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Retorno a Freud

Escrito por Daniela Ward .

Interesados en el debate Freud/Lacan en la Asociación, y a partir de discutir temas que surgen allí sobre la experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, empecé a preguntarme por las elaboraciones teóricas de Freud y Lacan en lo que en ellas compromete a una conceptualización diferente y en consecuencia a una práctica diferente.

Cabe entonces considerar que la práctica inaugurada por Freud se transforma en relación, o mejor decir, en su encuentro con la experiencia de lo real.

El soy freudiano de Lacan, imprime un lugar de coincidencias pero también de disidencias que ponen en cuestión la continuidad en la enseñanza, en un camino que traza la historia del psicoanálisis marcada por lo real, y que hace pasar al centro de la escena a la segunda tópica. O sea, el punto de inflexión es El yo y el ello, ya que circunscribe la reflexión para adentro del movimiento psicoanalítico, en tanto es tomado como el fundamento teórico que autoriza el dejar de lado lo anterior a 1923 y el pensar la práctica a partir de esta obra.

Desde el comienzo de su enseñanza hasta su última aparición en público en Caracas, Lacan reprocha a Freud la imprudencia teórica al introducir el esquema del capítulo II de El yo y el ello, en tanto con él autorizó sacralizar las tres instancias.

Sabemos que Lacan inaugura su enseñanza con la vuelta a Freud. Pero entonces, de qué vuelta hablamos cuando a ella nos referimos y qué hay de imprudente en la segunda tópica.

La vuelta a Freud o el retorno a Freud, es casi un imperativo lacaniano, justificado por el contexto del psicoanálisis del momento, en íntima relación con la impropiedad encontrada por Lacan en la segunda tópica. Este mandato responde al giro en los intereses de los analistas hacia el psicoanálisis que los alejó de los fenómenos que dependen del inconciente como reprimido, instalando el descrédito en el conjunto de los fenómenos donde con Freud, habíamos aprendido a encontrar el secreto del síntoma. Por eso con el Entréguense al desciframiento!! –como Miller traduce ese imperativo-, Lacan expresa esa vuelta y lo hace en Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, retomando la inspiración inaugural del psicoanálisis en un retorno a las formaciones del inconsciente.

De la misma manera el rumbo que el psicoanálisis venía tomando en el año 23’, y aún antes, dicta las teorizaciones de El yo y el ello a Freud, ya que las conceptualizaciones de sus alumnos a partir del encuentro en la práctica con lo real -entendiéndolo como el más allá del síntoma-, derivan en el carácter permitiendo extender las neurosis hasta crear, de alguna manera, otra patología curiosamente asintomática, en tanto afecta el comportamiento, la conducta, en definitiva el conjunto de la vida de un sujeto. Esta creación aparece justificada en el entender que el objeto de tratamiento había mutado y así fundan una nueva clínica.

Es a esa nueva clínica que Freud responde en el 23’ con la extensión del concepto de inconsciente. Así es que presenta al yo como una parte del ello: un yo vivido por fuerzas inconscientes, y por consiguiente, en absoluto autónomo. El yo y el ello es en sí mismo una modificación del yo, haciendo de él algo exterior a la represión por tener una parte inconsciente y no ser más que una diferenciación del ello, -integra así la noción de inconsciente no reprimido-.

Esta modificación implica a la neurosis más allá del síntoma para pensar la vida neurótica. Cuestión bien representada por el momento con la desvalorización de la calidad de ser consciente que valía para la primera tópica, donde los conceptos de represión y síntoma son el eje que guía lo que podemos enunciar según el modelo de las formaciones del inconsciente, como lo que se lee a partir de la articulación significante.

El retorno a Freud puede ser pensado entonces, como el retorno a la primera tópica, enfrentando a los conceptos resonantes del momento: carácter, defensa, goce y pulsión, los de síntoma, represión, deseo e inconsciente, en cierto modo borrados.

El análisis de lo acontecido en el psicoanálisis se puede advertir en el recorrido de estos términos. Creo que detenernos brevemente en el síntoma puede permitir un acercamiento al tema que me ha interesado esbozar.

Debemos partir de pensar al síntoma como aquello que comporta significación –la bedeutung de Freud- y a la vez, satisfacción para la pulsión –la befriedgung-. Este es el punto problematizado por Lacan.

Por un lado, Freud se esforzó en mostrar como satisfacción y significación van de la mano. Artículos como los que dan cuenta del giro producido en los años 20’ muestran la importancia otorgada a la satisfacción en el sufrimiento –las paradojas del goce con Lacan-. Léase aquí textos como Más allá del principio del placer, y la introducción de la repetición; El malestar en la cultura y El problema económico del masoquismo, donde retomando El malestar en la cultura y a través del superyó, sitúa la experiencia de lo real como eso imposible de soportar; también I.S.A., donde muestra la satisfacción propia del síntoma, es decir que éste puede ser más cosas de las que sus alumnos creían. -Y más temprano en sus teorizaciones también lo hizo en Algunos tipos de carácter dilucidados por la experiencia psicoanalítica, mostrando la yuxtaposición de ambos términos-. Podemos notar el esfuerzo por ampliar los horizontes donde se entendía y circunscribía el síntoma.

Por otro lado, debemos decir también que Freud justificó cierta literatura con otros artículos como el de La predisposición a la neurosis obsesiva, donde hace jugar una satisfacción que excede al síntoma, haciendo existir un modo de satisfacción de la pulsión que no compromete al síntoma, que no compromete el retorno de lo reprimido –o lo que con Lacan entendemos como no movilizar al síntoma como mensaje del Otro-.

Justamente ésto es tomado por Lacan para operar una subversión en la división freudiana. Por supuesto no invalida la base pulsional del carácter, en tanto entiende síntoma y carácter como modalidades de satisfacción de la pulsión y en su enseñanza esta reunión aparece representada en el sinthome que expresa la unión de lo simbólico y lo real –la unión de síntoma y fantasma-.

Lejos de una búsqueda más allá de la palabra del sujeto, Lacan carga todo en la cuenta del sujeto de la palabra, ese que es efecto del significante y que no se confunde con el yo.

Ubica al sujeto en relación con la pulsión, es decir lo hace entrar en el orden significante –por la unión operada en el retorno de lo reprimido y el goce pulsional. Es por eso que en Función y campo, por ejemplo, describe el comportamiento del obsesivo –sus rasgos de carácter-, como formación del inconsciente. Es su esfuerzo también, por marcar el significante en el nivel de la satisfacción de la pulsión.

Siguiendo su enseñanza, podemos ver que ésto lo realiza poniendo el acento en la relación del sujeto con el Otro -particularmente en la demanda del Otro-, entendiéndolo como ese tercer lugar que siempre está ya que no se trata de un mano a mano con el objeto, y que es introducido por Lacan en el Seminario 2 en el que está trabajando el concepto de yo para el psicoanálisis. Todo ésto confluye en el síntoma como mensaje del Otro. Si bien el síntoma compromete su parte real, además es imaginario y, si hay un psicoanálisis, será también simbólico.

Así es que, con la introducción del Otro en la pulsión, ésta será conceptualizada como posición subjetiva, en clara oposición a los analistas que creían encontrar en la pulsión arraigada al cuerpo el asidero del puro real.

Si bien, Lacan pensó la extensión del inconsciente -como Freud-, no renuncia a la estructura significante del síntoma y hace de él una estructura que permite pensar su extensión al conjunto de la existencia.

Este año trabajamos en el S.E.A. el comentario de la Carta Robada, el cuento de Poe, y ahí pudimos seguir estas conceptualizaciones. Lacan aplica el concepto de cadena significante presentándola como la que programa un destino, la existencia de alguien, no sólo de un síntoma.

La neurosis lacaniana entonces, no se reduce a un abordaje sintomático, sino que se concreta en la conducta, pantomima de alguien, sin dejar de pensar el lenguaje como determinante.

Por eso, Miller expresa que Lacan zurció de manera invisible el gran desgarrón en la historia del psicoanálisis.

Finalmente, es plantear cómo Lacan con su retorno a Freud, que obviamente también es un movimiento político, introduce cierta transformación en el texto freudiano y ésto es postular la no continuidad en la enseñanza. En consonancia con esta idea, Germán García comenta en Versus el hecho que para el ´64 Freud ha sido reducido a cuatro palabras: la pulsión, la repetición, la transferencia y el inconsciente. Me pareció muy apropiado este comentario para reafirmar lo expresado anteriormente.

Bibliografía consultada:

- Freud, S.: La predisposición a la neurosis obsesiva. Contribución al problema de la elección de neurosis (1913). Tomo XII. Amorrortu editores.
- Freud, S.: Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico (1916). TomoXIV. Amorrortu editores.
- Freud, S.: Más allá de Principio del Placer (1920). Tomo XVIII. Amorrortu editores.
- Freud, S.: El yo y el ello (1923 ). Tomo XIX. Amorrortu editores.
- Freud, S.: Inhibición, síntoma y angustia. (1925). Tomo XX. Amorrortu editores.
- Freud, S.: El problema económico del masoquismo (1914) Amorrortu editores.
- Freud, S.: El malestar en la cultura (1929). Tomo XXI. Amorrortu editores.
- Freud, S.: Análisis terminable e interminable (1937). Amorrortu editores.
- Lacan, J.: Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1. Siglo veintiuno editores
- Lacan, J.: El seminario sobre La carta robada. Escritos 1. Siglo veintiuno editores.
- Lacan, J.: Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. Ed. Paidós
- Seminario de Estudios Analíticos.(S.E.A.) Año 2003.
- Miller, J.-A.: La experiencia de lo real en la cura psicoannalítica. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller. Paidós.
- García, G.: Una intervención en Versus entre la clínica y la cultura. Revista de psicoanálisis nº 1.