de retorno de lo rechazado como condición de la cultura.

La neurosis, entonces, es inherente a la cultura y es un efecto de ella. El psicoanálisis irrumpe como un dispositivo que interpreta los síntomas como un efecto de retorno de eso rechazado, lo cual es equivalente a decir que la cultura falla en su propósito, digamos, fundante.

Esta falla impacta en esa concepción del padre que podía regular como palabra a partir de constituirse como un nombre y a partir de la posibilidad de nombrar. De allí la pluralización de los nombres en tanto particulares como rasgo contemporáneo. Freud, como señala Enrique Acuña en “Semblanzas reales -de los meteoros a Internet-” (Resonancia y silencio-Psicoanálisis y otras poéticas. EDULP. La Plata, 2009), era un hombre de ciencia y cree más bien en la eficacia de la ciencia que podrá algún día destronar a la religión. Jacques Lacan, por el contrario, habla más de la incidencia de la ciencia y sus efectos como determinantes del malestar y cree que la máquina de producir sentido de la religión es más poderosa. De uno a otro, se reorganizan los efectos de retorno de lo reprimido permitiendo al psicoanálisis atravesar el siglo XX en un efecto de dispersión no solo en términos geográficos sino de incidencia en las múltiples formas del sufrimiento que conlleva la cultura.

 

3.  Entre ficción y pragmática

 

Si al comienzo era el verbo, al final hay un saber del silencio,

siendo el psicoanálisis un procedimiento sobre los límites del lenguaje.

Enrique Acuña

 

El siglo XXI puede ser lacaniano en los efectos que podrían constatarse de la presencia del psicoanálisis en la cultura. Esa presencia es equívoca. Fue concebido por su inventor como un discurso que no se identifica a los ideales de la cultura, no es por lo tanto un dispositivo atemperador, terapéutico, aunque tiene efectos terapéuticos. Es más bien un cuerpo extraño, un síntoma de la cultura que a veces es absorbido por ella y se transforma en un producto más  que se ofrece al consumo.

Ya no es válido caracterizar nuestro tiempo como victoriano sino que más bien podemos decir que vivimos las consecuencias de las fallas de los ideales de la modernidad. Más que grandes narraciones universales, es la época de los nombres particulares en función de las modalidades de satisfacción para cada quien en un colectivo que se constituye por oposición a otro sin que se vislumbre una convivencia pacífica entre ellos. Si el axioma moderno de la renuncia y la prohibición es sustituido por una suerte de permisividad contemporánea y una tolerancia al goce ello no resulta más eficaz, sino que por el contrario solo pone de relieve las diferentes modalidades de rechazo de la diferencia.

¿Qué es lo específico de la experiencia analítica en tiempos así delineados? El inconsciente, concebido por Freud como una hipótesis que permite explicar los síntomas, supone esa fe poética a la cual  hice referencia al inicio de este trabajo. Lejos de ofrecerse a cualquier disciplina del conocimiento, un análisis es más bien una experiencia que puede comenzar justamente cuando el conocimiento falla, ya sea por ineficacia o por mostrarse en falta, por constituirse como laguna en el recuerdo o como explicación inútil.

Es la conexión de una carencia en términos de saber con un saber supuesto por venir que será entonces el producto de esa experiencia y no simplemente el efecto de un velo descubierto. El famoso descubrimiento del inconsciente tiene más bien las dimensiones de una articulación nueva hecha de palabras que tal vez ya habitaban la vida de alguien pero que experimentan una nueva combinatoria. Las palabras se dicen cada vez en el curso de un análisis produciendo un efecto novedoso que tiene consecuencias en una vida en tanto vehiculizan  una acción. ¿Qué se hace con lo que se dice? Dimensión de una pragmática analítica que es efecto de un corte en la experiencia que está más allá de la fe poética del inicio y hace que la máquina ficcional se invierta y vaya hacia una novedad. Ya no se trata del inconsciente fantasmático que puede gozar del sentido de las palabras sino más bien de una política en acto.

Ni ciencia ni religión, el psicoanálisis es esa experiencia a partir de la cual alguien extrae de las combinatorias de palabras, que Freud denominó asociación libre, un nombre que vale solo para él y tiene además un valor parcial, no nombra todo. Deja un resto que es a la vez causa y efecto de esa experiencia. En tiempos que empujan a la identificación masiva a términos jurídicos, científicos, incluso religiosos, no parece poca suerte hacerse, a partir de una experiencia, un destino singular.

 

 

 

Christian Gómez: Director de Enseñanzas de la Asociación de Psicoanálisis de Misiones. Coordinador de la Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta (IOM2).

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 (*) Escrito a partir de las clases del curso La experiencia inconsciente -el psicoanálisis ante la ciencia, el arte y la religión- dictado actualmente por el autor en laAsociación de Psicoanálisis de Misiones. Una versión de este trabajo fue presentada en el V Encuentro del Psicoanálisis con la Historia y la cultura: El malestar en la cultura y su futuro anterior. Asunción, Paraguay. 13 y 14 de septiembre de 2013. organizado por la Asociación de Psicoanálisis Paraguaya Arandu (APPA) con los auspicios de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata (APLP), la Asociación de Psicoanálisis de Misiones (APM) y la Asociación Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco (A.C.I.D.)

Publicado en revista Conceptual -Estudios de Psicoanálisis- nro. 14. Año 2013

 

Bibliografía

-Acuña, Enrique: Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas. EdULP. La Plata, 2009.

-Lacan, Jacques: “La ciencia y la verdad”. Escritos. Siglo XXI. Bs. As., 2006.

-Miller, Jacques-Alain: Punto cenit. Ciencia, religión y el psicoanálisis. Colección Diva. Bs. As., 2012.

-Freud, Sigmund: “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”. Obras Completas. Amorrortu Editores. Bs. As., 1995.

-Freud, Sigmund: “El malestar en la cultura”. Obras Completas. Amorrortu Editores. Bs. ASs., 1995

-Ale, Marcelo: Pasión y encanto en la experiencia analítica. El ruiseñor del Plata. Ediciones de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata. La Plata, 2010.

-Borges, Jorge Luis: Ficciones. Debolsillo. Bs. As., 2012.