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Lecturas críticas: Diccionario Latinoamericano de Bioética (*)

Escrito por Inés García Urcola.

El Diccionario latinoamericano de Bioética (1) es la ocasión para, desde el psicoanálisis, intentar hacer una lectura crítica que promueva el debate con otras disciplinas y discursos que inciden en la actualidad.

Me interesa subrayar en el título del libro la novedad que introduce la palabra “latinoamericano” en el campo de la bioética, porque creo que dicha palabra toma un sentido a lo largo del texto que implica un modo diferente de concebir la bioética nacida en EEUU en los años 70.
En la “Introducción” Juan Carlos Tealdi -Director de dicha publicación- se refiere a que “un supuesto inicial de la obra ha sido el considerar que la internacionalización de la bioética tuvo un fuerte influjo angloamericano que condicionó el campo de problemas, términos y lecturas de la misma, destacando algunas cuestiones y omitiendo otras”. Este supuesto inicial será desarrollado y corroborado a lo largo del texto.
 
También me parece importante señalar que “el proyecto de elaboración del Diccionario nació de una de las propuestas presentadas en la fundación de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética de la Unesco”. Esta red, que fue formalmente creada en el año 2003, “tuvo su origen en una iniciativa regional del organismo internacional y en la necesidad compartida entre muchos de los que trabajábamos en Bioética en los países latinoamericanos de pensar y practicar la bioética atendiendo a los problemas de nuestras poblaciones en su contexto histórico y social”. Es decir entonces que ya en el origen de la red que promueve esta publicación hay una necesidad de debatir acerca de qué se entiende por bioética, así como de no dejarse colonizar por un saber construido desde la lengua anglófona. Estos primeros datos nos dan a entender que este texto implica una política orientada a incidir, desde lo regional, en el saber que se construye en la bioética.
 
El modo en que se estructura el libro también tiene que ver con dicha política. El libro se estructura con 27 campos temáticos ordenados alfabéticamente; a su vez, cada campo temático tiene varias entradas (en total 249). La razón por la cual no se trata de una estructura que solo contempla entradas en orden alfabético es justamente el hecho de que se incluyen “conceptos o problemáticas que por su carácter original no iban a poder ser imaginadas, para ir en su búsqueda, ni aún por el lector más avezado en temas de la bioética”. Por ejemplo: “Sistemas normativos indígenas”, “Diversidad lingüística y sistemas de significación”, “Desaparición forzada de personas”, etc.
 
En sus orígenes la bioética se centró en cuestiones médicas y biomédicas, en el individuo y en la experimentación sobre las personas. Tomando estos temas es que se propuso la bioética principialista, con sus principios de benevolencia, no maleficencia, autonomía y justicia. En los años 90, desde los países periféricos surgen nuevos temas y el nacimiento de la bioética social fundada en la justicia social y la equidad. Entre dichos temas están el derecho a la salud, derechos económicos y sociales, eliminación de la pobreza y exclusión, derecho a una vida digna, a la diversidad y a la pluralidad, preservación del medio ambiente, etc. Se trata de una operación en la que se vincula la bioética con los derechos humanos.
La introducción de dichos temas va a contrapelo de lo que por ejemplo en la entrada titulada “Ética y política”, escrita por Volnei Garrafa de Brasil, llama el creciente proceso de despolitización promovido desde los países ricos sobre los conflictos que surgen y que atañen a la bioética. En consonancia, J.C. Tealdi también se refiere a ese discurso de la bioética que se presenta como neutro, cuando en realidad lo que hace es ocultar posiciones e intereses frente a dichos conflictos. Propone entonces abordar la bioética y su relación con el liberalismo y la globalización.
 
Ahora bien, más allá de la introducción de nuevos temas en el debate acerca de los alcances de la bioética, creo que algo que es intrínseco a ella en cualquier definición es que se trata de una disciplina normativa, es decir que prescribe normas en base a principios éticos universales. Como se señala en el tema “Crítica latinoamericana”, es una disciplina que “ha de ser casuística porque no puede concebirse en abstracto, sino surgiendo en situaciones particulares, pero a la vez debe aceptar los principios éticos universales consagrados en los derechos humanos.” Se trata entonces de una dialéctica que va de lo particular a lo universal y viceversa, cuyo objetivo sería el prescribir normas que se orienten hacia el bienestar individual y social, destacando que dicho bienestar se vincula al orden de la necesidad y no al “deseo originado en fantasías inconscientes”.
 
Dado que esta actividad está auspiciada por la revista Medpal -Interdisciplina y domicilio-, me interesa tomar un artículo de Enrique Acuña publicado en dicha revista: “Un niño (guaraní) ha muerto -Entre la técnica y el rezo-”(2). A partir de un caso particular en el que participó un comité de bioética, podemos pensar y debatir acerca de la toma de decisiones orientadas hacia el mencionado bienestar individual y social.
Se trata del caso de un niño -Julián-, que pertenece a la comunidad mby`a guaraní de Pyndó Poty, en Misiones. El niño es visto enfermo por una asistente social; luego es llevado al hospital de El Soberbio de Misiones por sus padres, donde queda internado por dos días sin arribar a un diagnóstico. Los padres lo llevan nuevamente a su comunidad, pero toma intervención una jueza de familia que termina derivándolo al hospital Gutiérrez de la ciudad de Buenos Aires. Allí le diagnostican una cardiopatía congénita e indican una cirugía. Tanto los padres del niño como su comunidad rechazan todo tipo de intervención de lo que llaman “la medicina del blanco”. En el caso de Julián participa el comité de bioética del hospital, el cual escucha al opiguá Pablo Villalva, quien es el sacerdote guaraní que “condensa dos funciones sagradas: curar y rezar, uniendo en su accionar tanto el ejercicio de la medicina como el ritual religioso”. La intervención del opiguá en dicho comité es escuchada -tiene voz- pero no participa con su voto de las decisiones. Tanto la decisión del comité de bioética -aunque no es vinculante en el caso- como la de la justicia, es practicar la cirugía en el niño. Luego de la misma el niño regresa a su comunidad y al tiempo muere.
 
Se trata de un conflicto cultural entre las comunidades guaraníes de Misiones y los valores de nuestra civilización. En el artículo de Enrique Acuña se pone de relieve el choque de creencias que pone en evidencia una concepción del lenguaje diferente.
La cultura guaraní atestigua de una relación al lenguaje por la vía de lo sagrado, dotando a las palabras-almas del poder de curar. “Del lado de la cosmovisión guaraní, dice el shamán: ´exigí a Dios que viera dentro del corazón`. La revelación mostró una piedra en el pecho de Julián. Y esa misma palabra revelada (son las Ñe`porá o palabras almas) es la que bien dicha por Dios y el medium, toca el cuerpo y transforma la causa de la enfermedad.”
Me parece que lo interesante de este artículo, y principalmente del film, es cómo, desde el psicoanálisis, se puede pensar el choque intercultural a partir de la relación al lenguaje, así como el efecto de ese conflicto en términos de síntoma social: “que se capta en la inversión que hay entre el sin sentido de la muerte de ese niño y un nuevo sentido en el “Manifiesto político” que reclama por sus derechos y reafirma su identidad”.
La muerte del niño será el sacrificio que “paradójicamente eleva la dignidad de sus derechos a la tierra, el sentido de las palabras alma y el retorno a su espiritualidad. Es un procedimiento con la verdad como causa final que la bioética olvida”. “Esto nos dice bien sobre el límite de nuestras prácticas y de la supremacía de lo indecible por sobre lo indecidible”.
 
En este sentido me pareció interesante que en una de las entradas del diccionario se aborde el concepto de indecibilidad, desde el campo de las ciencias formales (Godel), desde la filosofía (Wittgenstein) y desde la teoría social (Laclau). Allí se remarca que Ernesto Laclau presenta a la sociedad como una estructura fallada -sabemos que para establecer su teoría hace un uso de la obra de Lacan-: “El sujeto, cuya identidad se establece a través de decisiones tomadas en el marco de la estructura dislocada, se presenta entonces como el estrecho margen existente entre la estructura indecidible y la decisión. Está claro que la decisión tomada a partir de una estructura indecidible es contingente, esto quiere decir que no está determinada de antemano...” En dicha entrada se agrega que la fundamentación de la decisión tomada nunca puede ser absoluta, “De todos modos, que una decisión sea en última instancia arbitraria, es decir, que no pueda ligarse a razones de un modo necesario, no quiere decir que no sea razonable, es decir que un conjunto de argumentos sin valor apodíctico no la hagan preferible a otras decisiones”.
Como plantea Eric Laurent (3), la tarea de los comités de bioética es importante pero no es suficiente con legislar; desde el psicoanálisis se trata de delimitar los límites de esa práctica. Creo que el film comentado se orienta en esa dirección.
 
(*) Escrito a partir de la actividad de Lecturas críticas organizada por la APLP, realizada el día 26 de noviembre de 2010. Participaron: Cecilia Fasano, Inés García Urcola y Juan Carlos Tealdi, con la coordinación de Germán Schwindt.
 
 
Notas
 
(1) Diccionario Latinoamericano de Bioética. Director: Juan Carlos Tealdi. Publicado en 2008 por Unesco y Universidad Nacional de Colombia, Unibiblos.
(2) Revista Medpal -Interdisciplina y domicilio- Nº3. Publicación del Equipo Interdisciplinario de Medicina Paliativa del Hospital Rossi de La Plata. Septiembre 2010. Este artículo está escrito a partir de la película La Bruma -Tatachiná-, guión y dirección de Enrique Acuña.
(3) “Estado, sociedad y psicoanálisis”, Eric Laurent en Revista Uno por Uno Nº 41.