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La escuela que fundó Oscar Masotta 30 años después (*)

Escrito por Germán García.

PRESENTACION

-Conferencia de Germán García en La Plata-

El 28 de julio del 2004 en el Salón Cultural de la Agremiación Médica Platense se realizó la actividad organizada por la Asociación de Psicoanálisis de La Plata y auspiciada por el Instituto Oscar Masotta intitulada “La escuela que fundó Oscar Masotta 30 años después”, en la que contamos con la presencia  de Germán García, miembro del Comité de Iniciativas del IOM, Presidente de la Fundación Descartes, coordinado por Marcelo Ale.

El auditorio se compuso por miembros de diversas instituciones analíticas de la ciudad, estudiantes universitarios, profesionales y público en general.

Germán García planteó un relanzamiento  de la política del Instituto Oscar Masotta en  la ciudad, instancia de enseñanzas de la Escuela de la Orientación Lacaniana en una red de ciudades de nuestro país. Luego de la experiencia inicial que fuera el CID – La Plata en el lapso que se extendió del año  2001 al año 2003´. Fue también el momento de realizar una relectura de dicha experiencia, en términos de lo obtenido y lo rechazado;  retroacción conveniente para una nueva combinatoria.

Fue el texto del Acta de fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, de Oscar Masotta – publicado en Ensayos Lacanianos - donde da  razones y orientación de tal fundación;  lo que permitió a Germán García – protagonista y testigo de la época, lector y efector actual - recorrer aquello que inspiró el proyecto de un instituto de investigación en los años 70 y cual sería su actualidad. Ese texto,  en rigor, es interesante por ser una presentación de  Masotta, de una escuela argentina, frente a Lacan y en París.

 No solo las anécdotas y los nombres, detalle importante ya que se sabe ahí quién es quién en esa historia, sino también los lugares y las funciones, la trama cultural, las maneras del debate, permite entender las derivas –traiciones y pactos- de aquel acto de presentación. Algo del clima de ese tiempo, no para rememorar donde no se estuvo, sino simplemente como un efecto de transmisión contemporáneo. 

La creación de un modo de organización conveniente al psicoanálisis, localizado en el intervalo de dos crisis: por un lado la invasión / importación de la información, al decir de Masotta: “ En un país sin tradición cultural asentada, y una capital sobre-sofisticada, pero sin defensa contra la entrada masiva de la información “ y por otro de un aparato universitario incapaz de procesarla –ejemplificado por el crecimiento de los grupos de estudio. En este intervalo se funda una escuela paródica, que por su naturaleza apunta más a quiere por esa naturaleza mas un Instituto –y esta palabra no es un lapsus de Masottaque una infatuación de nominaciones.

Este panorama que no era ajeno en su inteligencia a la época – señalaba Germán García -, al modo que ahora se podría considerar, la teoría de la recepción de Jauss, como teoría del lector. En ella se demuestra que si se cambia el contexto se cambia en sentido, en detrimento del autor romántico o del texto estructuralista.  Proyecto que daba las condiciones de configurar desde ahí una cierta sensibilidad, un horizonte de expectativas diverso, porque justamente no es ingenuo a la lectura de los límites de su época.

No ignoramos que estos párrafos los escribimos hoy, desde otra capital  que a su vez, no es del todo distinta de aquella, y que no es la misma.

En los treinta años después de ese acto fundacional de Masotta, García  localizó los diferentes puntos de la trama, tanto en nuestro país como en el exterior, donde algo de este vector, ese mapa de incidencias sigue. Es una serie que se inserta también, en el ámbito de una Escuela –ahora otra- y un Instituto situando las combinatorias entre las enseñanzas –como la universitaria - y una política propia del psicoanálisis que no ocurre en la Universidad.

De ahí las relaciones de la formación de los analistas con los aparatos del estado (Universidades, Colegios Profesionales) – no en el sentido  idealista de la formación igualada a la erudición – sino en tanto  lo que de la experiencia puede extraer y argumentar. En psicoanálisis la formación se liga a las formaciones del inconsciente por ello al análisis de los analistas,  cuestión que hace que aquel que ha pasado por ella, trasmita  sus consecuencias (a veces irreversibles).

Retomando para este ítem, la ubicuidad freudiana para el psicoanálisis - a partir del Freud y  El conflicto de las facultades de Kant- donde el modelo de la academia ocupa un lugar de intersección y no de inclusión con las políticas de estado.

La participación en el debate de Enrique Acuña en esta instancia del argumento, permitió demarcar que: “Alianzas y extracciones de dichos aparatos serian modos calculados de hacer posible tal intersección”. A lo que el disertante,  haciendo uso del texto La intelocracia de A. Luckman, señaló que este ha demarcado – en otro contexto - un esquema de tres términos que pone en relación, universidades en sentido amplio, prensa y publicación;  como formas viables de considerar dichas combinaciones.

De ahí el debate viró  con José Matusevich hacia la pregunta por las citas de autoridad, y cual es el uso que se hace de ellas, aquellas que van contra la argumentación, con dar razones, ¿qué es una comunidad analítica si se basa solamente en ellas?, un impasse para el psicoanálisis. 

Si al comienzo Germán García dejó flotando la pregunta “¿tú en qué tiempo verbal deseas vivir...?”, es oportuno responder, respondiendo singularmente a otra pregunta, en la línea de lo que se siguió en esa noche, cómo combinar  la clave en la cual un modo de organización puede ser un acto paródico, en la  inspiración masottiana, y  a la vez algo del orden de una verdad que a sido tocada.

Germán Schwindt

 

La Escuela que fundó Oscar Masotta 30 años después (*)

 

Acaba de salir un pequeño libro que se llama Viaje... donde hay una pregunta  que dice “¿tú, en qué tiempo verbal deseas vivir?.” Y la respuesta es, “ en el participio futuro del imperativo, en voz pasiva, en queriendo ser”.  Me parece que es un buen comienzo. En qué tiempo verbal deseas vivir?. Habría que hacer esa encuesta. A lo mejor muchos se olvidaron del tiempo verbal...

Mi intención era, dado que hemos hecho el Instituto Oscar Masotta (I.O.M.); y que habíamos hecho un Centro de investigación y docencia en La Plata (C.I.D.);  que también eso había empezado con mucho porvenir y fue como algo maníaco depresivo, entonces hemos decidido decir lo que vamos a hacer uno por uno nosotros sobre este proyecto. ¿Qué es lo que se entiende por este proyecto y cuando se rechaza, qué es lo que se rechaza?

Para este año la idea es que, ya que no hay condiciones académicas mínimas, interrumpir. Podríamos plantear también el tema de la situación del psicoanálisis en la ciudad o en el mundo, no sé. Entonces, creí que era conveniente retomar las razones que dio Masotta cuando hicimos la primera Escuela y después lo que cada uno entiende  sobre qué es eso.

Por ejemplo, me llamó la atención que de las dieciocho personas que acompañamos a Masotta en esa escuela, la mayoría estamos en este momento en el IOM.  Les voy a nombrar a las personas que estamos en este momento: Samuel Basz; Adolfo Berestein que está en España; Jorge Chamorro, está en el IOM; Juan Carlos Cosentino no; Benjamín Domb en la Escuela Freudiana de Buenos Aires; Norberto Ferreira está en la Escuela Freudiana de Argentina; Sara Lea Glasman; Hugo Levin no... Ricardo Nepomiachi está con nosotros; Norberto Ravinovich creo que está en la Escuela Freudiana de Buenos Aires; Evaristo Ramos, estaba con nosotros, murió hace poco, los otros que están son David Yemal,  Gerardo Maeso, Oscar Sawicke.

Lo interesante  es  que uno de los motivos fue que yo había intentado crear una organización, crear un espacio que se llamara Instituto, y muchos dijeron que la idea de Instituto era de la IPA,  porque había  como un tabú y si alguno de la IPA decía mancha... y esto era exactamente al revés,  se cambia de contenido.

En el texto de Masotta  Comentario para la Ecole freudienne de París sobre la fundación de la Escuela freudiana de Buenos Aires (1) en el punto 4, en la página 251 dice: si no repartimos anillos, -aludiendo a lo que dice Freud, que repartía anillos a su grupo- “es porque esto será un instituto de investigación psicoanalítica” (...)

Uno puede decir que no se equivocó. En el  punto 5 dice: “Fundar tal instituto es significar la retención de la práctica-teórica y por lo mismo trasmitirla”.Es  decir que Masotta era conciente que no había fundado la Escuela: no había pase, no había nada de eso. Cuando presenta este asunto en París frente a Lacan, él dice, La Escuelaes función del pase, etc.

Efectivamente, el intento de instaurar el pase es uno de los motivos de discusión. Es muy específico, un poco bizantino. Lo interesante es la presentación que hace Masotta frente a Lacan en París. Ustedes saben que Masotta tuvo una visita de gente extraña, llamada Triple A en ese momento y se tuvo que ir del país. Una ida discreta porque no quería irse exiliado. Y se fue a Londres. De ahí que después a través de una persona que no sé si conocía de antes o conoció después, Marcelo Ramírez Puig, se instaló en Barcelona. Cuando se instaló en Barcelona empezó a conectarse con el proyecto de la Escuela e hizo una propuesta de hacer el pase en la Escuela. Esa propuesta  para el movimiento suponía que él había tomado un modelo de Lacan. Para Lacan el proyecto del comienzo no tenía un aparato del pase. Los analistas eran nombrados por Lacan personalmente.

Masotta lo que hizo fue decir que argumentemos frente a él quienes queríamos ser A.E. de la Escuela, era una cosa que se sabía más o menos, y Masotta decía, sí, no. Y él decía, si yo digo que no pueden insistir y si vuelvo a decir que no una tercera vez  pueden dirigirse a un grupo de personas que podían sancionar eso.

Cuando fui a ver a Lacan me preguntó por la situación política. Estaba muy interesado en qué pasaba con lo político en la Argentina y me dijo que había gente que lo urgía a él a declarar y me preguntó qué pensaba yo, qué iba a pasar con nosotros. Yo pensé desaparecemos nosotros... Qué pensaba que tenía que hacer?. Cómo me iba a preguntar Lacan a mí qué tenía que hacer?; que hiciera y después nos ateníamos a las consecuencias.

Luego de la muerte de Masotta, desde Barcelona mandé una carta diciendo que convenía  hacer el jurado del Pase . Fue el procedimiento que impuso después Miller . Parecía que ese era el más legítimo, si había una cantidad de personas que habían aceptado por el resto, esas personas podían asumir ese lugar y ser el primer jurado del pase, excluyéndose de hacer el pase ellos mismos -como hicimos-. Se dice cartel para hacerlo más fino pero es un jurado, Lacan lo llamaba jurado del pase.

Propuse esto a la gente de la Escuela Argentina que, afectada por el psicologismo ambiente me respondió que esto de Barcelona era identificarse con Masotta muerto.

Lo interesante es para qué Masotta hace esto, dado que tenía alumnos en su casa . Yo creo que enseña muchísimo. Esto está en el libro Ensayos lacanianos, está al final, es la presentación de Masotta a Lacan, es el Comentario para la Ecole Freudienne de París sobre la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires (1).

Masotta hace primero una evaluación de la situación cultural de la Argentina. No sé si tienen alguna idea de lo que es la teoría de la recepción de Jauss. Es una teoría que estuvo de moda después del estructuralismo. Es una teoría de la lectura que va de, primero el autor, luego al texto y luego al lector.

Al comienzo del siglo XX predominaron teorías de la expresión, donde se toman los textos como la expresión de un autor. Es lo que todavía mucha gente cree que es el psicoanálisis, es el auge del romanticismo. Entonces, esas teorías son románticas porque suponen que hay un autor. Genial, mediocre, original, no original, etc. Lo que llamamos el estructuralismo (ahora salió un precioso libro de Jean Claude Milner, El periplo estructural), ponía el acento en el texto mismo siguiendo ciertos modelos que asombrosamente son norteamericanos.

Esos modelos son traslados al campo semántico de elementos cibernéticos. Esto se ve claramente en el prólogo a Antropología y Sociología de Marcel Mauss que hace Levis-Strauss en un intento de aplicar el modelo, como Lacan hace en La Cartarobada.  Es un modelo traído de una famosa reunión que hubo en Nueva York en los setenta, donde se propagó este modelo de investigación. Lo que llegó a Francia a través de Jackobson lo pensaban en términos cibernéticos. Hablaban del ser de la carencia, defendían su tradición cultural.

Lo de Masotta no era hacer una importación más, la recepción viene después. La cuestión no está ni del lado del autor ni del texto, sino del contexto. La cosa interesante es que si yo cambio el contexto, cambio el sentido. Un ejemplo con Jauss es: si se traduce al alemán una obra menor de Moliére y esa obra tiene éxito, es decir modela la sensibilidad , las expectativas de los posibles interesados en Moliére y las obras mayores de Moliére va a cambiar el sentido según la perspectiva  y el horizonte de expectativas  creadas. Quiere decir entonces que si ustedes toman un texto cualquiera de Lacan, no tiene un sentido inmanente, cada vez que cambia el lugar, cambia el sentido.

Se pueden imaginar entonces cuando hay un cambio de lengua. Entonces Masotta dice en la página 241 de Ensayos lacanianos: “En un país sin tradición cultural asentada y una capital sobresofisticada, pero sin defensa contra la entrada masiva de información” ... Es interesante la expresión “sin defensa contra la entrada masiva de información”.

Continúa: “(la que tiene por ejemplo los países europeos: En Londres se ignora en 1975 a Lacan; en Buenos Aires existe mayor familiaridad, entre los cuadros medios de psicoanalistas, con la obra de Melanie Klein, que entre practicantes del mismo nivel en París), un psicoanalista como Pichón Riviere, dotado además de una sólida formación psiquiátrica (por su formación se lo comparaba algunas veces a Lacan), no dejaba de parecerse a esos médicos del lejano oeste o de la hambrienta campiña irlandesa que tiene que hacerlo todo: extraer una bala, asistir un parto, dar masajes, operar de amígdalas, enterrar a gente”.

La perspectiva que está dando Masotta tiene otro elemento que es el fracaso de la Universidad,  al plantear la aparición de los grupos de estudio. Dice en la página 243: “Para fines de los años cincuenta, la sociedad civil  (evoquemos un término antiguo) había producido en Buenos Aires una institución peculiar: los grupos de estudio. Algo semejante a lo que es un “cartel” de la Ecole Freudienne de París (mi abundoso Martínez-Amador anota: “reto”, “acuerdo entre políticos”, “sindicato de productores”), pero que no estaban referidos a ninguna institución, sino únicamente a la persona del leader (no sé qué palabra emplear) al que se le reconocía trabajo teórico sobre el asunto a estudiar. Eran grupos espontáneos, productos de la reunión espontánea de un grupo de estudiantes, quienes demandaban a alguien la enseñanza que entendían éste podía brindarles. Se motivaron sin duda en las carencias de la enseñanza universitaria, en la inestabilidad docente producida por las cambiantes situaciones políticas, a que más simplemente las librerías tenías más que ofrecer que los profesores en la universidad. Carlos Astrada y Luis A. Guerrero habían sido radiados de la Facultad de Filosofía y lo malo es que habían sido los mejores y que no había otros”.

Por un lado una “sobresofisticación sin defensa frente a la invasión” y por otro, un aparato universitario que fracasa en procesar la función de información, si quieren, o la función  de recepción de esa información. Entre estas dos cosas él va a situar la condición del aparato.

En cuanto a la relación con la APA, (les quiero decir que Masotta pidió enseguida la entrada a la Ecole y que era miembro de la Ecole) dice -página 242-:  “Desde entonces (marzo de 1964) los pasos a veces espaciados y casi siempre silenciosos que condujeron a nuestra fundación como Escuela Freudiana, poco tuvieron que ver con la institución psicoanalítica oficial. Ni nos habíamos separado de ella  -puesto que ninguno de los que firmamos el acta de fundación con excepción de uno sólo, habíamos pertenecido a ella-. Ni a ella nos habíamos opuesto demasiado -salvo por el hecho de que nuestros grupos de estudio adquirieron, desde el comienzo, un definitivo aire de revival freudiano, mientras que ellos -no se lo ocultaban- hacía tiempo que habían dejado de considerar a los textos de Freud como motivo de investigación”.

Y al revés, aspecto un poco cómico: ellos jamás nos citan, literalmente no nos nombran hasta cuando les es imposible no hacerlo.

Esto que Masotta dice de no citar, se volvió una práctica común, la gente siguió haciéndolo. Hay un libro de la  historia del psicoanálisis del 82, donde hay párrafos enteros de mi libro La entrada del psicoanálisis en la Argentina sin comillas, sin citas ni nada, directamente incorporadas al texto.

Masotta se nombra entre la gente que hacía estos grupos de estudio. Dice: ”...Yo mismo era uno de ellos. Pero Raúl Sciarreta en primer lugar, quien a pesar de sus posiciones teóricas un tanto variables”.

Es que iba enseñando lo que iba llegando. Sigue la cita: “Podía en serio ayudar a leer a Marx. Unos años mas tarde, después de una noche de bastones largos (hasta le rompieron la cabeza a un pobre profesor norteamericano) se agregaría a la profesión Gregorio Klimovsky.  Quién podía discutirle su pericia en los temas de positivismo lógico? Un cuarto sofista...”

 Usa la palabra “sofistiquería”, que junta lo sofisticado con los sofistas. Eran sofistas porque cobraban y eran sofisticados porque se dedicaban a difundir unos saberes en una capital sin defensas frente a la invasión masiva...

Continúa  “...un cierto sofista, León Rozitchner, autor de un libro crítico sobre la ética de Max Scheller, inspirado en el marxismo y la fenomenología francesa (y en el ensayismo francés, diría yo, piénsese en autores como Dyonis Mascolo), se había en cambio formado en la universidad francesa y no hace mucho volvió a París para defender su tesis de doctorado. Si alguien no pudiera entender sobre qué fondo cultural arraigaría en Buenos Aires el divino freudismo francés. Divino freudismo francés, fíjense con que ironía habla Masotta. Después todos adquirimos un tono grave de pastor protestante, pero era mucho mas divertido “divino freudismo francés”, una expresión menos reverencial que las que usamos nosotros”.

Sigue:  “...basta pensar que cada uno de tales notables había introducido a lo largo de los años a cientos de personas. Estos no fueron muchos, diez, quince años. Pero muchos estudiantes habían rodeado a cada uno. Yo mismo, para dar una idea, veía durante el año 1974, a trescientos alumnos por semana”.

Pero lo más curioso -los vientos no soplan para muchos lados al mismo tiempo- sería que los cuatro notables terminaríamos en el mismo lugar: Sigmund Freud y el psicoanálisis (cada uno según su talento sin duda, pero a cada uno según su responsabilidad). O Sigmund Freud y los psicoanalistas.

O sea, Rozitchner sabe tanto como Klimovsky y Masotta. Acabamos de presentar en la Fundación Descartes un libro llamado Epistemología y psicoanálisis de Gregorio Klimovsky.   

Dice Masotta: “Como había conocido a arquitectos de cerca, cuando pude  conocer también a psicoanalistas, pude alguna vez pensar que se parecían en ésto: según un chiste de Lacan, que también los últimos eran d`hommestiques, como esos animales que añoran al hombre. A los arquitectos y a los psicoanalistas, les faltaría el lenguaje?. Algunos arquitectos siempre me agradecieron que un día les explicara que Roland Barthes existía.”

Masotta dio clases sobre Roland Barthes. Recibí de alguien, un joven desde Estados Unidos, un montón de cartas de cuando hizo la Bienal de la Historieta,  porque Masotta trabajó mucho tiempo en el Di Tella. Era un tipo de mucho talento, se ganaba la vida así. Entonces inventó un montón de cosas. Hizo happenings, hizo la Bienal de la historieta y escribió un libro de historietas que es bibliografía mundial. Hizo cosas sobre arte pop y así sucesivamente y las clases que dio sobre Roland Barthes también. (2)

Sigue: “Algunos arquitectos siempre me agradecieron que un día les explicara que Roland Barthes existía (quise hacer en la fecha lo mismo con Lacan, pero no estaban para tales nueces), que los introdujera en la lectura  de “Las estructuras elementales del parentesco”, que les organizara seminarios con lingüistas (trajimos a Poitier de Francia), que creáramos un departamento de la universidad dedicado al estudio de los signos. Durante esos años, entre 1964 y 1967, abandonaba yo el ganapán de la sofistiqueía por la investidura universitaria: había pasado a ser intocable universitario con un cargo de investigador dependiendo directamente del rectorado de la universidad. Pero un golpe militar cambia las autoridades universitarias y las nuevas demostrarían que semejante rango no existía: me reprocharían aún hasta mi compromiso con el arte contemporáneo! Eran serios el neo-dadaísmo, el neo-realismo, el arte pop del Instituto Di Tella?. Había sido en dicho Instituto, por lo demás, donde dictaría un seminario introductorio a la obra de Lacan sobre La Carta robada de Poe (me gustaba la práctica de la idea, de eso: de un discurso -mi seminario- sobre un discurso, el texto de Lacan -sobre un discurso- el texto del cuento de Poe-)”.

Lo que me interesa, es que si uno hace un aparato tiene que tener una idea de en qué contexto lo hace porque sino no sabe para qué. Entonces me parece que nosotros dimos por supuesto y ha sido un error evidentemente. No hay análisis pero como decía Gramchi, “hay que tener siempre pesimismo de razón y optimismo en la voluntad”

Dice Masotta en la página  245: “Un gesto inocente como el de Phillip Sollers en el coloquio de Milán sobre psicoanálisis y política, ese “Modesto pasaje al acto”, cubrir el busto de Vinci, calzarle anteojos y todo eso, hubiera bastado para autoexpulsarse por vida de todo espacio arquitectónico universitario -en Buenos Aires , entonces-. Dios mío! Y hoy?. Yo debía confesar haber ideado dos o tres happenings; pero no habían sido nada escandalosos: nada que ver con el sexo.  Estaban lejos, por ejemplo, del realismo lujoso de J. J. Lebel. En uno de ellos había intentado transferir el campo de las cosas visuales el modelo sociológico que Levi Strauss pone a prueba en su análisis de La Geste d`Asdiwal. Utilizando un helicóptero señalaba cómo el cielo no es homogéneo (cielo cercano en oposición al lejano de los Jets por ejemplo) y dividiendo la audiencia para volverla a unir, pretendía hacer surgir la idea de lenguaje, de “comunicación verbal”, como discurso sobre lo no visto contado por otra persona, pero estructurado por todo lo que no tenía que ver con lo que  había visto  el que había visto”.

Ustedes se imaginan que respeto la libertad de una persona para presentarse en París por primera vez frente a Lacan y decir esto y más todavía. Lacan leyó esto previamente y le dijo a Masotta que lo cambiara porque hablaba demasiado de sí mismo y poco del psicoanálisis.

Sigo con la página 245: “Prácticamente expulsado de la universidad, la necesidad económica no podía intimidarme. A los arquitectos les faltaban dos puntas, y a los psicoanalistas?. Paulatinamente me iba yo alejando de la posibilidad de poder decirlo, como el Quesalid de Levi-Strauss, esa conciencia lúcida de la práctica del otro que se embebe en el texto del diario cuando ejerce esa misma práctica, cuando él mismo se convierte en chaman.

Comienza un pacto de estudio el tramo que conduciría finalmente a la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Dos jóvenes psicólogos y un flamante sociólogo a quien no interesaba la sociología, acuden a verme para proponerme un grupo sobre los textos de Lacan. Ellos sí que estaban “on the dole”, en un país donde tal cosa no existe, y donde si uno es un desocupado le puede ocurrir morirse de hambre. El grupo no habría de ser pago. Ellos eran Arturo López Guerrero, Jorge Jinkis y Mario Levin. Más tarde  se nos uniría Juan David Nasio, un miembro actual de la Ecole Freudienne de París, quien me reconocía entonces el mérito de haber introducido la peste en Buenos Aires. Todos no atrevimos entonces a tomar pacientes cuyo tratamiento y sesiones supervisábamos con los otros miembros del grupo. Si es que un psicoanalista se debe a sí mismo -habíamos entendido- es a él a quien corresponde determinar lo que eso quiere decir”.

Masotta que no era ingenuo, dice: “En abril de 1969 `parodiamos´”. Esta palabra es clave. Es la teoría de la recepción. La parodia es un acto subversivo, supone tomar un modelo y darlo vuelta. En este texto Masotta utiliza varias veces la palabra “parodia” y arma una Escuela como una Escuela paródica. Una Escuela tan paródica que cuando Masotta se va de la Argentina, estábamos en su casa, y entre los libros aparece el Acta de Fundación de la Ecole y Masotta dice “si la hubiera encontrado antes...” Es decir que había hecho el acta de la Escuela sobre el recuerdo que tenía del Acta de Fundación de la Ecole.

Cito a Masotta: “En abril de 1969 parodiamos los encuentros de Freud y Fliess, nos dimos cita en Monte Grande, en una quinta en las afueras de Buenos Aires. Solos nosotros leímos trabajos escritos, pero se unían a la discusión estudiantes de Sciarreta y jóvenes semiólogos formados en la investigación por Eliseo Verón. En diciembre del mismo año convocamos nuestro segundo congreso. Los escritos fueron ahora publicados en nuestro primer número de los Cuadernos Sigmund Freud (mayo de 1971).

Crecía el número de mis estudiantes, y lo más promisorio era que podían hablar entre ellos el lenguaje de la teoría. De estos primeros contactos surgirían más tarde grupos espontáneos (un esbozo de Escuela): grupos de supervisión recíproca (la visita de Maud y Octave Manoni tuvo entre otros el efecto de alentarlos), grupos de lectura constante de los Ecrits, grupos para trabajar puntos específicos de la obra de Freud. Si todos, con pocas excepciones, habían estudiado conmigo, después pudieron (es el único encomio que me resguardo) estudiar entre ellos.

Se unían al grupo de los congresos otro grupo de médicos, psicoanalistas independientes ya que detentaban en común, en algún momento de sus vidas, haber decidido no ingresar en la asociación oficial. En un tiempo habían intentado unir práctica política a la psicoterapia, pero variaban ahora sus modelos teóricos y comprendían que no había otra psicoterapia que psicoanalítica, y que era necesario comenzar por el comienzo.” (...)

Habla después de la escisión y dice  en la página 249: “Volvamos a nuestra Escuela. Una fundación no es un acto de un día: tiene recovecos, discusiones a veces interminables. Si es un mérito: no tratábamos de ahorrarnos ninguna. Mediante la firma del Acta de fundación abríamos el tiempo al trabajo, que como de costumbre, debió ser encargado a diferentes comisiones. La espina hacia  la que marchábamos, donde deberíamos desembocar en el momento, o en los momentos, en que plantearíamos nuestros estatutos, tiene que ver con ese momento crítico (por dónde el psicoanálisis es psicoanálisis) en que el psicoanálisis no sólo debe ser estudiado, y practicado, sino además transmitido: quiero decir, el problema de la formación del analista. Desde el comienzo estábamos de acuerdo con que el modelo que introduciríamos sería el señalado por Lacan, donde el didáctico es función del “pase” y no éste de aquel y que en todos los casos el analizante “ soit libre de choisir son analyste”. Pero no había entre nosotros una cuestión de trasgresión cuya resolución nadie podría querer georgiana?. Quién es el preso que da el primer paso cuando se es hijo de la sofistequería o habrá que creer en la conexión mental con Un-Padre, analista número uno, Freud para nombrarlo? Los límites de la libertad, como dijo una vez Lacan, se lo ve, se parecen peligrosamente a las restituciones de la locura”.

Cuando Masotta muere en Barcelona es el momento en que acá se separan la Escuela Freudiana de Buenos Aires y la Escuela de la Argentina. Un amigo mío, Horacio García, que es el dueño de editorial Catálogos, publica El modelo pulsional de Masotta, un texto que tiene un extenso prólogo mío. Ese libro no se vendió, quedó ahí. Cuando llegué a Barcelona en el 80, hicimos una cosa que se llamó “Encuentro sobre Lenguas y Matemas”. Ahí empezamos a poner en contacto  el trabajo que hizo Masotta con el desarrollo del Campo Freudiano, que es una cosa diferente a la Escuela. En el año 84, 85, Miller en Caracas dice: lo que encontramos en un asombroso argentino llamado Oscar Masotta. Dicho ésto, se agotó el libro de Masotta. Digo ésto porque muchas personas discuten si era conveniente o no hacer una ligazón entre el proyecto de Miller y el nombre de Masotta.

A partir de ahí ¿en qué lugares lo encontramos? Lo encontramos elidido, digamos en el núcleo primero llamado Escuela Freudiana de Buenos Aires, en una cosa muy concreta que Masotta hizo una carta con esta gente diciendo “No se quedaron con el nombre de esa Escuela”, queda eso. Queda esa desviación, esa cosa que hicimos nosotros cuando avalando a Masotta hacemos la Escuela Freudiana de Argentina.

Y después de unos años hicimos este famoso Instituto Oscar Masotta (IOM) en el que me dí el gusto de retomar lo que quería hacer al comienzo. Y también me dí el gusto de que Masotta dejara de ser un nombre sólo de Buenos Aires, porteño y fuera del país. Eso me parecía interesante. Por ahora es un proyecto que está vaciado del espíritu. El presidente es Miller. La gente que hacemos específicamente el trabajo de esto, somos nosotros: Samuel Basz; Jorge Chamorro; Roberto Mazzuca y Mónica Torres. Pero este Instituto es una estructura formal a la cual hay que darle un contenido. Nosotros aportamos el programa. Son como cabos sueltos en el armado en cuestión. Ahora lo tenemos que seguir armando. Digamos, no era como montar una cooperativa para que cada uno diera sus clases.

Evidentemente para mí esto está relacionado con que hemos preferido que este Instituto sea un instrumento de la E.O.L. (Escuela de la Orientación Lacaniana) para hacer una intersección con una cuestión de Escuela, incluso en los CID hacer carteles. A mi me gustaría si a Uds. les parece, que pregunten cosas.

 

-Pregunta del público respecto de la diferencia entre la enseñanza y la investigación para el Instituto  y  cartel y  pase para la Escuela.

 

-Germán García: Recuerdan que Lacan dijo “no hay formación de los analistas sino que hay formaciones del inconciente”. Con eso Lacan quería escapar  del efecto idealizante. Esa cosa que es un chiste tiene un sentido bastante interesante que es crear un aparato que exija analizarse, porque si digo formaciones del inconciente a qué me lleva eso? A que aquel que se analizó lo cuente, es decir al pase. Porque sino no hay ninguna exigencia  puede haber eruditos, no cabe duda que Jean Claude Milner sabe muchísimo de Lacan, pero el psicoanálisis exige ciertas cuestiones que no son la salud. Me parece que se trata de crear esas condiciones. Yo ahora hice un pequeño artículo que resume la situación actual con las leyes y todo eso. Evidentemente, que problema hay que un psicólogo haga un doctorado en psicoanálisis. Ahora, el problema está cuando ese supuesto doctorado va a funcionar como garantía del sujeto en cuestión, o sea que va a hacer formación en sentido ideal. No va a ser formación del inconciente.

En la tensión que hay, me parece que las escuelas, las instituciones un poco maltrechas, funcionaron como superyó para la universidad, y que evidentemente la universidad harta de su humillación dice, ahora vamos a ser nosotros el superyó!.

Yo tengo una hipótesis, no tengo ninguna prueba, y es que  Freud se basó en el Conflicto de las facultades de Kant. Ahí Kant dice que habiendo un conflicto en la filosofía, y que la filosofía no puede discutir con esas grandes ciencias por supuesto, pero que en tanto sea racional, se supone que la ciencia hace uso de la razón, algo que decir tiene, o sea que desde esa modesta posición, Kant identifica filosofía con razón y cada uno tiene que razonar para deducir algo.

Freud le da la misma obicuidad al psicoanálisis. Cuando en 1910 dice una cosa muy cómica, inventa que vienen a verlo dos mujeres mayores y viudas, una viuda feliz y una viuda infeliz. Y un joven psicoanalista le ha dicho a la viuda infeliz  que lo era por falta de relaciones sexuales. La viuda indignada va a buscar a su amiga, que tampoco tenía relaciones, y se la lleva a Freud y le dice mire acá tiene usted una mujer que no tiene relaciones sexuales y que sin embargo es feliz. Y Freud le dice ‘tiene razón” y dice además, el joven analista conoce la doctrina pero no conoce la transferencia porque por ley de transferencia nadie tiene que decirle a una viuda que no tiene relaciones sexuales. En todo caso tiene que escuchar de la viuda por qué no las tiene. Es un problema elemental, Freud dice, con este cuento actúa como Borges.

 Por otro lado, dice “yo a ese joven analista no lo conozco”, así que ahora -la consecuencia-, vamos a hacer un aparato, vamos a hacer la IPA cuya función va a ser que además de la doctrina, tenga idea de la transferencia, es decir, que sea analizado o sea, que tenga una formación -no en el sentido ideal sino en el sentido de las formaciones del inconciente-, y monta la IPA.

Ahora bien, el problema de Freud son los que él llama profanos. ¿Por qué Freud inventa la IPA fuera de la universidad?  Decide hacerlo afuera. Pero durante un gobierno socialista en Budapest, Ferenczi le dice, vamos a hacer una universidad del psicoanálisis y Freud le dice que no. Me parece muy bien que todos los que anden por ahí: maestras jardineras, psicólogos, psiquiatras, médicos, arquitectos, pedagogos, santos, libertinos, etc., se analicen y que estudien psicoanálisis, como no, que estudien la doctrina dogmáticamente, pero nosotros tenemos que formar, en el sentido de las formaciones del inconciente, a los analistas.

Es como si ahora el amigo Kirchner dijera: “Hay que hacer un instituto de psicoanálisis” y hay que hacerlo!

Bien, Freud diría: hay que ir a la universidad, por supuesto en la universidad se aprende, se conoce gente, etc. pero de ahí a pensar que en un aparato universitario hay mucha diferencia, sabemos lo que es un aparato universitario. Qué es lo que dice Kant: una facultad enseña lo que el Estado quiere que se sepa, y lo que el Estado no quiere que se sepa? Bueno, para eso hay Academias.

 

-Pregunta del público (inaudible)

 

- Germán García: acá estamos en una charla hegeliana . Lacan hizo eso en el 73. Como la distancia espacial en la cabeza de alguna gente es distancia temporal, quizás es el momento de hacerlo en Buenos Aires.

Un tipo que yo admiro es Albert Hirschman, un economista que escribió un libro que se llamaLas pasiones y los intereses,   porque descubrió que el famoso hombre económico de la modernidad, no existe. Si yo pienso que la gente es egoísta, tengo que pensarla de determinada manera, y si es altruista, de otra, etc. Para la economía hay siempre una teoría del sujeto. Por ejemplo, en Marx está la idea que la gente es colaboradora, que colabora. La idea que uno construye un estado central para que después todos agarrados de la mano, bailen. Piensa demasiado bien de la gente, y con eso Freud no coincidía jamás. Marx estaba convencido de que la religión es el opio de los pueblos, era el calmante de los pueblos. El hecho de que el dolor de los pueblos iba a calmarse con el socialismo, autodisolvía la religión sola. Nunca tenía una teoría de atacar. Lenin pensaba que,  el socialismo no va a arreglar las pasiones humanas tan fácilmente.

Entonces lo que tenemos que hacer nosotros es demostrar que la religión sea lo que sea, es un instrumento para manejar a los pueblos. O sea, una teoría paranoica.  La paranoia que apunta al mal del otro siempre es mas creíble -el otro como un monstruo dañino-, que la idea que el otro es bueno.  Albert Hirschman, que estuvo en la Argentina, en Buenos Aires, estudiando los asentamientos que hicieron los curas obreros en Quilmes y conoce mucho Latinoamérica porque estudió las relaciones entre las economías y los gobiernos. Estudió la economía italiana, la alemana y de Latinoamérica -Brasil especialmente-, porque era el  contraejemplo de que no había razón entre la racionalidad y el montaje de la economía,  había economías florecientes bajo sistemas monstruosos.

Estudió los liderazgos y dice que los países latinoamericanos tienen la costumbre que toman a otro país como modelo, a veces Estados Unidos, a veces un país europeo. Ellos  se enteran de la historia de ese país que toman como modelo y los pasos contingentes de la historia de ese país, los transforman en necesarios.

Tomar la teoría de Lacan no quiere decir tomar cada ocurrencia, cada ocurrencia histórica de lo que se le ocurrió a Lacan. Quiere decir que tiene que haber pequeños actos irreversibles.

El líder  va haciendo sus pasos. La derecha -los que tienen la guita-, sienten en su bolsillo eso. Supónganse que el presidente es un dandy, va al Jockey Club, dicen que le gusta los caballos de polo, etc., que diga lo que quiera. Entonces, si la derecha pesca ésto se pone a agitar a la izquierda del gobierno, como el destino del gobierno es ideológico y no económico, agitan a la izquierda.

Si el gobierno quiere satisfacer esta izquierda, tiene que levantar la voz, empezar a decir barbaridades. Cuando empieza a decir ésto, la derecha se alía al país modelo.

 

(sigue un diálogo del público con Germán García).

 

 

 

 

 

 

(*) Conferencia de Germán García en La Plata, 28 de julio de 2004. Realizada en la Agremiación médica platense, organizada por la Asociación de Psicoanálisis de La Plata con el auspicio del Instituto Oscar Masotta. Fueron  invitados diferentes grupos analíticos de la ciudad.

Publicada en Revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis- Año 4 Nro. 5.

 

 

Desgrabación Daniela Ward, correcciones Enrique Acuña. Texto revisado y publicado por amabilidad de Germán García.

 

NOTAS:

 

(1) Todas las citas de página son del texto de Oscar Masotta, publicado en Ensayos Lacanianos, editorial Anagrama, Barcelona, 1976. También en el sitio web de la Fundación Descartes: http://www.descartes.org.ar/frm-masotta.html.

(2) Ver Revolución en el arte, Oscar Masotta. Estudio preliminar de Ana Longoni. Editorial Ednasa, Bs.As., 2004.