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Dialéctica del perjudicado y el prestador (*)

Escrito por Enrique Acuña.

Clínica de la mirada, decía Jacques Lacan en resonancia con Foucault para situar el punto de mira de una primera construcción del saber psiquiátrico en el siglo XIX donde la envoltura formal del síntoma era descripta con exquisita pasión clasificatoria.

 
Luego, a partir de la farmacología de mitad del siglo XX con el invento de los neurolépticos, se dio paso a la clínica del medicamento que olvidó clases de síntomas y árboles nosográficos en aras de la cura cerebral. Los manuales estadísticos que siguieron a ello respondieron a ejes clasificatorios eclécticos que se complementan a la eficacia de los fármacos derrumbando el edificio clásico en síndromes y trastornos inespecíficos. Esta pulverización del síntoma hizo desaparecer la angustia y la neurosis de las nomenclaturas. Triunfa entonces el traslado de los esquemas biológicos y comportamentales al terreno siempre evanescente de “lo mental”.
 

En este nuevo siglo donde se privilegia la eficacia cuantitativa, se podría hablar de una clínica del derecho a la salud como nueva metáfora de lo jurídico sobre la medicina en la figura del perjudicado. Así la salud mental y las terapias están a caballo entre el derecho y la medicina, entre la ficción jurídica de normas y lo universal de la salud, diferenciando las prestaciones de lo público y lo privado. 

 
Biopolítica liberal y derecho económico 

En su curso Nacimiento de la biopolítica de 1978, Michel Foucault define el liberalismo no como ideología sino como una práctica del derecho económico que articula los intereses de una sociedad con la racionalidad del Estado. Implica la racional distribución de recursos. La biopolítica nace a partir de pensar, por ejemplo, que una epidemia es calculable bajo el criterio de prevención. Prevención que es práctica de las ciencias biológicas como campañas medicinales pero que no es homologable en las ciencias humanas o útil en la salud mental. 
Sabemos de esas paradojas cuando se previene un deseo y se nombra o indica su objeto imaginario de manera externa a quien lo teme. En algunos casos la prevención del deseo presta y designa un objeto anticipado. 
 
Volviendo al Nacimiento de la biopolítica, la sociedad tiene una relación compleja de exterioridad e interioridad con respecto al Estado por medio del gobierno. La máxima económica de regular y evaluar a “menor costo-mejor resultado” se vuelve su objetivo real, mas allá de los efectos reales del imperativo del derecho a “salud para todos”. 
 
Cito. “El liberalismo puede definirse como el cálculo del riesgo –el libre juego de los intereses individuales- compatible con el interés de cada uno y de todos. Por eso, la incitación a vivir peligrosamente implica el establecimiento de múltiples mecanismos de seguridad. Libertad y seguridad: los procedimientos de control y las formas de intervención estatal requeridas por esta doble exigencia constituyen la paradoja del liberalismo”. 
 
Así, habría que estudiar el liberalismo como marco general de la biopolítica. Más aún, implica aplicación de prácticas a poblaciones donde también se incluye la distribución racial. Esta es la disociación entre bios y zoe que observa G. Agamben para situar la condición de una “vida-nula” jurídicamente con pleno derecho a salud, sobre todo después del nazismo y los campos de concentración que genera estados de excepción al derecho. 
 
La medición de la utilidad social apareció ya con Bentham y su teoría de las ficciones. Luego el lugar del mercado como “test” que va regulando al Estado en la idea de “mano invisible” de Adam Smith. Los economistas del siglo XIX situaron esta función reguladora del mercado liberal como beneficio sobre los límites de gobernabilidad después de la experiencia monárquica y los excesos del soberano. Así, en esta versión liberal el mercado–sociedad- versus el estado–gobierno, se dialectizan en una suerte de homeostasis reguladora que llega hasta la formación de precios. 
Al diferenciar el liberalismo alemán y el neoliberalismo americano con sus efectos en términos de sujeto histórico y su arqueología, Foucault desplaza la crítica a los procedimientos de control. 
 
Este recorrido nos permite acercarnos a la encrucijada del psicoanálisis en la salud mental actual ya que demuestra aquello que J.C. Milner llama una aplicación de la “ideología de la evaluación” en el orden público sostenida por la economía del menor costo, la selección y consecuencia de segregación social. En este trípode la particularidad de los casos es reducida a la cifra estadística. 

 
El trauma victimizante y el Otro 

En el ultimo capitulo de Actualidad del trauma Germán García comenta este libro El ideal y el perjuicio de Paul- Laurent Assoun. Si observamos el ejemplo del síndrome postraumático “donde la palabra trauma se dirá cada vez más, en todas las lenguas: estrés.” En todas las lenguas se va a decir mas “estoy estresado” y no “estoy angustiado” porque el DSM IV clausura la angustia y prefiere “desorden”. Es pensar en un disturbio que bloquea la causa. Y la idea que hay una concepción de la ciencia que impide captar que el trauma es lo que se escapa. 
 
En Freud el trauma es una energía en exceso no asimilable por el aparato, en un esquema cuantitativo. En la neurosis obsesiva se relata como más-de-goce y en la histeria como menos. Ambos dos inasimilables. El modelo mecanicista capta el trauma como un acontecimiento externo al sujeto, un estímulo externo que sobrepasa a la reacción posible. El paradigma es la neurosis de guerra, donde lo traumático victimiza y aparece la figura legal del perjudicado. 
 
En el circuito de la acción-reacción el perjudicado por un elemento externo es efecto de un daño objetivo puede ser registrado cuantitativamente. De modo que la demanda jurídica es más adecuada que cualquier otra demanda y justifica el circuito social del sufrimiento. 
 
En otro sistema el afecto freudiano se constituye en dos tiempos a partir del síntoma como efecto que remite a una causa. Esa causa es el trauma que luego se desplaza al fantasma. El carácter de exceso se acompaña del sentimiento de sorpresa paradojal, donde el sujeto no lo esperaba pero está anticipado en la fantasía. El factor sorpresa que produce el trauma es correlativo a que el yo no lo espera. Pero el fantasma lo determinaba. Freud abandona la teoría del trauma e introduce la teoría del fantasma creando una exterioridad interior. 
 
Esto quiere decir que hay una determinación que se rescata bien en el Curso “Causa y consentimiento”, donde J.-A.Miller cuestiona “el terrorismo analítico” del determinismo. Si se toma la teoría del fantasma como causalidad, se introduce un terrorismo analítico que es “todos son responsables”. En otro lugar, el consentimiento es lo que Freud llamaba el sentimiento inconsciente de culpa –“El yo y el ello”-, pues el sentimiento inconsciente de culpa es que un consentimiento a una causa no es una voluntad del yo. 
 
La palabra estrés desplaza a la neurosis traumática y se inventa por la psiquiatría después de la guerra de Vietnam, desplaza también la palabra angustia. 
El perjuicio no es físico, sino que es un perjuicio “moral”. ¿Qué ideología moral va a acompañar a los psiquiatras americanos después de Vietnam? ¿Qué los obliga a desplazar al síndrome postraumático aquella neurosis de guerra? Los psiquiatras observan que el soldado que volvió de la guerra amputado se deprime. Pero la palabra depresión viene a ocultar que el soldado, aún en un estado normal, puede acceder a lo que Freud llamó los sueños traumáticos. 

 
Actualidad de la dialéctica del amo y el siervo. 

Freud recuerda la figura del perjudicado en su texto “Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica” de 1916 cuando presenta los casos de “Excepción”. Uno es aquel que habiendo padecido un daño físico reclama justicia y derecho a gozar de ese rasgo por alguna indemnización.  

Otro es aquel que se cree inocente de algún destino desgraciado y en la ingenuidad reclama satisfacción. Finalmente el caso de Ricardo III de Shakespeare donde el personaje reivindica su odio como venganza de haber nacido deforme.  

También las mujeres en el caso que frente a su madre “se consideran perjudicadas por la Naturaleza, privadas de un elemento somático” …y que “la enemiga de algunas hijas contra su madre tiene como ultima raíz el reproche de haberlas parido mujeres y no hombres” . 
 
Lo cierto es que el perjudicado es una figura de la segregación social mientras que “los de Excepción” son irreductibles al análisis mismo, a partir de un rasgo identificatorio al que no se renuncia en tanto es un carácter, un modo de gozar. 
Paul Laurent Assoun presenta al perjudicado (víctima) en alianza con el asistencialismo, es decir con un prestador. La pareja perjudicado-prestador produce en su necesidad un tercero que es un excedente ( plus-de-goce). Presenta entonces una clínica social del trauma como efecto de la extensión del trauma entendido como algo externo y realista. El “Todos traumatizados” en la era del derecho a la salud genera esa asociación de goce. 
 
En el libro Batallas éticas, Alain Badiou demuestra que en la guerra de Servia-Montenegro se genera un retorno a las neurosis traumáticas (de guerra), que suponen que el trauma viene de afuera de quien lo padece. 
Es un detalle bien plasmado en una película, escrita y dirigida por Isabel Coixet, "La vida secretas de las palabras" (The secret life of words). Cuenta la vida de una joven violada en esa guerra étnico-religiosa que se vuelve enfermera. Atiende a un hombre quemado que está en una plataforma petrolera y se forma una dupla asistencial entre uno temporalmente ciego, totalmente quemado, con Síndrome de Estres postraumático y ella que se recupera activamente de su daño. Se establece un lazo del tipo del síndrome del cautivo, en donde uno empieza a depender del otro por el amorodio. Hay un desencuentro pero finalmente este hombre la busca hasta dar con su terapeuta –un psi que responde a las ONGs – quien guarda celosamente esa historia de la mujer en una cinta de video como testimonio y testigo de aquella guerra perpetuando la figura de la víctima. 
 
Baudiou observa que la victima tiene que tener una condición para ser declarada como tal, no sólo el daño moral del perjudicado, sino que socialmente se la declare testimonial. Constatamos que se multiplican ONGs con el nombre que oferta "identidad" según cada afección, desde la "mujer golpeada" al "niño abusado" pasando por el "consumidor de…" , nombrado más por su déficit que por su síntoma. Para Laurent Assoun, el perjudicado tiene como condición el daño moral. Para Badiou la víctima tiene que hacerse un ser por su rasgo de goce. 
 
 
Nuevas bodas y el anillo de goce
 

El perjudicado se dirige al otro social y amolda sus síntomas a lo que el otro social le ofrece. Acá esta la significación del Otro social que determina el síntoma S(A). Las nuevas formas del síntoma son camuflajes relativos a lo que se oferta desde cada época como excepciones a una nueva norma.

¿Cómo eso goza en lo social? En esta mezcla de norma y síntoma o, si ustedes prefieren de norma y goce, comenta Laurent Assoun, “En este momento escandaloso, se le pide ayuda al ideal humanista. Cuando un escándalo estalla sobre este frente del síntoma y de lo social, que se vincula con esa actividad de reciclaje, podemos preguntarnos si no es esto lo que salta en la cara del Otro social: que él vive de esto, de la plusvalía del síntoma.” 
 
En resumen : el perjudicado se dirige al otro social y dice sus síntomas en el código que el prestador social le ofrece, de ahí surge un plus que es recuperado por el mercado como mercancía. Ese plus no es evaluado sino en la eficacia terapéutica de los prestadores.

 
Tomen la figura del adicto. Alguien tiene un mercado, donde él le paga a su dealer y éste al traficante, este le pagará a la DEA para que no lo descubran, etc, etc. A su vez el Estado crea un montaje de medios de comunicación que previenen anunciando un realismo del objeto. 
 
¿Qué es lo que se escapa de esa dialéctica?, ¿Qué es lo que no puede ser regulado por el mercado? Assoun dice: “En ese momento es cuando bajo sus narices para el tráfico de goces que sostiene su reproducción. Eso es su realidad, el resto es discurso, y el discurso es lo que sostiene su realidad social. Es su literatura en sentido dudoso, su fraseología. Reverso inconfesable... Estas son, también, las “prácticas sociales de la salud. Lo inconfesable puesto en práctica, esto es lo que hay que demostrar: cómo eso goza en lo social, si se sabe que lo social funciona en base al doping” 
 
Observemos entonces que hay una doble economía, una economía externa al matrimonio entre (p-p´) y una interna de los goces particulares de cada uno, el goce del prestador, el goce del perjudicado, etc. Esta economía interna que se va creando en cada uno no se superpone a la economía de los dos. Por eso reproduce la hegeliana dialéctica del amo y el esclavo. 
 
La lectura lacaniana es que si se introduce en la dialéctica del amo y el esclavo la función del deseo, no como deseo de reconocimiento, sino como un deseo que no llega a ser reconocido, un deseo de deseo, hay una salida. Entre los dos hay una dialéctica, pero también un deseo no cumplido que se mantiene como deseo: Ese deseo de reconocimiento se plasma en deseo de muerte pero si se muere el amo el esclavo se queda solo….no conviene. 
 
El perjudicado crea a su partenaire “como anillo al dedo” cuando este piensa que había ofertado solo un significante al rasgo de la victima. En esas bodas se degrada la demanda a la necesidad, escapando el deseo como un plus, y eso ocurre en un sistema de plusvalía donde hay algo que va a mantener los mercados de saberes. 
 
Hay analistas en los dispositivos de salud pública y otra cosa son los analistas en los dispositivos de Atención Analítica. Es prestar al malentendido de que uno es un prestador de la asistencia de la salud cuando en verdad sólo se es una presencia en el entre-dos. Un corte que es la función del deseo como singularidad. 
 
El psicoanálisis puede encontrar un lugar éxtimo para ir hacia la consideración de ese goce como algo que sin ser reducido logre otra nominación al perjudicado. Nombrar una certeza del sufrimiento con un enigma que es el síntoma.-
 
 

(*)-Texto escrito a partir de la clase del 21 de noviembre 2007, del curso anual en la APLP.- 
 
Bibliografía:

 
-Foucault, Michel: Nacimiento de la biopolítica. Ed. FCE, 2007.

- Paul- Laurent Assoun: El ideal y el perjuicio. Hacia una clínica social del trauma . editorial Nueva Visión., 2001

- Garcia, Germán: Actualidad del trauma. Curso breve enero 2004. Grama ediciones.

-Abraham, T.; Badiou, A.; Rorty, R.: Batallas éticas. Editorial Nueva Visión,1991

-Alonso, Alicia: "Atención Analítica" en revista Conceptual Nº 8, Ed. APLP La Plata, 2007.-

-Laurent , Eric: Psicoanálisis y Salud Mental. Ed Tres Haches. Bs As. 2002.-

-Visacovsky, Sergio: El Lanús -Memoria y política en la construcción de una tradición psiquiátrica y psicoanalítica argentina- Ed. Alianza, 2002.-