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El viejo mundo nuevo

Escrito por Enrique Acuña.

-la sociedad del acto analítico- (*)

Todavía les falta aprender el abc, ese abc, se llama: les van a tomar el tiempo. No se molesten en 
reflexionar lo que deben decir. No les van a preguntar. Las bocas para alimentar bastan y sobran.
Lo que falta es carne. Pero eso no debe desalentarlos!

Bertolt Brecht. (de Un libro de lectura para habitantes de ciudades)

Lo que dura

El psicoanálisis responde al horizonte de su tiempo al considerar cómo se vive la pulsión en cada época. Nuestra coyuntura actual interroga la existencia del inconsciente por otros discursos que dibujan el espacio de la ciudad, pero donde aún hay tiempo para que el analista diga sobre los síntomas. Cada vez, habría que observar las condiciones posibles para una acción interpretativa, siendo cada vez una aplicación diferente en  la sociedad del acto analítico. 

Se puede intervenir en los hechos sociales cuando hay un silencio. Eso mide los limites de nuestras interpretaciones sobre un sujeto que no es la masa social, pero que se  extrae de ese colectivo. Recién entonces, la manifestación social del inconsciente puede interpretarse como un llamado donde el psicoanálisis debe responder. Es una salida a su neutralidad mortífera, siguiendo la pista de lo que “no anda” en cada discurso y la exclusión de las normas.


Comentaremos algunas intervenciones sobre lo social desde el campo de la filosofía, la psicología y el psicoanálisis. Cada una supone una concepción de “civilización” y testimonian el hecho que “no hay” vinculo social estable, pero que en su lugar hay síntoma. Es una foto instantánea del paisaje -una polaroid- según el estado de la ciencia y un estado del sujeto donde el psicoanálisis sería un síntoma más en la cultura, con sus efectos de asimilación o desaparición. Pero no sería político para el analista su huida, si se escandaliza como un periodista ante un panorama “apocalíptico” que lo conduciría a un nuevo llamado a la moral.


Podemos considerar que hay algo de lo viejo en lo nuevo del mundo y eso hace posible conectar el lenguaje a un goce, vía el síntoma que perdura. Durabilidad de una insistencia de esa naturaleza (a)temporal del objeto del psicoanálisis, que no se cansa de decir que “no hay” felicidad.-

Un estado de la ciencia: los constructores de la realidad

En su libro La Construcción social de la realidad, John Searle  presenta una critica al relativismo cultural desde la filosofía de la ciencia, planteando cómo se construye la realidad social.  Hay, inicialmente un hecho bruto (X) que es nombrado por el lenguaje y se convierte en un hecho institucional (Y) en un contexto (C) que determina su realidad por retroacción.

                                                                  (C) contexto como referencia

                                             (X) hecho bruto-------------à  (Y) hecho institucional

A diferencia del relativismo cultural, este contexto organiza una referencia, que quiere mantener el real biológico del hecho social. La creación de los mundos posibles de ser representados, la existencia de su realidad fáctica, depende entonces para Searle del lenguaje como performativo, creador del significado y  de “un real mudo” propio del objeto que se nombra.

Nos interesa esta lectura que hace la filosofía porque, a diferencia de otros lógicos actuales como Quine, donde la causa de la realidad es siempre de orden físico, sugiere que hay efectos del lenguaje. Crear la realidad con el lenguaje depende de las creencias sociales y requieren del acuerdo por convención de los sujetos que intervienen. Searle contempla que hay una intencionalidad –es decir, un deseo- en esa convención acerca de lo que significan los hechos.

Desde un realismo positivista, el autor esta contra el relativismo de Richard Rorty  y de Nelson Goodman quienes sostienen que hay metáforas de creación infinitas y la referencia es relativa al contexto como convención social dejando de lado la causa física. Otra posición es la de Ian Hacking que se plantea el  problema del relativismo cultural a partir de observar que  hay “demasiadas metáforas” del constructivismo posmoderno. Los hechos sociales no son nunca objetivos y las nominaciones pueden ser interactivas, es decir pueden cambiar temporalmente. Una roca no es la anorexia, dice (esto nos importa a la hora de mantener o diluir  nuestras clasificaciones y diagnósticos).


Observa lo social como un campo semántico inestable, que impide hablar, en lo social, de ciencia como con la física. La filosofía de estos creyentes alimenta la idea positivista de una ciencia que funciona con una ley sin resto. Este “funciona”, interesa al psicoanálisis.-

Un estado de la psicología: La tradición conservadora de símbolos.

Después de diciembre del 2001, aparecieron interpretaciones desde el psicoanálisis del estallido social argentino. El libro de Silvia Bleichmar, Dolor País refleja en parte cómo el lenguaje psicologista nombra el acontecimiento dando una explicación que conduce a disculpar a los agentes sociales. La crisis nuevamente es una invitación a crecer y un llamado a los significantes amos que organizan lo social como son La tradición-La patria-Los símbolos, etc. Se opera ahí con una domesticación por lo simbólico sobre lo imaginario.

El libro presenta una sociedad-víctima, caracterizando la revuelta como una catarsis colectiva. Los individuos podrían encontrar en el hecho social una vía de autentificación y reconocimiento del sujeto en la masa, de modo que neutraliza lo inconsciente como política del deseo.

La solución para esta autora del problema social, será entonces un retorno a los símbolos patrios y una identificación a rasgos del País como historia, que se habían desestabilizado. De este modo supone una restitución del lazo social roto por un real económico, pero necesita  entender la segregación identificando a las víctimas.

Alain Badiou define el acontecimiento que toca al ser como modo de acceder a una verdad. Sugiere que un hecho se transforma en acontecimiento sólo si aparece algo que nunca fue dicho antes, algo que traduce lo que no se dice. Plantea que se requieren procedimientos como el arte, el amor, la política y /o el psicoanálisis para acceder al núcleo de verdad. De ese modo el acontecimiento toca le vacío del ser y  transforma al sujeto.

Pero, a diferencia de Bleichmar, Badiou no cree en la victimización como vía para localizar el Mal en el mundo, en ese sentido se opone a la vía trágica del sacrificio para hacer existir el “valor ético”. La ultima dictadura argentina nos hizo saber de esa cultura del sacrificio.-


Un estado del sujeto: El viejo mundo nuevo  y el pensamiento americano

En El sueño de Eusebio – un apartado del libro Le neveu de Lacan-  Miller hace jugar dos personajes Zerline y Eusebe que dialogan en seducción amorosa, sobre el contraste entre el Viejo mundo Europa  y el Nuevo mundo encarnado por los Estados Unidos.

Es un diálogo sobre la  inquietud de saber: ¿Que hay del viejo en el nuevo? La pregunta se dirige a verificar cómo se repite en el sujeto, en sus síntomas contemporáneos algo propio de lo viejo. Es decir cómo en el hablante, desde siempre,  se observa esta conjunción entre lenguaje y goce. Ahora bien, el sujeto de la culpa –trágico y moderno- no es el mismo que el sujeto de la vergüenza –cómico y posmoderno- y también existe la combinatoria de ambos en lo tragicómico.


Se plantea así que desde hace años el mundo esta dominado por la máxima americana U.S.: Universal Superyo Inc. (superyo inconsciente universal) un witz que invierte al sujeto y lo cambia por un superyo cultural. En lugar de $ está la máxima universal del Superyo: goza!. Si el antiguo mundo es del sujeto culpable y sintomático,  condición de posibilidad para el psicoanálisis, el Nuevo Mundo propone un sujeto sin culpa, que reclama siempre sus derechos, (aunque esto no sea legal en estados de excepción como la guerra, léase Irak). Este nuevo sujeto de vergüenza sería de un yo inmediato, mientras que el del sentimiento inconsciente de culpa requiere pasar por el Otro. Sin embargo,  ambos padecen de angustia.

El ciudadano del viejo mundo, dice Eusebio, es un aristócrata que se impone deberes sin demandar al Estado ninguna garantía. El prototipo americano es ridículo, es decir escapa a lo real del sentido. Esta oposición es sólo ilustrativa, ambos no pueden escapar de la banalidad del mal y sus consecuencias sociales. Se puede escapar, si se mantiene el buen gusto por las contingencias, es decir el lenguaje, el nonsense, la paradoja, el bien decir, la poesía, la lógica formal. Y una lista de autores que va de Voltaire a Borges.

Una formula para no correr atrás de lo novedoso como moda, es pensar qué elemento se mantiene de lo viejo en lo nuevo. Implica considerar que el inconsciente existe a partir de que hablamos y eso genera un goce,  un resto de no-mundo. Lo nuevo es la envoltura del síntoma y la fórmula de la demanda que se mimetizan al otro social que domina en la ciencia y el mercado, quienes evalúan en su impostura de medir un sujeto como cuantificable. De esta huida al amo del mercado testimonia la histeria actual, que se esfuerza por una metamorfosis y una versatilidad que se acomoda al ojo del otro, para escabullirse de él. Por un lado la histeria desaparece de la clasificación del DSM pero en un mismo movimiento retorna en epidemias  de anorexias, pánico, depresión, tóxicos, será su dilución esencial  en síndromes flotantes.

Hasta ahí es la envoltura formal del síntoma, camuflaje y variable cuasi empírica. Pero perdura como constante en el núcleo real del síntoma cuando quiere ser evaluado con medidas de la ciencia. Dice Miller en La utilidad social de la escucha (publicado en un medio gráfico como el diario Le Monde):

“La naturaleza exacta del "inconsciente" es controvertida. Freud mismo ha cambiado en varias ocasiones de concepción. (... ) ¿Qué es lo que ha cambiado? En primer lugar al lado del psicoanálisis propiamente dicho, práctica poco común y exigente, la demanda social ha dado lugar a numerosas sustituciones y otras maneras de hacer; el público exige ahora la protección del consumidor. Al mismo tiempo, la medicina esclarecida por la ciencia, ha salido decididamente del empirismo y ha conocido progresos sensacionales que explican que se sueñe en beneficiar al psicoanálisis con nuevos abordajes(...) La evaluación de este factor -llamémosle el factor pequeño a- es muy difícil. No llegamos a cifrarlo, como tampoco podemos "computar" la libido freudiana. Si Freud ha escrito tanto y ha renovado constantemente sus abordajes, podríamos decir que es precisamente porque quería con desesperación capturar este pequeño a en el discurso científico, y hacer de él un objeto como los otros. Luego vino Lacan que tuvo que concluir que había en el mundo un tipo de objeto que no había sido localizado hasta ahora (al menos en Occidente): lo llamó el objeto pequeño a.”

Buen y mal uso de la comunicación

Si nos detenemos en observar la coyuntura francesa y europea sobre la regulación de la práctica del psicoanálisis actual la cuestión parece construida por el lenguaje de los que la registran: diarios, radio, T.V., Internet. Esa utilidad de la escucha fue una respuesta de J.-A. Miller  en los medios franceses, frente al proyecto de Ley de psicoterapias en la Asamblea Nacional, demuestra un modo de respuesta a la legislación universalizante de las practicas de la palabra.

En nuestro país, débil a la penetración cultural de lo último que ocurre en otros lugares, ubicamos un caso similar: En el  primer numero del suplemento Ñ del diario Clarín del 4 de octubre, en una nota titulada “El diván o las pastillas?” firmada por Hector Pavon se hace referencia a una frase de J-A Miller que dice: “el  psicoanálisis sirve para todo". Frase que sacada de su contexto puede ser también un ideal universal.

La nota dice después, que “Cuando no puede cambiar un trastorno, cambia la relación del sujeto con le trastorno”... y más adelante agrega “el psicoanálisis se diferencia de tratamientos que se fundan en píldoras que son las mismas para todos... las píldoras son todas las mismas y los analistas son todos diferentes, cada uno tiene rasgos propios.”

Unos días después Germán García: responde en esa misma columna que “el diván y las pastillas plantea una falsa alternativa: psiquiatría para alienados y psicoanálisis para normales, cuando en la práctica existen alienados en análisis y normales que se auto-medican

Entonces, a diferencia de cualquier agente mediático de opinión pública y la banalidad de la palabra,  el analista podría interpretar los acontecimientos a partir de lo que enseña el acto como subversión del sentido. Responder al inconsciente manifestado en el lazo social implica la posibilidad enorme del psicoanálisis de abrir la distancia con el Ideal de funcionamiento social de cada época.

Respuesta al superyo que exige gozar, dejando al consumidor agotado y fuera del juego ciudadano, expulsado de “la civilización hipermoderna”. Ante el crepúsculo de las tradiciones, está “la  aurora del síntoma” –según la expresión de Eric Laurent- que persiste en repetir el nuevo día y hacer un camino particular para cada sujeto, extrayéndolo de la máxima superyoica de un Todo que es abrigado por el derecho para-todos.

Incluso el psicoanálisis  con su valoración del objeto “a", como significante nuevo, y producto de la operación del lenguaje puede ser absorbido y neutralizado por esta cultura, donde ya no sería una peste sino parte de ese cielo kantiano que es el mercado y estaría listo para ser usado en lo homogéneo de la masa.

La sociedad del acto analítico


Se trata de saber como aplicar lo que enseña la soledad de la experiencia analítica, cuando sus resultados se hacen públicos, es decir las consecuencias sociales del acto analítico, en esa producción que Lacan llamó objeto “a”, producto que es una solución al síntoma fabricado por cada quien con su tiempo.

Conectando estos momentos y observando la diferencia entre Freud, Lacan y el siglo XXI, después de un siglo de psicoanálisis, se podría decir que en los años 30’  Freud presenta El malestar en la civilización desde la idea optimista donde el factor Kultur puede organizar con su red el goce del amor roto por la pulsión de muerte (observable en lo público de la guerra y en lo privado de la experiencia en la reacción terapéutica negativa como fracaso de la cura). Hace hincapié en una eficacia de lo simbólico, por la cara de ley del super-yo. La cultura es terapéutica si los ideales vencen al plus de goce.

Ideal
(a)

Lacan observa después de la revolución burguesa del mayo del 68’ dos hechos: que el reverso del psicoanálisis es el discurso amo contemporáneo, uno para cada post-guerra, que su dialecto es el discurso capitalista. Segundo, que la burocracia universitaria genera mercado. Capital del mercado más burocracia universitaria, resultado: sujetos divididos, en ese momento: el estudiante, el  revolucionario.

Esto lo lleva a demostrar que no hay La sociedad, sino discursos, lazos sociales fragmentados, que se pueden ordenar en al menos cuatro: histérico, universitario, analista, del amo o inconsciente. Cada uno de ellos supone un dominio de quien está en posición de agente sobre el otro.

Así la histérica domina su relación al deseo del amo, el universitario al alumno, etc. Este dominio organiza modos de hacer con la verdad. Lacan caracteriza esa época en términos de predominio de la ciencia, de la ideología del utilitarismo y producción de objetos técnicos (gadgets) que crean leyes de mercado y generan sujetos consumidores, del pret a porter y de lo listo para usar. El superyo obliga un plus-de-goce en el consumo de modo tal que el objeto ofrecido como parte del mercado cultural es la inversión de la formula freudiana:

(a)
Ideal

Miller en una intervención  sugiere que estamos frente al “discurso hipermoderno de la civilización” que separa ese plus-de-goce (a)  de un sujeto ($)  que queda dividido por esa exigencia de más  y deja abajo los significantes amo que lo orientaban. El  saber queda en el lugar de la verdad pero como semblante (relativismo posmoderno)

(a)  ----  $
S2  ----  S1

Aunque con la misma estructura que el discurso analítico!,  pero aquí los términos están separados. Lo interesante es que Lacan en La Tercera ubica al psicoanálisis como parte de esos objetos cotidianos del mercado, será un síntoma de la cultura si se diferencia de ella, en tanto ese objeto (a) es inaprensible y a la vez ofrecido al consumo. El objeto del psicoanálisis -dice en Televisión – es ascendido como un producto del resto imposible de decir  “al cenit del cielo social”, puesto ahí, ya es un valor. Es una paradoja de su uso y desuso.

Al saberse ya que hay una novela de La familia como hay Edipo-para-todos, se neutraliza y reduce el saber del analista que queda comercializado en el discurso universitario. Lo que fuera una peste es ahora un anticuerpo que se llama psicologización y sentido común. Al ser parte del mercado, el psicoanálisis, puede ser evaluado por la ciencia con técnicas de marketing. Se profesionaliza y entra en carrera universitaria, se regla, su técnica, se comparan sus resultados, en el mejor de los casos, se mide su terapéutica.

Pero sólo como síntoma de la cultura puede fracasar en ser llamado a obturar el vacío de la época que es trasladable a cada sujeto si pasa por un síntoma propio a alguien que habla y hace existir al Otro, el inconsciente, como un recorrido de la historia diferente al que ocurrió. El psicoanálisis sobrevive en la época de la alianza entre la ciencia y el mercado en su malentendido: siendo ya parte de la cultura puede ser un extranjero de ella. Puede intervenir en la subversión del sentido masificante, creando un deseo inédito al indicar la máxima diferencia entre los ideales y las causas.

Atravesando lo imposible,  localizar la causa de cada uno para dignificar su vida y crear las condiciones de posibilidad para trasmitirla a otros. Esta sociedad para Lacan fue su enseñanza de Escuela, “refugio ante el malestar” pero no parroquia. Un lugar de elaboración del saber nuevo, en lo público de sus pases, que daría  la ocasión de vivificar sus  “fracasos”. Para nosotros ahora lo que perdura es una sociedad de analistas, pero la sociedad del acto analítico no es  sin otros discursos.-

(*) Texto leído en el encuentro de psicoanálisis organizado por el Colegio de Psicólogos de la ciudad de La Plata. “Propuestas del psicoanálisis al malestar de esta época”. La Plata, octubre, 2004.-

Bibliografía:

• John Searle: La construcción de la realidad social, Ed. Paidós, 1995.-
• Miller J-A. : Le neveau de Lacan, Ed Verdier, 2003
• Badieu Alain: Conferencias en Bs. As. , Filosofía y política. Revista Acontecimiento N 10.1995.-
• Bleishmar, Silvia. Dolor País. Ed. Letra Viva-2002-
Revista Ñ –suplemento cultural de Clarín- sábado 11 de octubre-2003
• Ver:  www.forumpsy.org
• Eric Laurent: La aurora del síntoma en Ciudades analíticas. Ed Tres Haches, Bs.As. , 2004.
• Miller, J-A.: Intervención en Comandatuba, julio 2004- Inédito-
• García,  Germán,: Notas del curso anual:  Angustia, culpa, vergüenza, 2004.