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La feminidad y la mascarada femenina como creaciones del objeto

Escrito por Marcelo Ale .

El sábado 3 de Abril se realizó en la APLP la Jornada de Apertura, bajo el título Creaciones del objeto, los temas trabajados fueron fobia, fetichismo y feminidad. La misma constituyó la presentación del Programa de Enseñanzas en Psicoanálisis (PEP) Ciclo 2004. El presente artículo integró la mesa final sobre feminidad.


Lo masculino y lo femenino en el psicoanálisis.

En el año 1923, al final de La Organización genital infantil, en el momento en el que está escribiendo los distintos pares de oposiciones en las diferentes fases del desarrollo sexual, Freud afirma que en la fase fálica -en la que predomina la premisa que todos tienen pene- el par de oposición es fálico/castrado, es decir posesión o falta de pene. Sostiene además que esto implica que en el inconsciente lo masculino coincide con la posesión de pene, pero que en cambio no hay representación inconsciente de lo femenino. No hay en el inconsciente una representación que designe, que agrupe a lo femenino. Hay fálico o castrado, pero si bien masculino coincide con fálico, femenino no coincide con castrado, es carencia fálica, es lo negativo de lo que hay.

Freud desde allí distingue a los dos sexos por el modo de relación con el tener fálico: uno lo tiene el otro no, de lo que resultan consecuencias subjetivas como por ejemplo la fobia, el fetiche y la sexualidad femenina tal como lo plantea Lacan en La significación del falo y en el seminario La relación de objeto. Estas consecuencias subjetivas del encuentro con la castración en los dos sexos, Freud las amplía en el artículo de 1925 titulado justamente Algunas consecuencias psíquicas de las diferencias anatómicas entre los sexos. Las consecuencias subjetivas son: para el que tiene, temor de perderlo, para el que no, anhelo de poseerlo (angustia de castración y envidia del pene sostendrá al final de su vida en Análisis terminable e interminable)

Del lado masculino entonces, defensa ante la posibilidad de la pérdida, del femenino tres respuestas posibles; son las que Freud designa en Sobre la sexualidad femenina (1931) y en la conferencia del año´33 llamada La feminidad, posibles salidas de la mujer del complejo de castración:

-Inhibición de la sexualidad (apartamiento del quehacer sexual)

-Complejo de masculinidad (porfiada creencia en la conservación del pene)

-Feminidad: salida que supone el recupero fálico vía la ecuación simbólica niño = falo como objeto que compensa la falta. Es una posición expectante que pasa por la mediación del hombre. Para Freud esta mujer es la que acepta la falta fálica e intenta recuperarla vía el niño = falo que recibirá del hombre.

Hay un desplazamiento de Freud a Lacan respecto de la problemática de la sexualidad femenina, que comienza ya a vislumbrarse en La significación del falo. Es indudable que Freud acentúa el falocentrismo que implica que tanto en hombres como en mujeres se trata de tenerlo (conservarlo en un lado, recuperarlo en el otro). El hombre se presenta teniéndolo, la mujer queriéndolo tener.

En cambio Lacan, si bien no desestima la primacía del tener del falocentrismo freudiano, acentúa la dimensión del ser que también se pone en juego en esta relación del sujeto con el sexo. El hombre compensa la falta en ser que introduce la castración con el tener (posición sexual masculina que define en el seminario La angustia con la expresión tengosoy.

En la mujer se abre una nueva dimensión que consiste en extraer una consecuencia de ser de su relación con el hombre. Esta es la vía que nos introduce en la función de la mascarada femenina. Se abre desde Lacan entonces, la solución por la vía del tener o del ser.

Esta vía de solución por el lado del ser, en La significación del falo, Lacan la introduce como un avance respecto de la solución por el tener fálico freudiano. “Se introduce la intervención de un parecer, que sustituye al tener, para protegerlo por un lado (el masculino), para enmascarar la falta en el otro(el femenino)... Es para ser el falo que la feminidad despliega todos sus atributos en la mascarada... así se establece la función de la mascara” De este modo introduce a la mascarada femenina como un intento, vía el “parecer ser” por reemplazar la insuficiente solución por el tener. Desplazamientos que reactualiza los interrogantes por el deseo de la mujer.

El falocentrismo freudiano lo aleja de la interrogación por el deseo del hombre. En este sentido Freud no duda, y lejos de considerarlo como el continente oscuro lo define con claridad: el hombre desea un objeto que compense la pérdida del objeto primordial, la pérdida primaria, la castración.

Lacan no se opone a esta consideración y la ratifica al afirmar la misma idea con la fórmula del fantasma en donde el sujeto dividido se complementa con su objeto que designa a.. De allí se desprende toda la fenomenología del hombre lacaniano apegado a sus teneres.

En cambio, a diferencia de la certidumbre que en este sentido proporciona la posición masculina, los interrogantes, en función de la posición falocéntrica, recae sobre el deseo de la mujer. Tal es así que el ¿qué quiere la mujer? ha sido el interrogante que ha provocado una basta literatura psicoanalítica.

La primera respuesta freudiana es que la mujer quiere el falo, en este sentido compensa su castración con el falo al igual que el hombre con su objeto sustitutivo.

La mujer que quiere el falo, según Freud, se lo pide al hombre de dos modos: bajo la forma del amor- ya que tener el amor de un hombre tiene una significación fálica- y bajo la forma del hijo y su ecuación fálica: tener un hijo y tener el amor entonces.

A nivel del amor no solo es un beneficio de tener lo que se pone un juego, sino también del ser: ser amada por un hombre da el sentimiento de ser algo.

Pero para Lacan no basta el deseo del falo para rendir cuentas de lo que vincula una mujer a un hombre, no es solamente el beneficio fálico lo que explica su ubicación del lado del objeto sexual. Esto solamente no identifica a la mujer.

De allí que avance en este sentido al considerar que la salida a la insuficiencia de la solución de tener el falo es intentar serlo como horizonte de la mascarada femenina. Vira la demanda de tener a la de ser que es uno de los nombres de la demanda de amor. En el seminario 20 Aún, dirá Lacan que las palabras de amor son metáforas del ser.

Respecto del deseo del hombre sostuvimos que desea el objeto que sustituya el primordial; pero en cambio para deducir el deseo femenino Lacan en “Ideas directivas para un congreso de sexualidad femenina” pone en claro que esta dependencia del deseo de la mujer respecto de la relación al hombre, permite deducir lo que puede ser el deseo femenino a partir de su modo de ubicarse en la relación sexual. Dice: “Es para la mujer que se debe deducir su deseo de su ubicación en el lazo con el hombre”.

Que no haya representación de lo femenino en el inconsciente para Freud o que La mujer no exista para Lacan, no significa que el lugar de la mujer no exista, sino que ese lugar permanece estructuralmente vacío. Y el hecho de que ese lugar quede vacío no excluye que se pueda encontrar algo allí. En ese lugar se encuentran solamente máscaras que son máscaras de la nada, y no de la masculinidad como afirmará Joan Riviere según lo veremos más adelante en relación a la mascarada femenina.

La mujer para relacionarse al hombre necesariamente debe pasar por la vía de la mascarada, es decir, disfrazarse del objeto del fantasma del hombre. En este sentido complementa el deseo del hombre de reemplazar al objeto primordial perdido. Tal es así que Lacan liga el ser mujer a complemento de la castración masculina.

No existe la mujer pero si los nombres sustitutivos como ropajes, como disfraces afirma J-A Miller en De mujeres y semblantes: la virgen, niña, la esposa, la prostituta, etc: Todos estos nombres, son nombres de lo que puede ser la mujer para el deseo masculino. De esto se trata en la mascarada, de vestirse con los disfraces del objeto del fantasma del hombre. Es decir que para Lacan ser mujer es ser complemento de la castración masculina. Hay complementariedad entonces entre el deseo masculino y el ser femenino que se pone en juego en la mascarada.

La mascarada femenina como semblante

La función del semblante:

J-A Miller en De la naturaleza de los semblantes afirma que “Llamamos semblante a lo que tiene función de velar la nada”. El semblante introduce un “parecer-ser” en el lugar de lo real, en el lugar del vacío de representaciones y significantes, es decir que el semblante va al lugar de la nada de la castración. Hacer semblante consiste en hacer creer que hay algo allí donde no hay nada.

Según este modo de concebir el semblante, presenta una función similar a la de la mascarada en tanto ese “parecer-ser” representa un “hacer como si” que vela lo real.

Vinculamos de este modo feminidad, mascarada y semblante.

Respecto de la función e la máscara, en el artículo de Joan Riviere titulado La feminidad como máscara, el autor para abordar el tema, hace mención al artículo de E. Jones titulado La fase precoz del desarrollo de la sexualidad femenina.

Lo que Riviere destaca es que se puede observar a partir del comportamiento femenino, que las mujeres que aspiran a cierta masculinidad pueden adoptar la máscara de la feminidad para alejar la angustia y evitar la venganza que temen de parte del hombre. La feminidad así llevada como una máscara, disimula la existencia de la masculinidad. La máscara femenina para él oculta una posición masculina, la creencia de que es poseedora del falo.

Eric Laurent en Posiciones femeninas del ser afirma que “hay dos tipos de ideas en relación a esta función de la máscara: una ingenua que cree desenmascarar algo debajo de la máscara y otra que sabe que bajo la máscara solo hay otra máscara. No hay nada bajo la máscara, solo hay la estructura de lo simbólico inmersa en lo imaginario como respuestas a la nada de la castración”.

La máscara es la escritura que resulta de la división subjetiva. La mascarada femenina no es una patología, es la presentación de un semblante que intenta suturar la castración del Otro.

La feminidad y la mascarada femenina como creaciones del objeto:
Semejanzas y diferencias con la fobia y el fetichismo.


Se trata de plantear -teniendo como horizonte el desarrollo del Seminario de Estudios Analíticos del año 2004 en la Asociación de Psicoanálisis de La Plata -algunos interrogantes respecto de la fobia, el fetichismo y la sexualidad femenina como tres modos de creación del objeto ante la falta primordial de objeto. Tengamos en cuenta que al seminario 4 que lleva por título La relación de objeto, J-A Miller propone llamarlo La función de la castración. Es de destacar que en su establecimiento lo subdivide en apartados referidos a la fobia, al fetichismo y a la sexualidad femenina como tres formas posibles de respuestas a la castración. Podríamos plantear que la función de la castración es introducir la falta del objeto, y que fobia, fetiche y sexualidad femenina como respuestas, son modos de volver a crearlo.

Desprenderé de allí dos interrogantes:

¿Cuáles son las semejanzas y diferencias entre esas tres formas de creación del objeto?

¿De que modo juega su partida allí la mascarada femenina?, es decir si puede considerarse como una manera más de creación del objeto.

Lo particular, a mi modo de ver, de la sexualidad femenina como creación, es el desplazamiento de la feminidad freudiana, (en donde el hijo = falo puede considerarse objeto creado que vela la castración), al objeto creado en el que ella se constituye. Es decir el deslizamiento de tener a perecer ser, o de la feminidad a la mascarada femenina. Hacerse objeto, parecer ser, es crearse como objeto que al igual que el fetiche y el fóbico, velan la nada de la castración. Por esta razón es que podrían ponerse en serie.

Para la sexualidad femenina habría dos formas de crear el objeto:

-Según las vías del tener, la ecuación de la feminidad hijo = falo. Según esta vía, la maternidad puede ser considerada como formando parte de la patología del tener. Ubicarse como Otro de la demanda es transformarse en la que tiene, en este sentido es semejante a la posición masculina en tanto se intenta suturar la falta por la fórmula tengosoy.

-Según las vías del parecer-ser de la mascarada en tanto se erige allí como el objeto que completa el fantasma del Otro, la castración del Otro. De aquí la idea de Lacan de la complementariedad entre castración masculina y ser femenino.

Para concluir, podríamos distinguir a la feminidad de la mascarada femenina al considerar que son dos modos diferentes en la mujer, de creación del objeto que compensa la castración el Otro.

La feminidad comparte con el objeto fetiche y el fóbico el intento de compensación de la castración por la vía del tener. En cambio, la solución por la mascarada femenina, introduce la compensación de la castración por la vía del ser.

Queda por saber, las diferencias y semejanzas que se podrían establecer entre feminidad y mascarada femenina con los otros modos posibles de creación del objeto como lo son la fobia y el fetichismo.

Bibliografía:

-Freud Sigmund. La organización genital infantil. 1923. Amorrortu.
-Algunas consecuencias psíquicas de las diferencias anatómicas entre los sexos. 1925. Amorrortu.
-Sobre la sexualidad femenina. 1931. Amorrortu
-Análisis terminable e interminable. 1937. Amorrortu
-Lacan Jacques La significación del falo. Escritos 2. Paidós
-Ideas directivas para un congreso de sexualidad femenina. Escritos 2. Paidós.
-El seminario Libro 10 La angustia. Inédito
-El seminario Libro 20 Aun. Paidós
-J-A Miller -De mujeres y semblantes. Cuadernos del pasador
-De la naturaleza de los semblantes. Paidós
-Laurent Eric Posiciones femeninas del ser. Tres Haches
-Riviere Joan La mascarada femenina.